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Engracia Seoaje Agulla | Fue vendedora en el mercado de Teis 71 años

“El Vigués Distinguido hará que la gente confíe más en los mercados”

Engracia Seoaje, en el mercado de Teis

Engracia Seoaje, en el mercado de Teis Alba Villar

Una conversación de casi una hora con Engracia Seoaje Agulla (Vigo, 1934) basta para percibir que esta mujer de 87 años –cumplidos ayer– es el adalid de los valores de los mercados municipales de la ciudad, que han sido nombrados recientemente Vigueses Distinguidos (Teis, O Berbés, Cabral, O Progreso, As Travesas, O Calvario y Bouzas) por prestar “un servicio inestimable” a la ciudad “históricamente”, en palabras del alcalde, Abel Caballero. En la jubilación, y ya vacunada contra el temido COVID-19, recuerda su trayectoria en los puestos 21 y 28 del mercado de Teis –que todavía conserva el cartel de la Carnicería Engracia; en breve, se instalará un negocio de arreglo de ropa–, en el que fue “feliz” vendiendo carne durante más de siete decenios tras coger el testigo de su madre. Atiende a FARO desde el móvil de su hija, Engracia, que no continuó la tradición familiar. Asegura que su madre fue una “verdadera máquina trabajando” y tiene una cabeza que funciona “como un reloj suizo”. “Esta entrevista es el broche final a su carrera”, destaca.

–¿A qué edad empezó a trabajar en el mercado de Teis?

–A los 12 años. Mi madre vendía pollos y huevos en un mercado pequeño que se situaba en el cruce de Sanjurjo Badía con Julián Estévez. Los vendedores pidieron uno nuevo al Concello y lo hicieron en la calle Purificación Saavedra, que es el actual mercado de Teis [era una de las condiciones que puso el Ayuntamiento de Lavadores a Vigo para ser absorbido por este, así como un cementerio]. Ella cogió un puesto y yo la ayudaba los fines de semana.

–¿Recuerda cómo fue el día de la inauguración del mercado?

–Fue en 1944 [el 15 de agosto]. No muy bien, era muy joven. Sí que recuerdo que, a los 14 años, empecé a vender corderos en el puesto 21. Se lo pedí a mi madre porque me gustaba y me gusta muchísimo el trato con la gente. Me puso a una señora durante unos meses para que me enseñara a cortar la carne; mientras, ella vendía pollos en los puestos abiertos del mercado. Con 16 años, me trasladé al puesto 28, en el que estuve hasta que me jubilé: oficialmente, con 68, pero seguí trabajando hasta los 83 años. Fui siempre muy feliz, tanto en el trabajo como fuera: me casé y tuve un hijo y una hija. Ahora, disfruto de mi nieto.

"Sueño con las clientas y que sigo vendiendo. Eso no se olvida"

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–¿Qué supuso la apertura del mercado de Teis?

–Fue un revulsivo para la gente de Chapela, San Juan, García Barbón, Espiñeiro... Era un ir y venir de gente constante. Se reunían montones de personas: en algunos momentos, tenían que esperar una o dos horas para ser atendidas. Antes, la opción que había era un pequeño mercado.

–¿Echa de menos su etapa como trabajadora?

–Mucho. A veces, sueño con las clientas y que sigo vendiendo. Eso no se olvida. Conservo muchas amistades de esa época, tanto clientes como vendedores, había muy buena convivencia. Por suerte, nunca tuve un mal cliente. Tenía mercancía de mucha calidad, vendía muchísimo, no se lo puede ni imaginar: para Nochebuena y Fin de Año, unos 100 cabritos al día, no se veía la macheta de lo rápido que la manejaba. Nunca engañé a nadie: siempre recomendaba lo mejor en función de los gustos. Si pudiera, volvería a trabajar, pero sé que no estoy en condiciones. Ahora, cuando la salud me lo permite, voy como clienta al mercado de Teis, aunque debo decir que, en el mercado, no me duele nada; al llegar a casa, me duele todo.

Engracia Seoaje, en la zona de acceso al mercado de Teis Alba Villar

–¿Qué vivencias recuerda de esa etapa?

–La gente me apreciaba, eso lo notaba. Yo jamás me cansaba, era muy trabajadora, mi madre también lo era; nunca tuve vacaciones, convencía a mi marido para que no nos fuéramos de viaje, no quería que el puesto quedase desatendido varios días. Vivía a 5 minutos, siempre iba feliz. Cuando vendía mucho, todavía me ponía más contenta. Para mí, era una satisfacción. Afortunadamente, el negocio siempre funcionó bien. Cuando decidí dejarlo, seguí pagando el puesto por si lograba alquilarlo o venderlo, pero no encontré a nadie, entonces, se lo quedó el mercado.

–¿Qué piensa del reconocimiento de Vigueses Distinguidos?

–Es estupendo, ayudará a que más gente confíe en los mercados. El trato que se le da al cliente es distinto al del resto de superficies comerciales, al igual que la calidad. Es especial, no lo tiene ninguna superficie. En el mercado, nunca eres solo un número. Los vendedores ven a personas, no números: hablan con ellas, se cuentan cosas, sus problemas... Son como sus psicólogos. Por mucha propaganda que hagan del resto de superficies, no hay comparación.

"El colectivo de vendedores es muy luchador"

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–¿Qué futuro tienen los mercados?

–Se dice que van a acabar cerrando, pero eso ya lo escuchamos desde hace 40 años. Durante los primeros días de la pandemia, estaba a tope, con largas colas. Además, hay personas que luchan para que sobrevivan. El colectivo de vendedores es muy luchador. Recuerdo el día en el que fuimos a visitar al alcalde Carlos Príncipe para pedirle que nos arreglase el tejado o cuando propuse la idea de instalar un supermercado junto al mercado para potenciarlo.

Engracia posa delante del puesto 28, en el que todavía sigue el cartel de su negocio Alba Villar

–¿Qué mensaje les enviaría a los vendedores de mercado actuales?

–Que se sigan sacrificando, no se cansen y tengan muy buen trato con los clientes.

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