La cantidad (de alumnos, leyes y papeleo) importa y otras lecciones sobre PISA

Docentes consideran que mejorar es posible, pero cuestionan la carga burocrática, los sucesivos cambios normativos o las ratios

Presentación de PISA, con José Manuel Bar (c), la directora general de Evaluación y cooperación Territorial, Mónica Domínguez, y el analista senior de PISA Daniel Salinas (d)   | // ALEJANDRO MARTÍNEZ VELEZ / EP

Presentación de PISA, con José Manuel Bar (c), la directora general de Evaluación y cooperación Territorial, Mónica Domínguez, y el analista senior de PISA Daniel Salinas (d) | // ALEJANDRO MARTÍNEZ VELEZ / EP / C. Villar

Carmen Villar

Carmen Villar

Cuando el Ministerio de Educación se embarcó en la reforma de la selectividad, se puso como meta un examen más alineado con PISA, donde lo que se evalúa es la capacidad para aplicar conocimientos, justo el camino por el que aspira a transitar la nueva ley educativa. No obstante, y al margen de la filosofía de la norma que ahora rige el rumbo de la enseñanza en España, el trasiego legislativo está en el punto de mira del profesorado, que urge estabilidad, paciencia y soluciones a largo plazo, incluso un pacto de estado, para que dé tiempo a aplicar las leyes y a evaluar sus resultados. La “sensación de precariedad normativa”, apuntan, no contribuye al rendimiento en exámenes como el que promueve la OCDE y acaba de relegar a Galicia desde el puesto de cabeza a la sexta posición. También salen a relucir las ratios o una burocracia que perciben “inmensa”.

La Xunta asegura que analizará los resultados de PISA para “tomar nota” y retomar el liderazgo, según defendió esta semana el presidente Alfonso Rueda. Los docentes concuerdan en que mejorar es posible. Está convencido de ello, por ejemplo, el profesor de Matemáticas del IES AS Barxas, Julio Rodríguez Taboada, presidente de la Federación Española de Sociedades de Profesores de Matemáticas, quien opina que los resultados eran “esperables” por la emergencia sanitaria y propone actuar sobre el número de alumnos, la carga burocrática o el “disparate” de contar con seis leyes diferentes en solo treinta años.

Para “mejorar”, ve “fundamental”, explica, “darle una vuelta” a la cantidad de papeleo que debe asumir ahora el profesorado, en muchos casos para que queden “metidos en un cajón”. “Muchas veces perdemos gran parte de nuestro trabajo en temas ajenos a la enseñanza en sí”, cuestiona. En esa línea, la Xunta ha impulsado, de acuerdo con los sindicatos, una comisión que busca reducir las gestiones. Rodríguez vuelve a usar el adjetivo “fundamental” para referirse a la “reducción de ratios”, otro punto clave del pacto Xunta-sindicatos de cara a la enseñanza en los próximos años. “El cambio en la dinámica del aula desde los desdobles por el COVID a lo que vino después es tremendo”, sostiene Rodriguez. La profesora de Matemáticas del IES ROU Emma Janeiro suscribe que el profesorado es “fundamental”, sobre todo tras la pandemia. Apunta que Castilla y León, líder en la última edición de PISA, prosiguió un año más con medidas tomadas para paliar los efectos de la situación sanitaria.

Janeiro también alude a las leyes. A su juicio, “tanto cambio legislativo supone un problema” porque conlleva que el profesorado no pueda “estabilizarse” en una metodología. Aparte, si bien entiende que no hay “recetas mágicas” para impulsar un mejor desempeño en pruebas como PISA, y que, en todo caso, ese tipo de remedios “tienen que venir de las autoridades, y no de los docentes”, sí defiende una incidencia “positiva” de la oferta de formación que recibe el profesorado en Galicia de la Consellería de Educación. Lo que falta, lamenta, es “tiempo”. Su trabajo pasa “de sobra”, dice, de 37,5 horas lectivas semanales. “La burocracia quita tiempo de atención del alumnado y de formación del profesorado. Si tenemos que hacer informes y papeleos no tenemos tiempo para hacer lo realmente importante, que es la reflexión sobre la práctica pedagógica y la formación y la implementación en el aula”, sostiene.

Julio Rodríguez reivindica asimismo tiempo. Ve relevante que se acabe con la sensación entre los docentes de que cualquier reforma normativa nace “con fecha de caducidad” y que dé tiempo a que el profesorado “normalice” trabajar conforme a las nuevas reglas. A su modo de ver, “paciencia” y “darse tiempo” para lograr cambios, lo que no casa con cómo funcionan los ciclos políticos, se sitúan entre lo que “más falta” hace en educación.

Igualmente David Rodríguez, del IES de Teis, desecha soluciones “inmediatas”. “No puedes dedicar un mes en 3º de ESO a aprender a razonar, a interpretar información”, sino que se remite a lo que dura la escolarización obligatoria, una década, y sugiere que tocará “trabajar a largo plazo”. Por otro lado, apela a no acomodarse, tampoco al poner exámenes, a un modo de actuar cada vez más “inmediato” por parte del alumnado, tanto en el área matemática como en la de lectura. Respecto a las ratios, igual que sus colegas de profesión, admite que juegan un papel: “Conseguir que un alumno razone tiene que ver con la pausa, con poder dialogar con él, con ver cómo aborda el problema” y si eso solo se trabaja en el aula y no en casa, como dice que está ocurriendo, el número de estudiantes influiría.

Para Antón, del IES Álvaro Cunqueiro, la bajada de los alumnos por aula es “fundamental”, sobre todo en los primeros cursos de la ESO. Este docente juzga clave poder “profundizar”, lo que a veces no resulta posible por la amplitud del temario. Pero tampoco el alumnado ayuda. Como David Rodríguez, tiene la sensación de que “la cantidad de texto agota” a los alumnos y de que les cuesta “concentrarse” y leer. Por eso sugiere darle “más relevancia a la lectura desde atrás”: “No sé la solución. La lectura comprensiva me parece importante. Quizás no importa tanto que en cierto curso aprendan a sumar fracciones y sí a leer un texto comprensivamente”.

Precisamente las competencias en las que más retrocedió Galicia en PISA son matemáticas y lectura. Eva, profesora de Lengua Castellana, cree que para mejorar “hay que trabajar las destrezas básicas, sobre todo la comprensión lectora y la expresión oral y escrita, además de aprender a sintetizar información y de ampliar el vocabulario”. Para lograrlo, sugiere “obviar teoría y florituras, sobre todo en los niveles más bajos de ESO”. “Les cuesta entender, leen muy poco y eso no hay con qué suplirlo”, asegura.