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Faro de Vigo

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Francisco Leiro Escultor y pintor

“El sentido del humor es fundamental en mi obra y en mi vida”

“Hay mucha gente a la que una obra, en principio, no le gusta, pero cuando se acostumbra a ella, cuando la ve todos los días…¡ni se te ocurra quitársela! Creo que eso es, en parte, lo que ha ocurrido en Vigo con O Sireno”

Francisco Leiro ante las obras "O Sireno", dos secuencias de "O bañista do Areal" y una la pieza "O home de pau" que se expone en el MARCO R. Grobas / J. Lores / FDV

Aunque ya expuso anteriormente en tres galerías comerciales de la ciudad, esta es la primera vez que Francisco Leiro (Cambados, 1957) protagoniza una muestra individual en el Museo de Arte Contemporánea (MARCO). La exposición, titulada “O Antropomórfico, 1982-1922”, está constituida, describe, “por una tipología de piezas que parten de una serie de dibujos que hice durante un viaje a México, en una etapa en la que mis obras dejan un poco atrás su carácter narrativo para acentuar más su aspecto antropoformo; se trata de una rama en la que, desde entonces, sigo trabajando de manera intermitente”. Leiro no esconde que, para él, Vigo es un lugar muy especial, no en balde aquí radica su escultura posiblemente más famosa, O Sireno, así como dos piezas que representan sendas secuencias de una misma obra, “O bañista do Areal”, que creó dentro del proyecto “Abrir Vigo al mar”.

–La sede de esta exposición es el MARCO, antigua cárcel franquista. ¿Ha influido en la selección de las obras para la ocasión?

–Más que la historia del edificio, lo que me ha influido han sido los espacios que, sí, efectivamente, se basan en la antigua cárcel y conservan la memoria humana y política de todo aquello que ocurrió allí, pero confieso que no he reparado, ni me ha interesado ese aspecto en este caso sino, reitero, más bien las características, crudas y puras, de las salas, así como, obviamente, su estructura. A eso es a lo que sí he tenido que adaptarme, como hago siempre, y esta vez incluso incorporando obras nuevas y piezas que en principio no iban a formar parte de la exposición.

Francisco Leiro conquista el MARCO con su exposición más personal

Francisco Leiro conquista el MARCO con su exposición más personal R. V.

–En “O antropomorfo” hay piezas elaboradas con distintos materiales. ¿De qué factores depende que elija un material determinado cuando le surge la primera idea de la obra que va a crear?

–Normalmente, la elección me surge en el momento en el que dibujo la obra. Estoy dibujando y ya estoy pensando en las piezas y los materiales, aunque también es cierto que en la elección de en estos últimos influye la volumetría.

–Le he escuchado afirmar que “el buen arte es aquel que no se ve a primera vista”. ¿Es esta la explicación del por qué O Sireno desató tanta polémica en su momento, pero acabó triunfando?

–A esa frase hay que añadir “y que no se se siente” porque el arte no solo hay que verlo, sino también sentirlo. Pero en esto de valorar si la obra es buena o no, a la vista y al sentimiento habría que sumarle la costumbre. Hay mucha gente a la que una obra, en principio, no le gusta, pero cuando se acostumbra a ella…¡ni se te ocurra quitársela!

–Entonces algo de eso es que ha ocurrido con O Sireno.

–Sí, se trata, más que de una razón estética, una razón de hábito.

Francisco Leiro ante una de las piezas que expone en el MARCO. Ricardo Grobas

"La única frontera del arte es el arte malo pero, claro, esto es algo muy subjetivo, porque el arte es libre. Hasta tal punto que el más mínimo gesto humano es arte”

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–Sus obras han estado presentes en varias ediciones de ARCO, un evento rodeado de polémica en el que suele debatirse sobre cuáles son las fronteras del arte o qué es arte y qué no lo es. Le “traspaso” las preguntas.

–El arte no tiene fronteras, empecemos por ahí. La única frontera del arte es el arte malo pero, claro, esto es algo muy subjetivo, porque el arte es libre. En cuanto a ARCO, lo que sucede es que en este evento siempre hay una pieza a la que todo el mundo le hace una fotografía, que se hace famosa, aunque sea una “trapallada”, pero ese debate no tiene nada que ver con lo que es arte y lo que no lo es, sino con lo que es llamativo y lo que no. Confieso que, personalmente, la mayoría de esas piezas “famosas” no me interesan para nada.

–Pero no se atreve a decir que no sean arte.

