Entrevista | Eduardo Blanco Actor

“Las emociones gallegas forman parte de mi vida”

El intérprete, uno de los mas reconocidos en Argentina, es hijo de emigrantes gallegos de los municipios de Silleda y Lalín. A sus 65 años triunfa en Buenos Aires con una de las obras de teatro más taquilleras del país, “Parque Lezama”, dirigida por el oscarizado Juan José Campanella, con quien ha protagonizado varias películas y series de televisión junto a actores como Ricardo Darín o Héctor Alterio

El actor argentino gallego Eduardo Blanco

El actor argentino gallego Eduardo Blanco / Martín Méndez

En España su rostro, que guarda un evidente parecido físico con el cineasta italiano Roberto Benigni, se hizo conocido al interpretar junto a su amigo en la pantalla Ricardo Darín “El hijo de la novia”, una película del oscarizado director argentino Juan José Campanella, éste sí su amigo en la vida real y compañero profesional de viaje en numerosas cintas, series de televisión y obras de teatro. Eduardo Blanco, hijo de gallegos de aldeas de los municipios de Silleda y Lalín emigrados a Argentina en los años 50, es uno de los actores más reconocidos en su país natal, donde acaba de terminar la última reedición de la representación de la obra de teatro “Parque Lezama”, que estuvo un año en cartel en el Teatro Politeama del barrio bonaerense de Palermo y será llevada a la gran pantalla a mediados del año que viene. En España lo hemos visto, además de en los largometrajes argentinos que nos han llegado – tales como “El mismo amor, la misma lluvia”, “Luna de Avellaneda” o “Conversaciones con mamá” , sobre los escenarios de los teatros (interpretó “El precio” de Arthur Miller bajo la dirección de Silvia Munt, junto a Tristán Ulloa y Gonzalo de Castro), en series como “Aquí no hay quien viva”, “Vientos de agua” o “Altamar”, ésta última del productor gallego Ramón Campos, y en películas como “Tapas”, “Kamikaze”, “Cuando dejes de quererme” o, la más reciente, “Vasco”.

– ¿En qué momento de su carrera se encuentra Eduardo Blanco a sus 65 años?

– Corregiría la pregunta, diría en qué momento de mi vida me encuentro, no me tomo la carrera profesional con tanta solemnidad, siempre me gustó la idea de seguir dedicándome a jugar, como cuando era chico, y sigo en el mismo lugar en ese sentido: jugando a lo que me gusta. Y ese es un privilegio enorme. Este año he estado coprotagonizando junto a Luis Brandoni  “Parque Lezama”, la obra de teatro realizada por Juan José Campanella que estrenamos en 2013 y estuvimos cuatro años con funciones en Buenos Aires, de gira por Argentina y por Uruguay, y que retomamos en una segunda etapa en 2019 haciendo temporada en Madrid. Como nos fue estupendamente bien, había proyectos para hacer gira por España, pero vino la pandemia y la interrumpimos hasta que en enero de 2023 empezamos de nuevo a representarla en Buenos Aires, en el teatro Politeama, una nueva sala con capacidad para setecientos espectadores. Ha tenido tanto éxito que la llevaremos al cine, empezaremos a hacerla en mayo o junio.

– Antes de estrenarse “El hijo de la novia” en 2001 de usted se decía que era el actor desconocido más famoso del cine argentino, ¿veintidós años después echa de menos haber hecho más papeles protagónicos?

– Muchos de los que trabajamos en esa película, incluido Ricardo Darín, empezábamos en esa época a protagonizar largometrajes. Eso del papel protagonista es una mirada del otro, he protagonizado obras de teatro, películas y series de televisión, que es posible que no fueran éxitos grandilocuentes o que mi papel fuera menos protagonista ­– en esta obra de teatro sí soy coprotagonista–. A mí me gusta contar las historias , y dentro de ellas, si el rol que se cuenta me gusta jugarlo, lo juego.

