Dime cómo hablas y me dirás cuántos años tienes

La forma de comunicarnos a través de herramientas como el Whatsapp opera con suma frecuencia como marca de agua de nuestra generación tecnológica y sello personal

Las generaciones más jóvenes tienden a comunicarse por ‘stickers’.

Las generaciones más jóvenes tienden a comunicarse por ‘stickers’. / Ana Cela

Ana Cela

Ana Cela

Dime cómo hablas y me dirás cuántos años tienes. No se trata de cómo nos expresamos verbalmente, sino de qué modo nos comunicamos a través de redes sociales tan sumamente popularizadas como el Whatsapp. Las opciones son muchísimas, casi tantas como las posibilidades de que metamos la mata con nuestro interlocutor sin pretenderlo y –muy probablemente– sin llegar a saberlo. Y es que cuando hablamos de los nuevos modos de comunicación hay que tener en cuenta no solo las palabras que antes escogeríamos para dejar una nota o escribir una carta, sino también los emoticonos, los gifs, los stickers o los audios. Funciona casi como una marca de agua: nuestra forma de comunicarnos en estos soportes cambia en función de a qué generación tecnológica nos vinculemos y, como no podía ser de otro modo, también varía en consonancia con nuestra personalidad. Que una imagen vale más que mil palabras puede ser muy cierto, pero que una palabra inocente puede calificarnos justo después de pulsar el botón de enviar parece que es, también, mucho más evidente de lo que pensamos.

Actualizados Comunicación es una empresa de A Estrada especializada en marketing digital gestión de redes sociales. En estas oficinas todas las trabajadoras son expertas en comunicación y, de manera especial, en aquella que se canaliza a través de soportes que tienen dos características muy marcadas: la inmediatez y una interacción completamente virtual entre emisor y receptor. Son dos condicionantes muy serios que, incluso en el plano coloquial, conviene no banalizar.

A hora de abordarlos, uno de los aspectos que enriquecen este equipo profesional es el hecho de que conviven “milennials” –nacidos entre 1980 y 1994– y “generación Z” (integrada por quienes nacieron entre 1994 y 2010). Incluso entre grupos de edad no tan distantes, la forma de comunicarse a través de Whatsapp u otras redes es diferente.

Aquí van algunas de las claves:

