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Conflictos laborales

10 gráficos para entender por qué media Europa está en huelga (y España no)

Las calles de Francia arden contra la reforma de las pensiones y Alemania y Francia viven sus propias protestas para reclamar mayores salarios

Despliegue policial durante una protesta contra la reforma de las pensiones en París, Francia Gerard Cambon

Arden las calles de Francia desde hace semanas contra la reforma de las pensiones. Las carreteras de casi toda Alemania quedaron cortadas este pasado lunes con una huelga del transporte público -la primera en décadas- para reclamar mejores salarios. Y otra estampa parecida se ha vivido en Portugal, donde los trabajadores del transporte, la educación y la sanidad escalan un conflicto -que lleva meses cociendose- hasta niveles de adhesión parecidos a los de los años de la troika. Y al otro lado del canal de la Mancha, el primer ministro del Reino Unido, Rishi Sunak, prácticamente estrenó el cargo con una ola de huelgas en el sector público a principios de año.

Mientras media Europa sale a la calle, España constituye un ‘oasis’ de paz social, con la menor incidencia de las huelgas en décadas y un idilio entre el Gobierno y los sindicatos, que han acordado durante esta legislatura todas y cada una de aquellas materias sobre las que han negociado. ¿Por qué esa ‘excepción ibérica’? ¿Tienen más motivos los franceses, alemanes, portugueses y británicos para salir a la calle que los españoles?

Si el grado de protestas sociales fuera directamente proporcional a las condiciones socioeconómicas de cada país sería incomprensible que las manifestaciones multitudinarias estén en el norte de Europa y no en el sur. España registra las tasas de paro paro juvenil más elevadas del 'Viejo Continente', una de las mayores proporciones de trabajadores pobres, es decir, que pese a que tienen un empleo no llegan a final de mes y una de las edades de jubilación más elevadas.

Es decir, de los motivos por los que franceses, alemanes, portugueses y británicos están saliendo a la calle, los españoles van históricamente más cargados. No obstante, las raíces de toda protesta no son solo materiales. Si no que se lo digan a Karl Marx, que pronosticó que la revolución comunista surgiría en la industrial Alemania y acabó ocurriendo en la agraria Rusia. Las condiciones subjetivas y la perspectiva son también determinantes. No influye solo dónde estamos, sino desde dónde venimos.

La inflación lleva más de un año castigando a los trabajadores de toda Europa, especialmente acentuada tras el estallido de la guerra de Ucrania. El coste de la vida cada día es más caro y ello no da señales de remitir a corto plazo, a tenor de los recientes datos de inflación subyacente. No obstante, durante los últimos meses el IPC se ha moderado con mayor intensidad en España que en el resto de países de la zona euro. Alemania, Reino Unido y Portugal registran actualmente tasas sensiblemente más elevadas que España.

Los españoles han visto cómo la vida se les encarece y que sus salarios, mayoritariamente, no suben al mismo ritmo. No obstante, desde el Gobierno han ido aprobando una serie de medidas, como la bonificación de 20 céntimos a los carburantes o la rebaja del IVA de los alimentos que "si bien no corrigen esa situación de pérdida de poder adquisitivo, sí han tenido cierto efecto y han dado la sensación a la gente de que desde el Gobierno se están haciendo cosas para intentar paliar la situación", considera el catedrático de economía aplicada de la UB, Raúl Ramos.

Las protestas más mediáticas estos días se ubican en Francia, donde Emmanuel Macron ha retrasado unilateralmente la edad de jubilación de los 62 a los 64 años. El país galo transita estos días caminos por los que España hace días que pasó y restringe derechos a sus pensionistas -en aras de la sostenibilidad colectiva del sistema- que España hace días que restringió. Las protestas de estos días contra el inquilino del Elíseo no son muy diferentes -tal vez sí más efusivas y prolongadas- que las que vivió Mariano Rajoy en el 2013, cuando recortó a futuro las pensiones.

