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Cien años de Bar Bóo: la memoria pendiente

Bar Bóo, derecha, junto al pintor Laxeiro

Bar Bóo, derecha, junto al pintor Laxeiro ARCHIVO BAR BOO Y ÓSCAR BAR

Desde su primera obra, el edificio Plastibar, proyectado en 1957 –antes incluso de terminar la carrera en Madrid–, Xosé Bar Bóo, se convirtió en un referente de la arquitectura viguesa. A lo largo de los años siguientes le seguirían otras creaciones que confirmarían su voz propia y pegada, como el Cíes o la iglesia de Teis. En 2022 se cumplirá el centenario de su nacimiento, una oportunidad que su familia aprovecha para reivindicar la difusión y protección de su legado.

Cuando todo se mima, cuando en todo se baja al detalle, al milímetro, con la convicción profunda de que lo minúsculo no es necesariamente pequeño, el detalle –como tal– se esfuma. De Antoni Gaudí se cuenta que mientras estudiaba en Barcelona uno de sus maestros le pidió que diseñara el portal de un cementerio. Al asomarse para ver cómo iba el ejercicio, el profesor se encontró con que el joven estaba enfrascado en el dibujo de una larga avenida de acceso al camposanto, con cipreses, coche fúnebre y cortejo enlutado incluidos. “Necesitaba ver el ambiente”, le replicó –relata el mito– a su maestro.

Ya se sabe: los detalles.

Para el arquitecto vigués Xosé Bar Bóo en su oficio había también poco margen para el trazo grueso. Entre los planos de los no pocos chalés que proyectó, por ejemplo, se incluyen notas sobre la forma que debían tener determinados tornillos o diseños de cómo debía ser la caseta del perro. De cómo debía ser incluso el bebedero de la caseta del perro.

No era extraño tampoco que antes de ponerse manos a la obra y trazar un edificio hiciese cubrir un test a sus futuros dueños para saber si eran tímidos o extrovertidos, si les gustaba encerrarse en la intimidad de sus salones para leer al calor de un buen fuego o celebraban grandes comilonas en familia. Como ocurría con la avenida en el ejercicio de Antoni Gaudí, eran todos datos cruciales, el ambiente.

Su cuidado a los detalles y la meticulosidad de su trabajo, junto a otras muchas virtudes, como su talento polifacético o su capacidad para sintonizar con las corrientes más modernas de Europea desde el Vigo de la España franquista, convierten a Bar Bóo en uno de los grandes arquitectos gallegos de la segunda mitad del siglo XX.

Bar Bóo junto a Suances y Fernández-Albalat Archivo Bar Boo y Óscar Bar

Entre su legado destaca la iglesia de Teis o la plaza de abastos de Porriño

De su mesa de trabajo salieron algunos de los edificios más reconocidos de Vigo, como el policlínico Cíes (Avenida de Madrid), el Plastibar (Marqués de Valladares), el bloque de viviendas que se levanta en el número 25 de Plaza de Compostela, el que hace esquina entre García Olloqui y Luis Taboada, el hoy muy retocado –y desvirtuado– El Pinar o la iglesia da Nosa Señora das Neves, en Teis.

En 2022 se cumplirán cien años del nacimiento de Bar Bóo, fallecido de forma prematura en 1994, con 71 años, en Santiago, tras ser operado por una dolencia cardiaca. Su hijo, Alfonso, aboga por aprovechar el centenario no para centrarse en los detalles, esos a los que tan afecto era Bar Bóo. O no quedarse solo en ellos, al menos. La razón es simple: queda mucho por hacer antes.

Bar Bóo en compañía de sus hijos Archivo Bar Boo y_Óscar Bar

El acento lo pone Alfonso en dos tareas pendientes con el recuerdo de su padre: blindar de forma íntegra sus edificios y garantizar la preservación de su amplio archivo personal, un tesoro por el que hoy en día vela su familia.

En el primer caso, Alfonso recalca el matiz de “integral”. Los edificios de su padre –explica– están proyectados como un todo que conecta el contenido y el continente. “La fachada representa lo que hay en el interior. ¿Qué ocurre si solo protegemos el exterior? Sería como una carcasa; probablemente perdería el sentido”, explica Alfonso, quien lo compara con el equilibrio de un cuerpo humano. Por esa razón insiste en la importancia de prestar atención a las divisiones, escaleras, rampas, acabados... de bloques como el Cíes, a punto de rehabilitarse de la mano de Ibermutua para recuperar el uso sanitario que perdió hace años, en 2015, tras la inauguración del Cunqueiro.

