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Una clase política que no da la talla

Felipe González, Julio Sanguinetti, Núñez Feijóo, Carlos Slim y Ricardo Lagos, ayer, en Santiago. // Xoán Álvarez

¿Tienen enemigos las democracias? A esta pregunta intentó responder ayer en Santiago la Fundación Círculo de Montevideo que sentó en un foro de debate a Felipe González, a los expresidentes de Uruguay, Julio María Sanguinetti, y de Chile, Ricardo Lagos, al empresario mexicano Carlos Slim y al titular de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. Todos ellos ven riesgos y apuntaron a la clase política como responsables en parte, aunque sin dar nombres, más allá de citar ejemplos como Venezuela o Rusia. Feijóo sostuvo que la actual generación de políticos españoles es, probablemente, de las peores de los últimos años; González advirtió contra las “pulsiones autoritarias y los salvadores de la patria”; y Carlos Slim lamentó la deficiente dirección política ante el cambio de época por la digitalización y la globalización, proceso acelerado por la pandemia.

El Círculo de Montevideo se presenta como un foro, integrado por políticos, intelectuales y empresarios de Latinoamérica y Europa, dedicado a reflexionar y lanzar propuestas para lograr que la democracia, la economía de mercado, la globalización y la apertura comercial confluyan en un orden armónico capaz de promover la iniciativa y el crecimiento, pero a la vez garantizar un desarrollo equitativo entre las naciones y los ciudadanos. La reunión de ayer en Santiago fue su vigésimo sexta reunión plenaria bajo el título “El mundo en pandemia”, en la que una de las mesas de debate abordó los “nuevos y viejos enemigos de la democracia”.

“Falla la conducción”

Para el magnate mexicano –figura entre las mayores fortunas del planeta–, el mundo está asistiendo a una revolución, a un cambio de época acelerado por la tecnología o la globalización, cuyo avance se hizo más notable con la pandemia. En esa nueva era, dijo, el peligro para las democracias no llega ya tanto por las botas (en referencia a alzamientos militares) como por los votos. Un determinado partido gana las elecciones y luego sucumbe a la tentación de la reelección indefinida, a la eliminación de poderes o a la anulación del poder judicial, como Venezuela o Nicaragua.

Ya con carácter general, el empresario apuntó a la incapacidad de los dirigentes políticos para solucionar las dificultades que surgen en medio mundo por este veloz “cambio de civilización”. "Está fallando la conducción política del cambio, esta conducción política es el punto débil que estamos padeciendo”“, dijo, ante lo que recetó inteligencia y una globalización ajustada a la singularidad de cada país.

La peor generación

Feijóo, que había intervenido antes, no se anduvo con medias tintas. Como en otros foros, el presidente gallego cargó contra los populismos porque, si les dejan, “intoxican y contagian” la democracia con el propósito de destruirla. Lamentó el “descrédito institucional” en que ha caído España, la falta de credibilidad, de gobernanza y de liderazgos o que haya políticos con responsabilidades que en su vida han gestionado un euro de fondos públicos o que no hagan nada para así no cometer ningún error.

“No me gusta el momento político de mi país, no estamos a la altura. Creo que los políticos españoles de este momento son probablemente de las peores generaciones políticas en últimos 40 años. Tengo que hacer autocrítica, si no lo hiciera, estaría incumpliendo mis convicciones y principios”, soltó. Acto seguido retomó su discurso de cargar contra la gestión española de los fondos Next Generation y el desconocimiento de los criterios de asignación y los fines a los que se destinarán.

Ojo con los “salvapatrias”

Felipe González advirtió, por su parte, de los “autoritarismos rampantes” y “tiranías” de cualquier color político, que “rompen las reglas del juego” de la democracia y las normas de convivencia “si se encuentran con instituciones no suficientemente poderosas”. Alertó contra los ciudadanos que creen que “su libertad consiste en traspasar los límites o en vulnerar la ley”, lo que provoca que la convivencia se “deshaga”, y criticó a aquellos que culpan a la democracia de los “fallos del ejercicio del poder” en crisis como la que deja el COVID. “Si la culpa la tiene la democracia, busquemos un salvador en forma de caudillo que acumule todos los poderes y que rompa esta ineficiencia”, dijo.

Así, el expresidente censuró que surjan “pulsiones autoritarias” y “tantos salvadores de la patria”, lo que amenaza “los fundamentos de ese edificio de la convivencia”, como son la Constitución y el ordenamiento jurídico, que “se pueden ir resquebrajando” ya que están en el subsuelo de la arquitectura que sostiene el Estado de Derecho y no se ven. Por eso, llamó a estar vigilantes porque “la vulneración de las reglas del juego no parece tan importante hasta que los cimientos del edificio están suficientemente resquebrajados” como para “venirse abajo”.

Escuchar a los ciudadanos

El expresidente de Chile puso el acento en la carencia de instituciones internacionales para abordar los problemas, como la pandemia, de manera global. Y ya en el plano particular de los países, señaló la conveniencia de crear instituciones políticas que sean capaces de escuchar lo que manifiesta la sociedad –a través de las redes sociales, por ejemplo– para adelantarse a los cambios y futuras demandas. De esta forma, cree Ricardo Lagos, se perfeccionará la democracia.

En la inauguración del foro, antes de debate, Feijóo reivindicó el papel de Felipe González, al tiempo que criticó a los líderes que “conocen con dificultad lo que ocurrió antes” y “durante” su mandato, lo que les impide afrontar su gestión con garantías. “Hay presidentes en ejercicio que conocen con dificultad lo que ocurrió antes, que no se enteran mucho de su Presidencia y que no saben nada, lógicamente, de lo que puede ocurrir después de su Presidencia”, lamentó.

El evento arrancó con saludo oficial de Felipe VI leído por el exministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón, dado que el rey no pudo asistir.

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