La edad legal de jubilación en España está en los 67 años, una de las más elevadas del 'Viejo Continente', herencia del último Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que en 2011 logró pactar con sindicatos y patronal elevar ese umbral de retiro. Frente a ese consenso español, Macron se ha encontrado unos sindicatos contrarios a sus tesis y que están plantándole batalla en las calles para tratar de obligarle a renunciar a su reforma.

Poco tiene que ver la reforma aprobada este pasado jueves por el Congreso con la francesa. "La reforma diseñada por el ministro [José Luis] Escrivá ha sido mucho más gradual y la gente no la ha percibido como un recorte, ya que reparte los costes bastante", considera Ramos. Los cambios se centra en aumentar las cargas a las empresarios y, en menor medida, a los trabajadores y llega mezclada con una revalorización de las pensiones según el IPC. Que a 10 millones de jubilados les hayan subido las pagas un 8,5% este año no constituye combustible para salir a la calle a protestar.

Los sindicatos españoles argumentan que la menor conflictividad en España no se explica tanto por las comparativas entre países, de las que España sale históricamente mal parada, sino cómo han evolucionado estas en los últimos años. "El estallido social se ha frenado, en parte, gracias al acuerdo en la reforma laboral y en la de pensiones. Pero ese estallido puede acabar precipitándose si no hay un acuerdo con la patronal sobre salarios", apunta la secretaria de política sindical de UGT de Catalunya, Núria Gilgado.

Que España es el país con mayor tasa de desempleo en la Unión Europea es un dato objetivo. Que ahora mismo la cifra total de ocupados en España está en máximos históricos, también. "En 2022 los datos de contratación, con la reforma laboral, son magníficos. Miles de jóvenes han tenido por primera vez un contrato indefinido. Eso genera una sensación de cambio, de que pese a todo, vamos a mejor", apunta la secretaria de acción sindical de CCOO de Catalunya, Cristina Torre.

Otras voces apuntan a que esa menor conflictividad social se debe a un modelo sindical en España más tendente al pacto y no tanto al choque, a diferencia de otros países, como Francia. O que tienen un menor músculo organizativo, comparado con las cifras de afiliación como las de Alemania. El cóctel entre altos niveles de desempleo y pocos empleos vacantes no contribuyen a reducir el miedo de los trabajadores menos imprescindibles a ser despedidos si protestan.

"Nuestro modelo productivo es muy distinto, con un peso mucho mayor de las pymes y del sector servicios, donde históricamente los niveles de sindicalización son mucho menores que en la gran empresa y la industria", apunta la presidenta de la comisión de relaciones laborales del Col·legi d'Economistes, Nieves Rabassó.

Uno de los focos de las protestas en Europa está en el sector público, como en los casos alemán y británico. Mientras allí las centrales han buscado el choque con sus Gobiernos -tanto contra el socialdemócrata Olaf Scholz como contra el 'tory' Rishi Sunak-, en España los sindicatos mayoritarios han alcanzado acuerdos con Pedro Sánchez. Los sueldos de los funcionarios subirán hasta un 9,5% acumulado entre 2022 y 2024, una cifra que a corto plazo supondrá una pérdida de poder de compra para los empleados públicos, pero que las centrales confían en que se diluya en el global del acuerdo.

Otro amortiguador de las protestas está en las recientes subidas del salario mínimo interprofesional (SMI) aprobadas por el Gobierno de Pedro Sánchez. El Ejecutivo ha hecho bandera política con ello y aquellos trabajadores más precarios han visto cómo su umbral mínimo de ingresos ha aumentado sensiblemente durante los últimos cinco años. Desde que Sánchez está en Moncloa el SMI, hoy en 1.080 euros brutos (en 14 pagas) ha subido casi un 50%, el mayor incremento de entre Alemania, Francia o Portugal. Pese a ello, España sigue teniendo una de las mayores tasas de pobreza laboral de toda la UE.

El único flanco por donde los sindicatos españoles amenazan con romper ese oasis social está ahora en el sector privado. CCOO y UGT no están logrando alcanzar con la gran patronal CEOE un acuerdo de salarios. De momento se han dado hasta el Primero de Mayo para negociar, si bien han amenazado con escalar los conflictos sectoriales si pasada esa fecha no ven visos de acuerdo.

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