"Juan José Campanella es mi amigo desde los veinte años; Ricardo Darín es un compañero con el que trabajar es placentero”

– En España le conocimos por las películas que realizó junto a Ricardo Darín, haciendo de amigo suyo en la pantalla, y por estar en los proyectos del oscarizado director Juan José Campanella, ¿qué relación mantiene con cada uno de los dos?

– Con Juan (José Campanella) y con Fernando Castets, guionista de muchos de sus trabajos, tengo una relación de amistad desde los veinte años. Ellos estudiaban cine y yo teatro, empezaron a hacer a la aventura un largometraje en Super 8, que no tenía ningún tipo de explotación comercial, y durante catorce meses estuvimos todos los fines de semana filmando. Ahí nos conocimos, se forjó una amistad de 40 años y a raíz de eso hemos vivido muchas aventuras personales y profesionales. Hemos montado muchas películas, obras de teatro y series de televisión (no las llevo contabilizadas) y seguiremos haciendo más. Cuando el trabajo nos involucra juntos, es un doble placer trabajar con amigos; si no nos involucra, igualmente nos vemos. Con Ricardo (Darín) la relación es diferente; no somos amigos, aunque en varias películas hacemos de amigos, es como cualquier otro compañero con el que trabajar es placentero. No nos vemos tanto, pero no porque nos odiemos ni mucho menos; creo que la última vez que lo vi fue en un homenaje a Héctor Alterio, cuando estuvo haciendo su espectáculo con sus hermosos 93 años (ahora tiene 94).

El actor argentino de origen gallego Eduardo Blanco. | //  MARTÍN MÉNDEZ

El actor argentino de origen gallego Eduardo Blanco. / MARTÍN MÉNDEZ

– Héctor Alterio, otro grande con el que tuvo la oportunidad de trabajar.

– Para mí es un actor de esos que dicen ‘hola’ y ya me conmnueve. Cuando yo me estaba formando lo miraba con admiración y luego tuve el privilegio de trabajar con él en “El hijo de la novia”, “Vientos de agua”, donde hacía de su hijo, y en “Kamikaze”, ahí en España.

– Su último trabajo audiovisual en España ha sido en la película “El Vasco”, donde hace de un hombre de ascendencia española que nunca ha pisado España pero se siente como tal, ¿le ha pasado algo semejante?

– Esa coproducción la filmamos la mayoría en Argentina. No soy exactamente como el personaje, que se cree vasco porque está en una atmósfera de un pueblo perdido en Argentina rodeado de cosas vascas. Soy hijo de gallegos, tanto por parte de madre como de padre, pero ellos se conocieron en Argentina y yo soy el primer hijo, sobrino y nieto, tanto de mi familia paterna como materna. Si bien es cierto que no hablo gallego, aunque lo entiendo, las emociones gallegas forman parte de mi vida.

"La primera vez que presenté una película en Galicia, 'Conversaciones con Mamá' me emocioné al acordarme de mi abuelo paterno”

– ¿Cómo se ha ido forjando esa relación con Galicia e identidad galaicoargentina, primero por lo que le transmitían sus padres y, más tarde, cuando ya pudo visitar la tierra de sus ascendentes?

