Guerra en Oriente Próximo

Los militares españoles en el Líbano prevén tres escaladas y posible fuego indiscriminado de Israel

La guerra de Israel con Hamás tiene su eco en la frontera israelo-libanesa en forma de intercambio de cohetes y artillería entre el ejército israelí y la milicia integrista libanesa de Hizbulá

Un soldado israelí guía a un carro de combate en la frontera con el Líbano, el pasado 18 de octubre.

Un soldado israelí guía a un carro de combate en la frontera con el Líbano, el pasado 18 de octubre. / EFE

Juan José Fernández

Una guerra generalizada en territorio libanés y la reactivación de Aníbal, una regla de fuego indiscriminado del ejército israelí, son las peores previsiones que manejan los militares españoles para el flanco norte del actual escenario del conflicto en Oriente Próximo.

Hacen esos cálculos en el día vigésimoquinto del nuevo estallido, cuando la guerra de Israel con Hamás tiene su eco en la frontera israelo-libanesa, la Blue Line, en forma de intercambio de cohetes y artillería entre el ejército israelí y la milicia integrista libanesa de Hizbulá.

La tensión no ha disminuido desde el pasado 8 de octubre, un día después de los iniciales ataques de Hamás a kibutzs israelíes. Hay 10.000 cascos azules de la misión UNIFIL tratando de evitar la escalada, desplegados en la frontera. Entre ellos, 600 paracaidistas españoles de la Brigada Almogávares, que tienen encomendado el control del sector Este de la Blue Line.

En la base central de UNIFIL en la localidad libanesa de Naqura, el estado mayor de la misión, que manda el teniente general español Aroldo Lázaro, trabaja previendo tres posibles escenarios de empeoramiento de la situación.

Los escalones

El primer escenario consiste en un intercambio controlado de fuego, dentro del margen de las reglas de enfrentamiento habituales que han venido observando Hizbulá e Israel. Entre ellas, no atacar a población civil y tratar de limitar el bombardeo con cohetes a la zona de las Granjas de Chebaa, territorio israelí desocupado.

Esta es la actual situación, en la que ya están situados los actores de la zona. Los episodios de enfrentamiento obligan a los cascos azules a refugiarse en búnkeres subterráneos y a suprimir las patrullas a pie: solo salen por la Blue Line a bordo de vehículos.

El segundo escenario se desarrollaría con el mismo actual pulso de cohetes de Hizbulá y respuestas de la artillería israelí, pero con un elemento nuevo añadido: uno o varios ataques preventivos de Israel contra objetivos de la milicia libanesa.

Esas intervenciones podrían desarrollarse mediante raids aéreos, incursiones de fuerzas especiales o bombardeos con drones o misiles. A este segundo escenario, el estado mayor del teniente general Lázaro le concede “posibilidad media”.

El tercer escenario que contemplan los militares españoles en el cuartel general de UNIFIL y en el sector Este de la frontera es una ofensiva israelí de grandes proporciones sobre territorio libanés.

La Fuerza de Defensa de Israel perseguiría la destrucción de la infraestructura de Hizbulá, e implicaría no solo los ataques aéreos, sino también la participación de fuerzas mecanizadas e infantería. De momento, y en contraste con la gravísima situación en el frente de Gaza, en la frontera del Líbano con Israel los cascos azules consideran esta previsión “poco probable”.

El retorno de Aníbal

Aroldo Lázaro, el comandante de la misión de interposición UNIFIL, le resumió estas tres posibilidades este miércoles a la ministra de Defensa, Margarita Robles, y al Jefe del Estado Mayor de la Defensa, el almirante Teodoro Esteban López Calderón, durante una videoconferencia sostenida en el Mando de Operaciones de las Fuerzas Armadas.

A las previsiones en Naqura une en Madrid otra preocupación un experto oficial del Ejército con varias rotaciones en el Líbano: la reactivación de la Directiva Aníbal. Con ese nombre se conoce a un proceder de fuego indiscriminado de las fuerzas israelíes para eliminar el valor estratégico de cualquier secuestro de soldados para el enemigo.

Aníbal manda golpear con todo lo disponible para desactivar el secuestro, por ejemplo, atacar el convoy en el que los secuestradores transporten a sus rehenes aunque eso implique disparar sobre los propios soldados secuestrados.

El contingente español en el Líbano tiene una amarga experiencia de fuego indiscriminado israelí, que costó la vida en un bombardeo artillero al cabo Francisco Javier Soria el 28 de enero de 2015. El incidente fue interpretado por la inteligencia militar española sobre el terreno como consecuencia de una activación de Aníbal.

En 2016, el Estado Mayor israelí difundió que desactivaba la ínstrucción Aníbal. Hoy, a la vista de lo que está sucediendo en Gaza, esta otra fuente militar con ojos puestos allí desde Madrid la considera reactivada de nuevo.

Reglas deterioriadas

La situación en el sur del Líbano no ha alcanzado aún su máximo de peligrosidad. El general que manda a los paracaidistas españoles en el sector Este, Luis Fernández Herrero, ha reportado a la ministra Robles una “escalada ligera a lo largo de estos 25 días”, en la que “la ecuación de enfrentamiento se mantiene contenida”.

Pero en el mismo encuentro, Lázaro subrayó a Robles que las reglas de enfrentamiento en la zona, basadas en un equilibrio entre ataque y represalia, están “cada vez más deterioradas”. En cualquier caso, la cúpula española de UNIFIL considera que, en caso de escalada, los cascos azules no serían objetivo directo de los contendientes.

Los mandos desplegados en Líbano envían mensajes de tranquilidad a los familiares de sus soldados. Entre tanto, están expectantes por el discurso previsto para a tarde de elste viernes (hora local) del líder de Hizbulá, Hasán Nasralá. Lo que diga marcará el futuro del conflicto en el norte de Israel. Puede ser la resolución de lo que el general Lázaro llama “el dilema de Hizbulá: quiere apoyar la causa palestina pero no quiere meter al Líbano en una guerra”.

Lázaro ha ordenado extremar las medidas de seguridad a sus soldados y reducir a lo imprescindible los movimientos logísticos, pero continuar intentando evitar el lanzamiento de cohetes y ayudar a la población civil. Hay 27.000 libaneses desplazados de momento en la zona, y muchos tratan de instalarse junto a las bases de los cascos azules, buscando seguridad.

La clave para el despliegue multinacional es evitar cualquier chispa que pueda elevar la tensión, la comunicación directa con Israel y el gobierno libanés y mantener vivo “el tripartito”. Así llaman en la zona al único punto de encuentro que queda entre Israel y su vecino del norte.