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La generación de la democracia retira a la de la posguerra (y se salta a los 'boomers')

El ensayo ‘El peso del tiempo’ sostiene que la generación que hizo la Transición lleva unos años dejando paso en los ámbitos de poder político, cultural y económico

Felipe González y Miquel Roca.

Felipe González y Miquel Roca. / David Castro

Daniel G. Sastre

Cada época deja un sello indeleble en las personas que la habitan. Y esa marca del tiempo, de su tiempo, es más importante en el comportamiento de cada generación de lo que se creía hasta ahora. Es la tesis principal del ensayo 'El peso del tiempo' (Debate), del politólogo Oriol Bartomeus, que, bajo ese prisma, hace un relato del relevo generacional en España. Y llega a conclusiones interesantes, como que la generación que ha llevado las riendas del país hasta hace una década es la misma que hizo la Transición. Y que esos hijos de la posguerra están siendo sustituidos en la sala de mando no por los 'babyboomers', nacidos entre 1960 y 1975, sino por quienes vinieron al mundo ya tras la muerte de Franco.

Bartomeus, investigador en el Instituto de Ciencias Políticas y Sociales y profesor en la UAB, construye su relato sobre los cimientos de una división generacional de nuevo cuño. Muchas instituciones, por ejemplo el Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat, utilizan unos cortes temporales que poco tienen que ver con los acontecimientos del siglo XX español, opina él, sino que están más relacionados con los acontecimientos globales. Así que, para empezar, Bartomeus divide a la población actual en cinco subgrupos que sí tienen en cuenta esa historia reciente local: los nacidos antes de 1939 (generación de la Guerra Civil), los nacidos entre 1940 y 1959 (generación de la posguerra), los nacidos entre 1960 y 1975 (los babyboomers), los nacidos entre la muerte de Franco y la crisis de 2008 (los hijos de la democracia) y los nacidos a partir de 2008.

Su conclusión es que, por diversas circunstancias, la generación de la posguerra ha ocupado durante muchos años los ámbitos de poder (político, económico, cultural, mediático), y que desde hace una década está en retirada. Pero que ese paso atrás no ha provocado la irrupción de los "niños del desarrollismo", nacidos entre 1960 y 1975. Esa generación "no ha acabado de eclosionar como dominante", dice en el libro. ¿Por qué? "Porque cuando era su hora, sus padres estaban aún al mando", añade en conversación con El Periódico, del grupo Prensa Ibérica.

La oferta de yogures y de estilos de vida

Su hora, según Bartomeus, fue por fin en la segunda década del siglo XXI, poco después de la gran crisis económica de 2008. Pero en ese momento, cuando surgió por ejemplo el movimiento del 15-M, "quien toma la delantera son los más jóvenes", los que ya nacieron durante la democracia, que, como grupo humano diferente, tienen distintos valores.

'El peso del tiempo' atribuye a trazos generacionales en apariencia banales cambios profundos en el comportamiento de cada generación. La diferencia entre no tener televisión, tenerla con un solo canal, tenerla con varios canales o la fragmentación de la oferta audiovisual actual, por ejemplo, marca a cada grupo de edad más que otras circunstancias. "Yo defiendo que los jóvenes no votan como jóvenes y los viejos como viejos, sino que la oferta ilimitada (de yogures o de estilos de vida: mis abuelas se casaron para toda la vida, no era concebible otra cosa, mientras que ahora hay muchas más opciones) condiciona más la elección. Hemos pasado en tres generaciones de una vida súper estricta y ordenada a un mundo donde cada noche puedes hacer algo diferente, y nadie te lo echará en cara", dice.

En consecuencia, no es que las nuevas generaciones vayan a hacer necesariamente elecciones políticas diferentes de las de sus mayores, pero sí que esas elecciones serán más cambiantes, porque desde pequeños están acostumbrados a elegir constantemente entre diversas opciones. Otras características de la generación que según Bartomeus está accediendo desde hace una década a los ámbitos de poder son su individualismo (influido por la revolución conservadora de finales de los 70, que condicionó el modelo de sociedad en el que crecieron) y la aceleración con la que consumen y se comportan, influida en gran parte por la transformación tecnológica.

Sin segunda Transición

Sin embargo, Bartomeus no cree que ese relevo generacional en la sala de mando vaya a traer una segunda Transición, que ya se anunció sin concitar unanimidades con la primera victoria del PP en unas elecciones generales, con la irrupción de los nuevos partidos o con la abdicación de Juan Carlos I. "La generación de la democracia tuvo su momento en 2015 o 2016. Hubo un momento en que fue posible el cambio del sistema. Pero el instante se perdió, en parte porque esta generación es profundamente impaciente", afirma. Y añade: "Hay otro elementos que juega en contra de un cambio de sistema que obligue a un nuevo consenso: la imposibilidad de encontrar espacios de acuerdo, porque la polarización es un elemento consustancial a nuestra sociedad. La Constitutión del 78 va a seguir ahí, como un zombi, no porque a la gente le guste, sino porque es imposible ponernos de acuerdo".

"La Constitución del 78 va a seguir ahí, como un zombi, porque es imposible ponernos de acuerdo"

Eso no significa, como proclamaron algunos tras los resultados electorales del pasado julio, que España vaya a volver a los tiempos del bipartidismo: "Estas nuevas generaciones pueden votar a partidos viejos, pero no fidelizarán ese voto. La clarísima recuperación del PSOE entre los jóvenes, sobre todo entre las chicas, ha sido utilitaria para que Vox no imponga una agenda machista. En cambio, los viejos 'eran' de Felipe. Ahora todo es momentáneo".