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En la trinchera del aceite de oliva

El campo adapta sus cultivos ante la presión de la inflación climática

Cabacés, el pueblo que resiste a desaparecer luego de tres años de sequía.

Cabacés, el pueblo que resiste a desaparecer luego de tres años de sequía. / EL PERIÓDICO DE CATALUÑA

María Jesús Ibáñez

De los 300 habitantes que tiene Cabacés (Priorat), un total de 230 son socios de la cooperativa agraria. El pueblo vive del campo. Y exclusivamente de la producción de aceite, "el único cultivo que se adapta bien a este terreno y a esta climatología", explica José Antonio Robles, presidente de la entidad. Pero la sequía, que lleva tres años castigando a este rincón de la denominación de origen virgen extra Siurana, "ha dejado a varias familias de la localidad sin ningún ingreso este año", prosigue Robles. La cosecha va a ser este 2023 un 80% inferior a lo normal y eso ha obligado ya a la cooperativa a subir el precio del aceite un 73%. "El año pasado la garrafa de cinco litros la vendíamos 29 euros... Ahora la hemos tenido que subir a 50", detalla.

El aceite de oliva es un ejemplo clarísimo para entender qué significa la inflación climática. En un solo año, el producto ha incrementado su precio de venta al público en un 73% por culpa de las escasas cosechas que ha habido en los últimos años. El impacto de la sequía y de las altas temperaturas en las zonas productoras ha sido determinante, porque además de reducir la cifra de litros producidos, ya que los olivares no han dado tantas aceitunas como cuando se riegan, los estocs que había disponibles se han agotado.

En Cabacés pueden dar buena cuenta de ello. "El año pasado se terminó el agua y nos cerraron la presa de Margalef, de la que nosotros nos suministramos. Los árboles, al no recibir el riego suficiente, no consiguieron que las flores cuajaran y, por tanto, no llegaron siquiera a formarse las aceitunas", cuenta el presidente de la cooperativa. "Y las pocas que sí lograron tirar adelante, han madurado mal y ahora dan poco aceite", argumenta el productor, mientras supervisa los trabajos de recolección de las aceitunas de una de sus fincas, metida ya en plena sierra del Montsant.

"Estábamos por debajo de costes"

"Ahora, es verdad, estamos por encima de costes, pero antes, dos años atrás, estábamos bastante por debajo", aclara Robles. De todos modos, subraya, no son los productores ni las cooperativas agrarias los que fijan el precio del supermercado. "Lo que paga la gente en la ciudad es lo que han decidido los intermediarios", recuerda. Si ellos han aumentado precios en la venta directa, que realizan en la tienda de la cooperativa, ha sido casi por una cuestión de supervivencia. La viabilidad de la entidad y de las familias que viven en Cabacés estaría (y está aún) en entredicho. "Un año normal aquí obteníamos entre un millón y 1,2 millones de kilos de olivas... Este año se quedará sobre los 250.000 kilos".

Los costes de producción en las parcelas de Cabacés son elevados y difíciles de reducir. "Está estudiado -señala Robles-, que desde que aparece la flor del olivo hasta que el fruto llega al molino, cada payés tiene unos gastos aproximadamente de 33 céntimos por kilo de aceituna". Esto es así porque como las fincas son pequeñas y el terreno escarpado, los trabajos se han de realizar manualmente y es difícil la mecanización. Esos importes, aunque no son específicamente climáticos, también se repercuten en el precio que paga el consumidor por el aceite.

Un producto ecológico

Una de las soluciones por las que han apostado los agricultores de Cabacés para tratar de rebajar esos gastos es la producción ecológica. "Por sí solo, en este entorno, la biodiversidad de los bosques ayuda a que los árboles y la fruta que nace de ellos no necesiten de los fertilizantes que sí se usan en otros lugares", señala Robles. "Podemos hacer cosechas de producción ecológica sin ningún tratamiento previo", agrega.

Asesorados por el Institut de Recerca i Tecnologia Agroalimentàries (IRTA), un centro de investigación que depende de la Generalitat, los payeses de Cabacés están trabajando en otro flanco para tratar de que la crisis climática no les penalice aún más. "Aquí cultivamos tres variedades de aceituna. La mayoritaria es la arbequina, que es la más habitual. Pero después tenemos la conocida como 'rojal', que es la que plantaban nuestros antepasados en los puntos más fríos, porque es una aceituna que aguanta más las bajas temperaturas y que da un aceite diferente, más amargo, más picante", indica Robles, que explica que ya son varios los agricultores del pueblo que se han animado a plantar olivos 'rojal', para recuperar, de paso, la especie. "Y también está la 'negreta', que esta sí que es ya más minoritaria".

Con todo ello, y con un programa de impulso oleoturístico que dirige la técnica de la cooperativa Núria Bru, Cabacés está tratando de asegurar su futuro y evitar la huida de las familias jóvenes. "Si somos los garantes del territorio, los que hemos de velar porque estos paisajes sigan así, hemos de actuar ya", reivindica Robles.