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La increíble historia del mimo de Príncipe

Valdir de Oliveira, en la calle Príncipe, uno de sus lugares favoritos para trabajar.

Valdir de Oliveira, en la calle Príncipe, uno de sus lugares favoritos para trabajar. Alba Villar

Valdir de Oliveira Martínez Requena (Amaporã, Brasil, 1972) llegó a Vigo hace mes y medio. Y lo hizo en bicicleta desde Oporto. Quería abandonar un país en el que sus residentes estaban confinados para poder trabajar de mimo estático en la calle, su profesión desde hace más de 15 años. “Era la única manera de salir de allí y ganar dinero. No tenía ni para transporte”, asegura a FARO en una pausa tras varias horas en la peatonal de O Calvario, una de sus zonas de actuación más recurrentes, junto con Príncipe –al lado de la estatua del vendedor de periódicos Manuel Castro–.

Valdir de Oliveira llegó en bicicleta a la ciudad desde Oporto hace mes y medio

Ya asentado en la ciudad, confiesa que está “muy contento”. Agradece el trato de los vigueses, que valoran su trabajo, y su buen recibimiento. Su intención es quedarse en Vigo durante un tiempo. Reconoce que es uno de los lugares que más le han sorprendido. Y lo dice tras haberse recorrido gran parte del mundo como mimo: Argentina, Paraguay, Granada, Almería, Toledo, Roquetas de Mar, Murcia, Albacete, Barcelona, Bilbao, Madrid, A Coruña, Valencia, Sevilla, Málaga, París, Rennes, Cannes, Avignon, Ginebra, Ámsterdam, Lyon, Düsseldorf o Toulouse. “Me encantaría volver a todas esas ciudades, me sentiría muy realizado”, reconoce antes de señalar que se define como un “pájaro”. “Soy libre. Quiero viajar, conocer a gente nueva, nuevos sitios, buenas comidas, personas educadas...”, relata.

"Estoy contento: los vigueses valoran mi trabajo y me han recibido muy bien"

Valdir de Oliveira - Mimo

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El mimo brasileño enamorado de Vigo que busca el récord Guinness Alba Villar

Uno de sus sueños es entrar en el Libro Guinness de los Récords. Y lo quiere cumplir en la ciudad de la que está enamorado: Vigo. El objetivo que se ha propuesto es batir la marca establecida por el mimo y actor uruguayo Martín Raggo: permaneció inmóvil durante 20 horas y 44 minutos.

“Estoy entrenando, me ayuda un masajista en el proceso. Ya estoy haciendo las gestiones para intentar superar ese tiempo y que quede registrado. Creo que tendré que usar un personaje que esté sentado, es mucho tiempo”, bromea, a la vez que menciona algunos de los trajes que usa: peregrino, pescador, carpintero, barrendero u hombre de barro.

"Brasil era un país muy violento y no quería educar a mis hijos allí"

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La conexión de Valdir de Oliveira Martínez con Vigo viene de antiguo. Años atrás, vivía en A Coruña, adonde se mudó tras pasar por varias ciudades de España en busca de un precio de alquiler más asequible: “Me fui de Brasil en 2005. Regentaba una tienda de componentes electrónicos. Era un país muy violento y no quería educar a mis hijos allí, sino en Europa, por lo que decidí instalarme en Almería: mi padre es de Granada, pero preferí Almería porque no es tan fría. Al año y medio, vino mi exmujer y, año y medio después, mi hija y mi hijo. Actualmente, viven todos en Ourense y están contentos. Más tarde, me fui a Madrid y, después, a A Coruña. A veces, venía a Vigo a trabajar y me empezó a gustar, por lo que, ahora, después de haber pasado por tantos sitios, he decidido quedarme”.

Valdir de Oliveira, junto a la estatua en homenaje a Manuel Castro en Príncipe Alba Villar

Más de tres lustros después, y a pesar de todas las dificultades que ha vivido, asegura ser un “afortunado”. “Al ser hijo de un español, me corresponde la nacionalidad española, pero tardé más de tres años en recibir los papeles. Por culpa de eso, fui detenido en varias ocasiones y pasé noches en el calabozo, además de gastar más de 3.000 euros en trámites. De todos modos, creo que tengo mucha suerte”, anota.

Echando la vista todavía más atrás, recuerda sus inicios, que fueron especialmente complicados: “Al llegar a Almería, conocí a un compañero belga. Él me enseñó a ser mimo estático en la Cala San Pedro, un lugar en el que podía aprender sin que nadie me viera. A los tres meses, empecé a ejercer: el primer día, solo gané 3,50 euros en cuatro horas”.

“Durante el confinamiento, no ingresé nada. Y, ahora, la gente deja menos dinero que antes. Todo el mundo está pasando por dificultades”

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Con casi 15 años de experiencia, reconoce que necesita la ayuda de la administración pública para salir adelante. Y es que, durante gran parte del último año, no ha podido trabajar como quisiera por el COVID. “Durante el confinamiento, no ingresé nada. Y, ahora, la gente deja menos dinero que antes. Todo el mundo está pasando por dificultades”, comenta.

De su gran corazón, sale un último deseo: “Me encantaría enseñar mi oficio a la gente más desfavorecida. Ayudamos a dar vida a las calles. Para hacerlo, necesitaría un espacio. Sería un taller muy útil”.

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