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El laberinto catalán

El 'caso Puigdemont' sacude otra vez a la justicia y torpedea la distensión

La justicia italiana deja en libertad al 'expresident' en pleno embrollo judicial por la vigencia de la euroorden de detención | Sánchez y Aragonès lanzan mensajes conciliadores para intentar proteger la mesa de diálogo de los ataques de Junts

El expresidente catalán Carles Puigdemont.

El expresidente catalán Carles Puigdemont.

Como una auténtica bomba de racimo, la segunda detención de Carles Puigdemont ha producido una cadena de sacudidas en el tablero político y judicial que envuelven en vértigo el recién nacido proceso de distensión y, por extensión, el devenir de las legislaturas catalana y española. La historia se repite con el expresidente de la Generalitat, pero en un contexto muy distinto a aquel marzo de 2018, cuando fue arrestado en Alemania. Entonces no era eurodiputado y ahora sí, lo que ha desatado un enrevesado pulso judicial entre el Tribunal Supremo y los abogados del líder de Junts para convencer, en esta ocasión, a Italia de que lo entregue o lo deje en libertad. Y ahora, a diferencia de la crispación de hace tres años y medio, Gobierno y Generalitat se acaban de anclar a una mesa de diálogo que este viernes han intentado proteger de una tormenta del todo imprevisible.

El desenlace de esta nueva convulsión del 'procés' se prevé largo. Hasta el 4 de octubre como mínimo. El Tribunal de Apelación de Sassari, la localidad de Cerdeña a cuya prisión fue trasladado Puigdemont tras ser detenido a última hora del jueves en el aeropuerto de Alghero, ha dejado en libertad provisional al 'expresident', sin medida cautelar alguna, hasta que ese 4 de octubre resuelva sobre la euroorden de entrega que este mismo viernes le ha remitido el juez del Supremo Pablo Llarena, instructor de una causa que ya le ha valido varios rapapolvos de tribunales europeos en los últimos años. Los magistrados italianos contrastarán esta solicitud con los argumentos de la defensa del líder de Junts, basados en que esa euroorden estaba suspendida desde que el Tribunal General de la Unión Europea (TGUE) retiró en julio la inmunidad al eurodiputado.

La batalla judicial está sembrada de dudas e interpretaciones radicalmente opuestas. Existen, al menos, tres versiones. El Supremo sostiene que siempre mantuvo vigentes las órdenes de detención. Pero la defensa de Puigdemont replica que España, a través de la Abogacía del Estado, informó al TGUE de que ningún país ejecutaría una orden de estas características, pero, en realidad, el Supremo jamás dictó un escrito retirando las órdenes de arresto (la prueba es que cuando Puigdemont embarcó en Bruselas, Italia recibió el aviso de que iba a aterrizar en su territorio un ciudadano con una requisitoria judicial pendiente). La tercera versión, en la línea de la anterior, es el propio auto de julio del Tribunal General de la UE, que para quitarle la inmunidad al 'expresident' alegó que no corría riesgo de ser detenido porque España le había comunicado que "la ejecución de las euroórdenes" había quedado "suspendida".

En toda esta maraña interviene un factor clave: todo el procedimiento contra Puigdemont está pendiente de dos fallos del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) --máxima instancia judicial comunitaria--: el recurso de fondo del líder de JxCat contra la retirada de la inmunidad y la resolución de la cuestión prejudicial que planteó Llarena, tras tantos reveses europeos, para aclarar las razones que permiten rechazar una extradición. A estas incógnitas puede aferrarse Italia para sortear un asunto tan espinoso.

El juez Pablo Llarena. EFE

Esa es la carta que va a jugar ahora Puigdemont, porque el mismo tribunal que le retiró la inmunidad le indicó que, en caso de ser detenido en algún país de la UE, podría solicitar de nuevo medidas cautelares para que le devuelva la prerrogativa que lleva aparejada a su escaño. En caso de que el tribunal europeo accediese a la petición del 'expresident', el proceso abierto en Italia quedaría paralizado y a expensas de que el TJUE esclareciese la vigencia de la euroorden. Mientras tanto, la justicia italiana ha optado por dejar libre a Puigdemont, quien ha podido hasta ahora moverse, por ejemplo, por Francia sin ningún problema. Y es que Francia, con Estrasburgo como sede parlamentaria, aparecía mencionado expresamente en el auto del TGUE como país en el que le cubría la inmunidad parlamentaria para cumplir con su función como eurodiputado.

Esta alambicada madeja judicial, que no empezará a desenredarse hasta al menos el 4 de octubre, golpeará a los gobiernos central y catalán justo en unos días de gran voltaje político. La próxima semana, Pere Aragonès se enfrenta a su primer debate de política general en el Parlament, una cita en la que confiaba en poder exhibir la enésima tregua entre ERC y Junts tras la crisis por la mesa de diálogo. Una imagen de unidad que quiso evidenciar ya este viernes compareciendo junto a todos sus 'consellers' para expresarle a Puigdemont su apoyo y complicidad. Pero también dejó patente su voluntad de no desviarse ni un ápice del camino del diálogo, vía de la que había abominado pocas horas antes algunos miembros del Govern, de JxCat, que le acompañaban, como el vicepresidente Jordi Puigneró, quien se sumó a la protesta de la ANC.

El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. EP

A una semana del cuarto aniversario del 1-O, la detención de Puigdemont ha brindado a las entidades independentistas y al Consell per la República una oportunidad de oro para reavivar la llama de las movilizaciones contra el Estado... y contra la estrategia dialogante de ERC. Aragonès no dio por roto el diálogo y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, optó por un mensaje prudente y conciliador, a favor de la distensión, aunque sin dejar de defender que Puigdemont debe someterse a la justicia. Lejos queda aquella promesa preelectoral de Sánchez de traer al líder de Junts de vuelta a España para ser juzgado. Ese escenario podría ser ahora letal para la estabilidad de su Gobierno, en cuyo seno convive un socio, Unidas Podemos, crítico con la judicialización del 'procés', y que depende de Esquerra para conseguir un oxígeno mucho más importante a corto plazo que la mesa de diálogo: los Presupuestos.

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