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La nostalgia se vuelve cara con las fotos de carrete

La moda analógica pasa factura, escasea la película y los precios se disparan, pasando de 6 a 20 euros en a penas tres años

Carretes a la venta en Dispara. | //TONO ARIAS

Hace diez años pocos se imaginaban que llegaría el día en el que los carretes de foto volverían a tener una alta demanda. En 2012 cerraba Kodak tras irse a la quiebra y con este emblema de la analógica parecía que esta práctica quedaría reducida a un grupo reducido de expertos y artistas. No obstante, con el auge de las redes sociales hace cerca de un lustro empezó a darse un fenómeno curioso: el “film” volvía a ser tendencia entre la gente joven. Quizás por la nostalgia que despiertan sus colores o la estética que recuerda a esas instantáneas en los álbumes de foto de la infancia, pero los milenials y la generación ceta decidieron desempolvar las cámaras viejas y sacarlas a las fiestas, a los viajes, o simplemente a cualquier otro plan.

¿Cuánto va a durar esta fiebre por el carrete? No se sabe, pero lo que sí puede decirse es que sus efectos ya empiezan a notarse, y es que si hace escasos tres años un carrete de 36 disparos rondaba los seis euros, ahora supera los diez y algunas marcas incluso pueden irse a 20. El fotógrafo estradense Tono Arias, al frente de la galería Dispara, achaca este hecho a la especulación: “quieren aprovechar el tirón, saben que la analógica tiene los días contados, sobre todo en color”. En concreto, Arias explica que a la vista de que los carretes como los conocemos hasta ahora “tienen cuatro o cinco años más y se acaban” las empresas están intentan lucrarse lo máximo posible ahora, de modo que aumentan los precios pero mantienen una producción baja. Por lo que entre las pocas existencias, difíciles de conseguir y el precio que estipulan las propias marcas, el “film” se ha vuelto cada vez más cara y por si fuese poco, escasea.

En Bernabé A Estrada explican que “tardan meses en mandar alguno, están agotados en todas partes”. Y en Dispara, aunque todavía cuentan con algunos, los precios oscilan entre los 15 y 20 euros.

Las principales marcas son Kodak, Fujifilm e Ilford. En lo que respecta a la fotografía en blanco y negro, parece que “todo sigue igual”, señala el fotógrafo estradense. Mientras que las películas a color son las que están experimentando los cambios más grandes. “No se sabe a ciencia cierta qué ocurre, per lo que nos comentan los comerciales es que la mayoría de estas empresas vendieron a un productor chino y es este el que fabrica para todas”. De ser así, podría decirse que existe un monopolio en este sector y de ahí que “los precios sigan subiendo” declara Arias.

La siguiente cuestión se plantea, relacionada con que estos carretes podrían tener los días contados, por lo que los fabricantes intentan sacarle la máxima rentabilidad mientras todavía son un producto en alza, puede resultar alarmante para los que se resisten a dejar de capturar la belleza de los momentos en película, ya que esto supondría que tendrían que este “hobbie” podría encarecerse todavía más o directamente desaparecer.

Desde Dispara señalan que la razón detrás de esto está en el método de producción del carrete: “o aparece otra forma de fabricarlos o en una década se acabarán”, sea por lo costoso que resulta o porque el sistema no es sostenible. Así pues, los amantes de la fotografía analógica lo tienen difícil estos días, pues al precio del rollo hay que sumarle lo cuesta después revelar, un proceso que si bien antes era más rápido y económico, ahora, ante la fala de negocios con herramientas para hacerlo suele tardar unos quince días y costar, dependiendo del número de fotos en buenas condiciones de todo el carrete, entre 15 y 20 euros. Lo que es innegable es que la estética que deja el usar este método ha conquistado a muchos, incluso fuera del mundo de la fotografía, lo que dependiendo del ángulo de análisis puede resultar positivo, si se entiende como una democratización de este arte, que no siempre es accesible

Imagen ganadora. | //LAURA SAN nerea couceiro

Tono Arias edita un premio de fotografía

La galería Dispara es un referente tanto a nivel autonómico como nacional en lo que respecta al sector fotográfico. Un tesoro que no muchos vecinos de A Estrada conocen, pero que está a la vanguardia en lo que a fotografía respecta. En esta línea, recientemente le fue otorgada la edición del libro ganador del concurso de autores menores de 40 años de la Comunidad de Madrid, institución que se hará cargo de correr con los gastos de dicho encargo. La ganadora es Laura San Segundo, con “El recinto circular” sobre la relación de las imágenes con lo real y lo inconsciente. La propuesta de esta joven madrileña fue escogida por el jurado entre un centenar de trabajos por “moverse en el universo visual del surrealismo, el objet trouvé y la poesía del encuentro casual”. El proyecto cuenta con elementos simbólicos, metafóricos y del mundo onírico, alejándose así de lo racional y lógico, de lo pragmático. Ahora Dispara, con Tono Arias al frente, será la encargada de darle forma a este trabajo en un fotolibro que hilará cada una de las imágenes dándoles el formato material para su distribución. La galería estradense cuenta con una amplia experiencia en este ámbito, habiendo editado a varios artistas tanto locales como gallegos, entre ellos Ariadna Silva o la obra del propio Tono Arias.

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