  • Poner “ok” es ser borde. Es una cuestión puramente generacional. Los milennials no ven absolutamente nada anormal en contestar a un mensaje con un simple “ok”. Sin embargo, un receptor de la generación Z o, incluso algunos anteriores, verán en esta respuesta una manera seca y casi grosera de contestar. Solo puede empeorar si colocas un punto justo después del ok. “Poner ok es ya escueto de por sí pero, si colocas un punto, que no sueles emplear cuando escribes en Whatsapp, es tomarse la molestia de zanjar la conversación”, explica Tania Neira, desde Actualizados Comunicación. Indica, seguidamente, que la cosa cambia si se sustituyen esas dos letras, que no dejan de expresar conformidad, por la variante “oki” u “okey”. “Eso está bien, se acepta”, resume, trasladando la impresión de que realmente existe un código no escrito que muchos ignoramos por completo. Para quienes piensen que la cuestión es opinable, existen estudios que indican que las personas de entre 20 y 30 años no responderían solo con un “ok”, una fórmula que sí se extiende, en cambio, de los 30 para arriba.
  • Nada de pulgares. He aquí otro asunto que genera controversia. Muchos verán en el emoji de una mano con un pulgar hacia arriba una forma de expresar concordancia o aprobación. Pues, ojo: “un pulgar hacia arriba es ser un borde”, resume Laura López. La experta añade que escoger este emoticono es decirle a la persona que te habla que no tienes ganas de contestarle de manera más detenida y que quieres que la conversación termine ahí. “Nosotras somos de una generación en la que el espacio era algo muy importante. Pasaba con los SMS, que si te excedías pagabas dos mensajes. La generación Z no vivió esa época y no buscan optimizar espacio”, explica la periodista Silvia Alende, una de las fundadoras de Actualizados.
  • La risa “carca”. La risa que escojamos para trasmitir que algo nos hace mucha gracia a través de un emoticono puede, también, retratarnos a ojos de algunos receptores. Estas expertas señalan que las generaciones más jóvenes no tienen tendencia a utilizar la cara ladeada riéndose y entenderán que es la risotada de un ‘carca”, aun cuando haya gente que la selecciona para expresar que se parte de risa. “La gente de más de 30 años tiene tendencia a escoger una risa y la de menos, otra”, indican. En este contexto, Tania Neira añade que lo que sí es habitual en este tipo de comunicación es alternar, como si se tratase de buscar palabras sinónimas, por ejemplo escribiendo “jajajajaja” y luego emoticonos con distintas sonrisas, o viceversa.
  • Solo stickers. “Hay veces que mantenemos conversaciones empleando únicamente stickers. De hecho, hasta en la vida real hacemos alusiones a stickers o memes, y creamos los nuestros propios”, indican las generaciones más jóvenes de Actualizados Comunicación. Explican que estas imágenes se han vuelto indispensables en la forma de comunicarse de los Z y también entre los más precoces de la generación Alpha (nacidos desde 2010). “Son la versión mejorada de los gif y no necesitan añadirle nada porque la imagen ya lo dice todo”, expone Neira. Ejemplifican hasta qué punto se ha popularizado esta forma comunicativa, que ya hasta adquiere acento grupal y local. Son muchos los estradenses que tienen guardados en su móvil stickers con la imagen del alcalde, José López Campos, o con la del párroco, José Antonio Ortigueira. Y no son los únicos. Ya en contextos más privados los hay con personas del día a día comunes a determinados grupos, como puede ser una amiga determinada o el camarero del bar al que suelen acudir. Para crear estas píldoras de comunicación hay muchísimas aplicaciones. Sin embargo, los usuarios echan en falta –detallan desde Actualizados– una mejor forma de poder organizar los stickers que se reciben de otros emisores. “Con ellos el texto se limita a rellenar lo que no se entiende y sirven para reforzar el tono de la conversación y evitar ambigüedades”, dicen.
  • Los audios. También los mensajes de voz generan disparidad de opiniones. Sin embargo, aquí las expertas consideran que usarlos no es ya un rasgo generacional, sino una marca personal. No todos los receptores los acogen de la misma manera. “No deberían existir”, opina, entre risas, Laura López. “A mí me gustan, porque puedo reproducirlos mientras hago otra cosa, algo que sería imposible si tengo que leer el texto largo que supondrían”, comenta, en cambio, Tania Neira. ¿Por qué mandar audios en lugar de llamar? “Es más fácil y más rápido porque, si llamas, tienes que darle tiempo de réplica a la persona con la que hablas, de manera que necesitarías más tiempo”, resume Alende. “Para mí si duran más de 40 segundos es un exceso”, establece López.
  • Del “textaco” a la lista de la compra ¿Tienen que ser los mensajes de Whatsapp cortos? Hay muchos usuarios que toleran mal los “textacos”, pero otros muchos lo que llevan mal es la “lista de la compra” de muchos mensajes cortos seguidos, que estén generando un sonido constante de notificaciones, para quienes las tengan activadas. “En este caso no depende de la generación, sino del perfil de persona”, exponen. Hay que pensar entonces en el nivel de confianza y conocimiento de la persona a quien se dirige el mensaje.
  • La frecuencia. Aquí sí que hay diferencia en función de la edad. Para los más jóvenes, es habitual tener un mensaje sin leer varios días o, incluso, una semana, en especial si se trata de amigos con los que no se habla muy frecuentemente. Esto sería algo totalmente impensable para receptores de mayor edad, que ven en no responder a un mensaje una conducta muy poco educada o descortés. “Hablamos cada vez más espaciados en el tiempo. Creo que una parte de esta comunicación continua saturó un poco”, indican las Z. “Es casi contradictorio, como volver a tiempos previos a la invención del propio Whatsapp”, observa la milennial Silvia Alende.

Al final, va a tener razón el eslogan publicitario y, por encima de modas y costumbres, lo importante es, sencillamente, poder hablar.