Esta semana, un varón reconocía en una vista en la Audiencia de Vigo haber lanzado dos adoquines a la Policía durante una protesta contra el mitin del líder de Vox, pero que lo hizo bajo los efectos del consumo de sustancias estupefacientes. Al aplicársele esta atenuante, su pena se rebajó hasta los dos años de prisión. Su ejecución queda suspendida, en este caso, a condición de no delinquir en los próximos tres años. En otras ocasiones, son muchos los que eluden su entrada en la cárcel al participar en programas de desintoxicación.

Un centenar de usuarios

Actualmente, cerca de un centenar de condenados participan por orden judicial en tratamientos de desintoxicación de drogas, de los que buena parte se corresponden a penados que pidieron sustituir sus condenas o suspenderlas por esta condición. Así lo explica Jesús Cancelo, director de Alborada, entidad que organiza estos programas. “Las medidas son muchas y muy variadas. La mayoría son por suspensión; que pueden hacer vida normal, en su casa, trabajando y teniendo controles periódicos –orina o análisis del cabello– de seguimiento o un control de que no han consumido que se deriva al juzgado correspondiente. Luego tenemos también la substitución de condena, por ejemplo en régimen de internamiento que ya sería en la comunidad terapéutica de Alborada en Tomiño. Aquí es el juez correspondiente el que decide que debe estar ingresado durante un tiempo establecido”, explica Cancelo.

Centro de día

Otra de las opciones que aborda Alborada para estas personas que cumplen una orden judicial de desintoxicación es la el Centro de Día. “Acuden de mañana y tarde, pero no de noche. Realizamos actividades de tipo formativo, deportivo, terapéutico... Un programa al completo”, amplía el director. En la actualidad, precisa Jesús, son en torno a las 95 personas que acuden diariamente a Alborada por orden del juzgado, “aunque sin mandato judicial tenemos muchas más”. Cancelo destaca que esta cifra se redujo en casi un tercio en los últimos años gracias a los programas de prevención que se han llevado a cabo desde la propia asociación. “Es cierto que se ha reducido considerablemente los mandatos judiciales relacionado con las adicciones. Es algo que hemos visto de manera progresiva en los últimos años. Y esto es por los programas que se están desarrollando., adaptados a la medida de cada usuarios. La heroína era fundamentalmente la droga que más delincuencia ocasionaba. También la cocaína por ejemplo, pero robos, atracos y demás estaban relacionados fuertemente con la heroína. Esta tendencia ahora ha cambiado”, revela Cancelo.

Más de 1.400 usuarios

Según la última estadística de la asociación, durante 2019 se atendió a 1.413 pacientes a través de la unidad asistencial de drogodependencia. Desde Alborada también se trabaja con aquellas personas que después de haber ingresado en prisión optan a permisos o se les concede el tercer grado penitenciario. “Bastante gente que estando en prisión pasan a un tercer grado y el Juzgado de vigilancia penitenciaria o el juez que lo juzgó deciden que puede salir de prisión, trabajamos también bajo esa circunstancia, bien porque son derivados al CIS de la Avenida de Madrid y van a dormir allí o bien tienen una pulsera telemática y se encuentran en sus domicilio”, precisa el director de la asociación fundada en 1982.

Trabajos sociales

A mayores de estos planes de desintoxicación, también desde Alborada se les ofrece a los condenados la posibilidad de realiza sus TBC (Trabajos en Beneficio de la Comunidad) en sus instalaciones. Uno de los planes más conocido y con mayor demanda es el programa Verdear, un huerto urbano desarrollado por sus usuarios en Cabral que fomenta la inserción laboral.