– La primera vez que fui a Galicia, que yo solo conocía por los relatos de mis padres, fue en una época sin las comunicaciones que hay ahora, donde todo era nuevo cuando uno lo miraba. Yo a mi abuela materna no la conocía porque ya había muerto cuando mi madre vino Argentina, pero sí la conocía por lo que me contaban de ella. Fue enterrada en una pequeña capilla, en San Fiz de Margaride, y la primera vez que fui ahí me paré ante su tumba, me quedé un rato solo y me empezaron a saltar las lágrimas. Me preguntaba cómo podía ser si no la había conocido. Creo que no hay ningún reglamento escrito de cuando uno pasa a ser de otro país distinto a donde nació. Yo tengo doble ciudadanía y fue producto de algo emocional, después de ese primer viaje me hice ciudadano emocional gallego. Creo que tiene que ver con esas cartas de mi madre, quien, con 18 años y con su madre muerta, vino a Buenos Aires a vivir con familia que tenía acá porque era el deseo de mi abuela que su hija mayor se viniera y luego trajera a sus dos hermanas que dejó en Galicia. No pudo ser, una de mis tías sí vino pero luego volvió, se casó con un catalán y ahora vive en Barcelona. Todos esos recuerdos te van formando. El caso de mi padre es diferente porque vino con sus padres y con sus hermanos a Argentina, en el mismo barco y sabiendo adonde venían. La primera vez que fui a presentar una película a Galicia, “Conversaciones con mamá”, en el Festival de Cine de Ourense, me tocó hablar, algo que no estaba previsto, y comencé con lo que me salió. Me emocioné; dije que si mi abuelo, que había muerto hacía entonces quince años, se llegara a levantar de su tumba y viera a su nieto presentando una película en su tierra se volvería a caer sin entender nada. Lo que quiero decir con todo esto es que no hay un “gallegómetro” para medir lo tan gallego o poco gallego que yo soy y me siento.

"El Pintor Colmeiro era el tío de mi madre. Y Laxeiro tomaba cafés con mis abuelos en Buenos Aires”

– Entre esos relatos y vivencias que le narraron sus padres se encuentran algunos protagonizados por dos grandes artistas gallegos, Laxeiro y Colmeiro, con los que tiene vinculo familiar.

 – Tengo un vínculo familiar con el pintor Colmeiro, al que no conocí personalmente, pero del que sí me han contado cosas, y que vivió en la misma casa en que vivió mi madre en Costela (una aldea de la parroquia silledense de Margaride). Era el esposo de una tía de mi madre, con lo cual su hija Alba, que vive en Buenos Aires, es prima hermana de mi madre, que tiene ahora 92 años. De quien sí me han contado anécdotas muy divertidas es de Laxeiro, que es del mismo pueblo que mi abuelo paterno (Bendoiro, en Lalín) y que se tomaba café con él y con mi abuela en una avenida de Buenos Aires muy española, las del Primero de Mayo.

Eduardo Blanco, actor de teatro, cine y televisión. | // MARTÍN MÉNDEZ

Eduardo Blanco, actor de teatro, cine y televisión. / MARTÍN MÉNDEZ

– Usted no iba para actor, sino que empezó por formación técnica y luego se pasó a Derecho, ¿cómo se tomaron sus padres, emigrantes procedentes del campo y con escasa formación, el hecho de que quisiera dedicarse a la farándula y que no fuera a ser ni ingeniero ni abogado?

– Es difícil trasladarse a otra época, estamos hablando de hace 45 años. Mis padres venían del campo, tenían una educación primaria y querían que fuera a la universidad, una carrera en esa época te garantizaba un ascenso social y económico. No fue un día que me levanté y les dije ‘no voy a ser ingeniero , voy a ser actor’; fue un proceso que yo internamente también tuve que mantener por la complejidad del ser humano en una lucha entre obedecer el mandato paterno o materno o elegir el propio deseo. Ganó la consecución de ese deseo particular, a pesar de que era algo riesgoso porque son carreras que implicaban, en principio, todo lo contrario a ascenso social. Mi papá era mecánico y amaba la mecánica, yo ya estaba en un grupo de teatro independiente y le dije: “No voy a ser ingeniero, voy a ser abogado”. Pensaba que el derecho era algo más de mi interés. Cuando me saqué ese peso de encima, me tomé con entusiasmo la idea de ser abogado, pero me duró poco; ya envalentonado porque no había logrado el infarto de ninguno de mis dos padres, me dije ‘voy a dar un paso más’ y finalmente les dije: “ Además de anotarme para el ingreso de la facultad de Derecho, voy a meterme en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático”. Lo fui planteando así, a pocos. 