  • Edificio del Policlínico Cíes

    Uno de sus edificios más conocidos en el casco urbano de Vigo, el policlínico Cíes (1967) se destinó durante años a uso sanitario, el mismo que retomará ahora de la mano de Ibermutua tras años cerrado._En 2006 se le añadió un anexo en un lateral.

Además de sus grandes obras en Vigo, algunas muy modificadas, como El Pinar; otras directamente desaparecidas, como las antiguas instalaciones del taller Pegaso, Bar Bóo es autor de un buen puñado de chalés: el de Ibáñez Aldecoa, Mújica, Casas Horyaans, Vázquez, Samuel Janeiro o Ana Míguez, repartidos por el municipio. Fuera de Vigo tiene también proyectos de calado, como la monumental plaza de abastos de Porriño, el mercado de Gondomar o los juzgados de A Coruña. Trazó también planos para la torre de Toralla, aunque por circunstancias durante su ejecución terminó desligándose del proyecto.

Su legado no destaca en número; pero sí en calidad e influencia. El edificio Bar Bóo o Plastibar (Marqués de Valladares, nº 27), de 1957, que Xosé trazó antes incluso de terminar sus estudios en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid abrió Vigo a una nueva corriente, conectada con el racionalismo del Movimiento Moderno. A lo largo de los años siguientes continuaría explorando algunos de los temas clave de su obra, en torno a los que reflexionó e investigó: el diseño de escaleras y el papel simbólico de las chimeneas, una pieza que atraía a Bar Bóo desde niño. Con 14 años, de hecho, ya había ideado una para la casa de su familia, en la calle Hernán Cortés.

  • Iglesia de Nosa Señora das Neves

    La iglesia parroquial de Nosa Señora das Neves (1968) es otra de las obras más características de Xosé Bar Bóo. Su hijo, Alfonso, destaca que nada en su diseño está dejado al azar. Su diseño, sus interiores, están en sintonía con las pautas del Concilio Vaticano II

En una breve reseña biográfica publicada en la web de la Real Academia de la Historia (RAH), Alicia Garrido, una de las pocas investigadoras que ha ahondado en la obra de Bar Bóo, extiende la primera etapa del arquitecto hasta 1963. Identifica otra hasta 1983 –en la que se enmarca el mercado de Gondomar o El Pinar– y una última que arrancaría años más tardes y se extendería hasta 1993, durante la que desarrolló los juzgados de A Coruña.

A lo largo de su carrera Bar Bóo generó una rica colección de planos y fotografías que –junto a su biblioteca, reflejo de su formación humanística, poliédrica, y de su interés por los vientos que soplaban en la arquitectura del resto de Europa o EE. UU.– componen un rico fondo documental que preserva su familia. El enorme valor de ese archivo es el segundo punto en el que Alfonso anima a poner el foco del centenario. “No puede permitirse que se pierda”, recalca. Para evitarlo plantea a las administraciones que “garanticen su preservación y difusión” y afronten su proceso de digitalización. Otro creador contemporáneo de Bar Bóo, Alejandro de Sota (1913-1996), pontevedrés también, pero que desarrolló gran parte de su carrera en otras latitudes del país, incluido Madrid, tiene una fundación que se dedica a la difusión de su archivo digital.

  • Edificio Bar Bóo, en M. de Valladares

    El edificio Bar Bóo o Plastibar data de 1957 y se sitúa en la calle Marqués de Valladares. Xosé lo diseñó antes incluso de obtener su título en Madrid. Su influencia en la arquitectura de su época es clave y es una de obra crucial en la carrera profesional del propio Bar Bóo.

El creador del edificio Plastibar o Casas Horyaans no destaca solo como arquitecto. A lo largo de su vida pintó y diseñó. Y fue, sobre todo, un hombre profundamente contemporáneo, muy involucrado en la vida política, social y cultura de su época. En la década de los 70 ejerció un papel crucial en los primeros compases del Coag, estuvo muy ligado al Museo do Pobo Galego y participó en la puesta en marcha de Adega. Su nombre incluso sonó para la alcaldía durante los años de la Transición. “Entendía que la arquitectura tenía que tener un arraigo social”, comenta su hijo.

Su huella, latente en Vigo, busca ahora blindarse para el futuro.