–No, claro. Arte es todo y todo es arte. Hasta el más mínimo gesto humano es arte. Una paisana que se está atando un paño en la cabeza puede estar creando una obra maestra, un señor que pasea es arte....

Vista frontal de “O Sireno”. R. Grobas

–Sin emoción ¿puede haber arte?

– ¡Vaya pregunta! Pues…¡pienso que sí! Dentro del arte hay muchas tendencias y, a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, ha habido muchísimas. A mediados del siglo XX, por ejemplo, surgió el minimalismo, en el que de lo que se trataba era precisamente de que no hubiese emoción, ni siquiera un atisbo de expresividad… Lo que quiero decir es que, haya o no haya emoción, todo depende de las pretensiones del artista y, así, hay arte frío y arte visceral, arte conceptual, arte político, arte popular…en fin. Que hay de todo.

–El artista profesional crea, entre otras razones, para vender, para poder comer ¡vaya! ¿Guarda usted en su casa-taller de Cambados alguna pieza que no venderá nunca?

–Conozco a muchos amigos artistas que lo hacen, pero no es mi caso. Tengo muchísimas obras en casa por la sencilla razón de que, cuando fueron expuestas, no se vendieron. O sea, que lo que tengo en casa son stocks.

–Visto con la distancia geográfica y temporal suficiente, ¿qué diferencia hay entre el Leiro pre-Nueva York y el Leiro pos-Nueva York?

–Creo que ninguna. Yo nací en Cambados y siempre que ido a algún sitio, he retornado a Cambados, de manera que mientras estaba en un sitio también estaba en el otro. En la etapa de Nueva York dividía los años en dos partes: seis meses en Nueva York y los otros seis en Cambados, o en Madrid. Y nunca me he ido del todo de Cambados ni de Galicia. En esta exposición, hay varias piezas que hice en Galicia, en Madrid o en el mismo Nueva York, y todas son de la misma familia. Curiosamente, en mi estadía en Nueva York pillé un poco de aire caribeño en vez de anglosajón, porque a mí el mundo latinoamericano siempre me interesó mucho.

–Pero algo le habrá quedado de esa experiencia vital que llaman “vivir en Nueva York”.

–En la época en que yo estuve allí, años 80, Nueva York estaba considerada el epicentro del mundo del arte. Pero, claro, aquel era el Nueva York pre-Internet. Yo tuve la suerte de vivir los últimos años de aquel Nueva York que había heredado la capitalidad cultural de París, cuando aún era una ciudad a la que los artistas iban a vivir y a trabajar. Hoy en día eso ya no se da. Los artistas van allí, exponen 15 días, y luego vuelven.

–¿Y eso es malo?

–No, no, en absoluto. Estamos en la era de Internet, puedes viajar a donde quieras sin necesidad de moverte de casa.

Las dos secuencias de “O bañista do Areal”. J. Lores

Las dos secuencias de “O bañista do Areal”. J. Lores

–¿Qué papel juega el sentido del humor en su manera de entender el arte?

–Un papel importantísimo y al que llego, sobre todo, a través de la mirada irónica del surrealismo. Para mí, el humor es fundamental en el sentido de que en la escultura de la representación humana, desde la Antigüedad, cuando la subes de escala parece como que estás ensalzando al hombre, que estás homenajeando al personaje en cuestión, ¡que hasta le dedicas un monumento! Sin embargo, lo que yo pretendo es quitarle de encima esa seriedad, esa solemnidad…es decir, quiero desacralizar la estatua, gastarle una broma…Y ese es un rasgo de mi obra, que seguramente se debe a que mí, en la vida, también me gusta mucho la broma.

–Es que el humor es tan imprescindible en el arte como en la vida.

–Yo soy de los que piensan así, desde luego.

–O Sireno, O Bañista, O Nadador… Preparando esta entrevista he escuchado que hay quien dice que tiene usted tres obras en Vigo, y quien sostiene que son dos. Aclárenos para siempre: ¿cuántas obras son?

–Son dos, lo que pasa es que una de ellas, a la que yo llamé “O bañista do Areal”, es una sola pieza pero descompuesta en dos secuencias. Es un torso que cae, se sumerge y luego renace en la Praza da Estrela, 200 metros más allá. Antes no se explicaban para nada estas cosas y, por lo visto, hay gente que no sabe cómo era ni qué O Areal, que desconoce la historia de esta ciudad, una historia que, por cierto, es muy interesante, como me he preocupado de comprobar cuando me hicieron estos encargos.

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