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España, eliminada

Las claves tácticas del Marruecos-España: un tratado sobre la impotencia

La selección de Luis Enrique entró en colapso porque no halló la rendija necesaria ante la gran defensa del rival

Luis Enrique. EP

La España de los 1.000 pases volvió a aparecer en el Mundial. Pero para despedirse. Dio 1.019 en los 120 minutos de la prórroga ante Marruecos (926 con acierto, 91%), pero demasiado previsibles, sin inyectar velocidad ni tener recursos para romper la ordenada y agresiva defensa de Marruecos. Porque la selección africana no se defendió de forma aleatoria sino con una inteligencia que le permitió sublimar ese ejercicio hasta hacer desesperar a la España de Luis Enrique, que entró en colapso porque no halló la rendija necesaria para festejar un gol que le colara en los cuartos de final de la Copa del Mundo. Ni de ocasiones claras.

1. Mucho balón, poco remate

Se estrelló España. Se estrelló porque no tuvo clarividencia ofensiva. Se estrelló porque dominó el balón (63% de posesión), pero no tuvo recursos para romper el perfecto entramado defensivo de Marruecos. Fueron 14 disparos en 120 minutos. Y solo dos a puerta, ambos de Dani Olmo. Ambos en acciones a balón parado, prueba de su falta de contundencia para resolver el partido.

2. Interiores sin peso

España se construía sobre el centro del campo. Debían generar juego Busquets, Gavi y Pedri. Pero no sucedió como esperaba Luis Enrique, capaz como fue, además, de intercambiar las posiciones de los interiores. Con la agresividad de Gavi no bastaba. Tampoco Pedri tenía infuencia en el juego porque no halló la llave para desarticular a Marruecos. Empezó Gavi de volante diestro y Pedri en la izquierda. A la media hora cambiaron de banda. Pero ni así.

El juego fluía para la selección desde demasiado atrás con un exceso de pases horizontales entre Rodri (central diestro) y Laporte (central zurdo). No podían, sin embargo, mover la pelota con la velocidad necesaria, secuestrados, además, los interiores y 'Busi' entre el atasco de jugadores marroquís, consumiéndose porque veían que con su estilo no podían quebrar esa vigorosa defensa.

3. Cambios que no reanimaron

A la hora de partido, Luis Enrique quiso agitar a un equipo que solo había disparado una vez a puerta hasta entonces. La falta lateral de Dani Olmo (m. 54) hábilmente rechazada por los puños de Bono, el meta de Marruecos. Había apostado el técnico asturiano por los 10 de Costa Rica con la novedad de Marcos Llorente, quien ejercía de lateral derecho. El tercero distinto en los cuatro partidos del Mundial tras Azpilicueta y Carvajal. Y, por lo tanto, sin nueve puro.

A la hora entraron, sin embargo, Morata por Marco Asensio y Carlos Soler por un cansado Gavi. Pero se llegó al final del tiempo reglamentario con otro disparo a puerta, de nuevo Dani Olmo (m. 90 +4). Estuvo intervencionista Luis Enrique para introducir en el último cuarto de hora a Nico Williams, cuya velocidad sí tuvo impacto. Pero con poca eficacia.

Más de lo mismo ocurrió con los tres cambios que realizó en la prórroga (Ansu por Dani Olmo, Balde por Alba y Sarabia por Nico Williams porque se fiaba el técnico de su excelente lanzamiento en los penaltis, aunque luego erró en el primero) porque no tuvieron la puntería necesaria, simbolizada en la última acción. Ese disparo de Sarabia repelido por el poste derecho de Bono, prólogo de la cruel y trágica tanda de penaltis que envió a la selección a su casa.

4. Penaltis trágicos

Ni compitió España en la tanda de penaltis. Cuando no se topó con el poste caía derretida en las manos de Bono certificando que los goles que le salían de los bolsillos ante Costa Rica fueron menguando peligrosamente en los siguientes encuentros. Solo uno ante Alemania (Morata), solo uno frente a Japón (Morata, de nuevo) y ninguno en 120 minutos de partido y prórroga incluida ante Marruecos.

Cada lanzamiento de penalti fue una tortura para España. El primero acabó en el poste. El segundo repelido por las manos de Bono. Y el tercero, también. Además, los tres primeros futbolistas (Sarabia, Carlos Soler y Busquets) fueron elegidos por Luis Enrique, convencido como estaba de que eran los mejores especialistas. Pero los tres erraron.  

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