– ¿Le han dicho alguna vez que se parece a Roberto Benigni o es una apreciación mía?

 – Voy a ver en la computadora a ver si he anotado cuantas veces me lo han dicho (risas), es que han sido muchas. Es más, tengo una anécdota que en Argentina ya se conoce mucho: cuando fuimos a la gala de los Óscar por “El hijo de la novia”, hace 21 años, tres años antes había ganado “La vida es bella”, de Benigni, que no pasó desapercibido porque fue saltando por las butacas y a los norteamericanos le pareció maravilloso y lo adoran. Tres años después estoy yo parado con un periodista del diario “Clarín” en la alfombra roja y viene alguien que me dice, excitado, si me podía sacar una foto con él porque su madre era italiana y se moría de admiración por mí (por supuesto me confundió con Benigni), así que me saqué la foto con él. No me imagino la decepción de la madre al verla. En Argentina después de esta anécdota, que el periodista aprovechó para sacar en el diario, imagínate si se conoce lo de mi parecido.

"Creo que el voto a Milei fue el triunfo de la esperanza sobre la experiencia. Creo que ya tuvimos experiencias similares en Argentina y no dejaron un saldo positivo, pero ojalá me equivoque”

– ¿Cómo ve la situación política argentina con la llegada a la presidencia del gobierno de Javier Milei?

– Ya tengo una edad y un recorrido en la vida, aunque por supuesto no sé nada, y creo que sin tratar de subestimar el voto a Milei, que fue mayoritario, diría que es el triunfo de la esperanza sobre la experiencia. Yo, que tengo experiencia y en algunos aspectos no tanta esperanza, creo que ya tuvimos experiencias similares en Argentina y según mi criterio nunca dejaron un saldo positivo. Ojalá me equivoque, lo digo con todo el corazón. También es cierto que las otras políticas tampoco dejaron un saldo positivo, sí cosas individuales en derechos. Mis amigos españoles actores ven similitudes con lo que está pasando en España y yo les digo que no es exactamente igual porque ahí las instituciones están más fortalecidas y la Unión Europea cuenta con organismos de control fuertes para que el juego democrático sea lo mejor posible. Aquí en Argentina estamos con un 40% de pobreza y un 10% de marginalidad; yo no estoy dentro de esos porcentajes y de ninguna manera me siento con la autoridad como para juzgar el voto de nadie, intentan votar con la esperanza y yo no quiero contrariar eso, ojalá que su esperanza le gane a lo que es mi experiencia.

– Hablando antes de las elecciones con la actriz argentina de ascendencia gallega Esther Goris, decía que echaba de menos el posicionamiento del mundo de la cultura en el bloque de la izquierda para frenar a la extrema derecha. ¿Opina lo mismo?

– En general en estas últimas elecciones, si hablamos en términos de derechas e izquierdas, las únicas opciones que había para votar mayoritariamente eran de derechas, con distintos matices pero de derechas. La izquierda en Argentina, que sacó entre un 2 o un 3% de votos, tiene como veinte variantes distintas y no se ponen de acuerdo para defender una idea. Por otra parte, es cierto que a mí Milei en la campaña electoral me daba pánico, pero cuando entró en el balotaje moderó sus expresiones y ojalá siga moderándolas e incluso también alguna de sus políticas. Hay mucha gente necesitada que precisa que se ocupen de ella.

– ¿Le veremos pronto por España?

– Siempre entra dentro de mis planes. Tengo la esperanza de ir en el segundo semestre de 2024, dependiendo de las fechas del rodaje de la película con Campanella. La extraño. Lo que me sucede desde hace unos años es que cuando estoy en España un tiempo seguido extraño Argentina y cuando estoy en Argentina extraño España. No sé si es una fortuna o es que soy un emigrante permanente que siempre esta traqueando y con la morriña.