  • Edificio de Plaza de Compostela

    El edificio de Plaza de Compostela data de 1963, justo antes de que Bar Bóo diese forma a la plaza de abastos de Gondomar (1964) y el sanatorio El Pinar (1965). Situada en un lateral de la Alameda, es una de las obras más céntricas que el arquitecto tiene en la ciudad.

“En su obra hay muchos temas de gran valor sin explorar”

Jaime Blanco - Arquitecto

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Jaime Blanco

Jaime Blanco

A pesar de su huella, de la importancia de su legado, del papel que jugó en la arquitectura gallega del XX, en la obra de Xosé Bar Bóo quedan aún muchas vías de estudio pendiente. Jaime Blanco, arquitecto, es uno de los pocos que se ha asomado a algunas de las aristas del padre del Cíes o Plastibar. A finales de 2015 presentó su tesis la obra de Xosé Bar Bóo, objetividad y dimensión colectiva

–¿Por qué vale la pena volver sobre la figura y la obra de Xosé Bar Boo en su centenario?  

–Como sociedad tenemos el deber de divulgar su obra. Tiene un valor en la arquitectura española al que quizás la historiografía moderna no le ha hecho justicia a día de hoy. Hay que pensar que la obra de Bar Bóo se puede considerar de carácter universal –desprende lecciones que no tienen fronteras–, pero está también muy identificada con Vigo y su comarca. Tenía además un compromiso con su tierra muy acusado. Y desde muchos puntos de vista. No solo desde el de la arquitectura. También desde el aspecto político, social, económico… Era una persona que se involucró muchísimo.

“Su legado tiene un valor al que quizás la historiografía moderna no le ha hecho justicia a día de hoy”

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–Se cumple el tópico de que uno no es profeta en su tierra.

–La arquitectura moderna en España tenía dos focos: Madrid y Barcelona. Luego estaba País Vasco con Luis Peña Ganchegui. Yo creo que Bar Bóo en aquel momento era una figura parecida a la de Peña Ganchegui. Había momentos clave en los que la obra de Bar Bóo figura reseñada entre los, podríamos decir, siete o diez maestros de la arquitectura moderna española; pero luego ese aislamiento por el hecho de no estar en el día a día de lo que se cocía en Madrid y Barcelona hacía que no tuviera una divulgación tan extensa. Hasta que no se crea el colegio de Galicia no hay un órgano de difusión propio. La divulgación del conocimiento era mucho más difícil. Cosa que contrasta, por otro lado, cuando consultas el archivo: era un hombre de una formación humanística tremenda. Tiene una biblioteca extensísima, no solo de cuestiones de arquitectura. En su despacho de Vigo conseguía tener información de lo que estaba sucediendo en diferentes países. Y ese poso es un poco la clave de la arquitectura que hizo. Por un lado, estaba aislado en Galicia. Por el otro, estaba muy atento a lo que ocurría fuera.

“Es necesario un apoyo institucional para catalogar y digitalizar material”

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–Su edificio El Pinar está muy alterado. ¿Cuenta la obra de Bar Bóo con la valoración e incluso con la protección adecuada?   

–Yo creo que con motivo del centenario esa es una de las cosas que se podrían reivindicar. Es necesario ampliar la noción que tenemos de patrimonio a lo que es la arquitectura moderna. El edificio de la calle Falperra de La Panificadora, por ejemplo, que es de Antonio Román Conde, se construyó entre 1958 y 1962. Estamos hablando de que es del mismo año que el edificio de Bar Bóo en Marqués de Valladares. Es un choque cultural que lleva a uno a pensar de qué hablamos cuando tratamos el patrimonio porque están a años luz uno del otro. ¿Cómo no va a tener valor el edificio de Marqués de Valladares si se lo estamos dando al de Falperra?

–¿Y el archivo? 

–La familia conserva en muy buen estado todo el material; el archivo está íntegro, no solo de planos, sino también de fotos, diapositivas, la biblioteca… Catalogar todo ese material y digitalizar la obra yo creo que es algo que acabará cayendo por su propio peso en algún momento. Lo que pasa es que es necesario un apoyo institucional. Yo creo que las administraciones públicas deberían implicarse. Desde la Escuela de Arquitectura de Galicia es desde donde más se podría seguir investigando la obra. Ahora mismo hay dos tesis doctorales, pero podría haber muchas más. En mi tesis indico que hay otros temas no explorados –como por ejemplo el planeamiento urbano– que tienen mucho valor también. Es como una asignatura pendiente. 

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