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Antonio Ortiz: "La arquitectura es cara y perdura; si se comete un error, estará ahí mucho tiempo"

"La ampliación del Rijksmuseum resultó complicada y controvertida, pero al final fue acogida de forma muy gratificante para nosotros"

El arquitecto sevillano Antonio Ortiz.

La delegación viguesa del COAG acoge mañana (19.30 horas) dentro de su ciclo "Reflexións" una charla del sevillano Antonio Ortiz, autor de la ampliación del Rijksmuseum de Ámsterdam, el pabellón de España en la Expo de Hannover 2000 o el estadio Wanda Metropolitano junto a su socio Antonio Cruz. En su intervención abordará ambos proyectos junto con los de las estaciones de tren de Basilea y Santa Justa (Sevilla), un centro deportivo en Lugano y unas viviendas construidas en la capital andaluza a finales de los 70.

-En una trayectoria tan amplia y con obras para usos tan diversos ¿hay algún nexo en común, un sello propio?

-Somos bastante eclécticos. Cada ocasión exige una respuesta distinta y sí hay nexos en común pero no bastante evidentes, espero. El estilo hay que ocultarlo, no hay que mostrarlo, no es bueno que se vea.

-Una filosofía muy diferente a la de los llamados arquitectos estrella...

-Estrellas son los que pueden serlo, igual no es nuestro caso (risas). Una cierta discreción, un segundo plano siempre es conveniente para el arquitecto.

-Se dice lo mismo de los buenos edificios, si responden a las necesidades de sus usuarios la arquitectura pasa casi a un segundo plano.

-Los arquitectos tenemos que hacer muchas cosas, pero la primera de ellas es, seguramente, resolver problemas. Y una vez resueltos caben bastantes más cosas como el valor icónico o simbólico. Pero en principio nuestra profesión exige ser capaces de resolver problemas. Y sobre todo no crearlos, claro.

-Algo que ocurrió en los años previos a la crisis con muchos proyectos.

-No siempre, pero a veces se generaron más problemas.

-El Wanda Metropolitano es el último estadio que han firmado. Hoy ya se habla de ellos como las "catedrales contemporáneas" por mostrar la arquitectura más novedosa y las últimas soluciones tecnológicas.

-Lo de la catedral a lo mejor no está mal traído porque sí es verdad que mucha gente vive la afición a su club como otros antes vivían la vocación religiosa. Bueno es que sea así (risas). Los estadios han evolucionado mucho. Antes eran simplemente unos graderíos y ahora son unas instalaciones muy complejas con muchos tipos de usuarios distintos, con requerimientos de seguridad y de atención a los medios de comunicación, por ejemplo, que antes no existían.

-¿Dónde reside la mayor complejidad para el arquitecto?

-Pues en todo. La arquitectura tiene que tratar con muchísimos aspectos de la realidad, desde la economía a la estructura, y no se debe privilegiar ninguno de ellos. Una buena obra es la que es capaz de encontrar un equilibrio que parezca casi natural y en el que ninguno de estos aspectos se hipertrofie.

-Holanda ha calculado que la reapertura del Rijksmuseum en 2013 tuvo un impacto en su economía de 310 millones de euros. Esto da idea de lo que puede aportar la arquitectura.

-El museo ha pasado de tener 1,5 millones de visitantes a 2,5 millones. Además de la llamada de la obra hay que decir que también el turismo se incrementó muchísimo. Es uno de los grandes museos de Europa y fue una obra complicada y muy controvertida, como es lógico. No es fácil hacer un museo nacional, todos se sienten con el derecho a opinar. Se trata de saber el terreno que uno pisa y que no te pille de sorpresa. Pero en general la obra fue muy bien acogida y de una manera muy gratificante para nosotros. Se tardaron 13 años y es que no es normal que un museo cierre durante un periodo tan largo para renovarse absolutamente, desde el edificio a la colección y la forma de exponer. Cuando uno va a un gran museo lo que suele encontrar es una sucesión de intervenciones, a modo de alas. Éste ha quedado como si estuviese hecho todo de nuevo y ese sentido unitario los visitantes lo experimentan y lo agradecen.

-Tienen oficina en Ámsterdam y fueron uno de los primeros estudios en salir al extranjero, algo que después han hecho muchos profesionales obligados por la crisis. ¿Cómo se valora a los arquitectos españoles fuera de nuestras fronteras?

-En Holanda trabajamos desde el 90 y abrimos la oficina hace 15 años. En España hay arquitectos de muy alta calidad pero la suma de todo no acaba de estar bien. Si vemos la periferia de nuestras ciudades no podemos estar satisfechos. Los arquitectos solo son una parte del problema, pero no son inocentes. Hay mucha variedad, muchos arquitectos buenos, pero también los hay malos. La crisis ha obligado a que la gente salga más. Y me parece un factor estupendo, porque abrirse al mundo, a otras maneras de plantear y ejercer la profesión es muy importante.

-La crisis potenció la rehabilitación ante la falta de obra nueva, ¿también han trabajado en este ámbito?

-Hemos hecho muchas cosas en rehabilitación a lo largo de nuestra carrera. Ahora estamos con un edificio en Santander para el Banco Santander. Mientras una infraestructura física se sostenga y haya la posibilidad de adaptarla razonablemente para otro uso es muy lógico que así sea. A veces se protegen cosas que quizá no lo merezcan, pero un edificio puede durar muchos años y las necesidades son muy cambiantes y de forma muy rápida. Y se trata de ir adaptándolo a ellas. Económicamente es razonable y, desde el punto de vista medioambiental, necesario.

-Y puede ser una solución para proyectos en desuso ejecutados durante el "boom" previo a la crisis. Ustedes mismos han lamentado la situación del Estadio de la Cartuja.

-Hay que intentar sacar el máximo partido al patrimonio construido, buscarle el retorno necesario por el método que sea. Para un arquitecto es muy triste tener un edificio vacío y sin uso. Si me pregunta ahora no me hubiese gustado haberlo hecho, pero así son las cosas. Iba a ser un estadio compartido para Sevilla y Betis. Y esa idea que parecía buena se torció. Pero no es un problema arquitectónico, sino de mala planificación de los recursos. La arquitectura es cara y perdura Si se comete un error estará ahí mucho tiempo.

-¿Les gustaría trabajar en Galicia?

-Somos mercenarios, vamos donde nos llamen (risas). Estaríamos encantados. Una de las virtudes de nuestra profesión es que todavía puede ser uno generalista, no estar especializado en nada concreto. Cada día es más difícil porque los proyectos son más complejos y el que ha hecho un hospital tiene mucho aprendido para hacer un segundo. Pero nosotros, por nuestra generación o el tiempo que nos ha tocado vivir, hemos tenido la suerte de poder pasar de una biblioteca a una estación, un estadio o una facultad. Es algo realmente muy divertido y muy de agradecer.

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