Dos hermanos con música en los pies

Enzo y Triana Mogo Figueiras triunfan juntos en danza coreográfica, después de muchas horas de práctica en su salón

Enzo y Triana Mogo Figueiras, al terminar la competición en Narón.   | // P.F.

Enzo y Triana Mogo Figueiras, al terminar la competición en Narón. | // P.F. / Ana Cela

Ana Cela

Ana Cela

Enzo tiene 9 años, dos más que Triana, que acaba de cumplir los 7. Estos estradenses se pelean por aquello de cumplir con la regla general entre hermanos, pero no pueden estar el uno sin la otra. El pasado fin de semana los Mogo Figueiras debutaron en competición como compañeros de baile, dentro del grupo de danza coreográfica de la escuela Sondodance. Juntos entrenaron y juntos saborearon la victoria en Narón, regresando a su A Estrada natal más unidos, si cabe. A sus lazos de ADN suman el hilo –invisible pero muy fuerte– de compartir una pasión.

Enzo tiene música en los pies. Este joven vecino de Riobó baila muchas de las horas que pasa despierto. Le da igual que sea el momento de entrenar, de poner la mesa o de prepararse la merienda. Desde que tenía cinco años acude a la escuela Sondodance. Triana mantiene el ritmo. Ella baila desde los seis en el centro, pero comenzó a seguir los pasos de su hermano mayor desde el minuto uno. La pequeña debutó en competición el pasado fin de semana y no pudo bailar hasta que la escuela creó el grupo de danza coreográfica. Y es que desde hace tiempo espera a que un bailarín decida apuntarse para poder bailar y competir en baile deportivo, tal y como viene haciendo el mayor de los Mogo Figueiras hace cuatro años.

Triana, que acaba de cumplir siete años, debutó el domingo en competición. Integrantes del grupo de danza coreográfica que entrena Alba Martínez, con diplomas y trofeo.  | // P.F.

Triana, que acaba de cumplir siete años, debutó el domingo en competición. / P.F.

En este hogar estradense se baila todos los días. “Él enseña, ella repite”, explica Patricia Figueiras, la madre de estos bailarines. Triana hace de pareja para que Enzo entrene en casa mientras que, de paso, tiene la oportunidad de ir aprendiendo poco a poco los diferentes estilos de baile deportivo en los que no puede zambullirse –ni en clase ni en competición– porque todavía no tiene una pareja de pista.

“Lo viven, de verdad. En mi vida tuve una pasión así. No sé de dónde les sale”, apunta su madre, que reconoce que en su casa solo danzan los dos hermanos. “Él le dedica muchas horas y ella está con él. Enzo baila mientras pone la mesa, mientras coge la merienda... baila todo el día. A ella le encanta bailar, pero también el vestido, que le pintes las uñas o la lleves a la peluquería”, relata.

Dos hermanos con música en los pies

Los cinco alumnos de danza coreográfica, junto a su profesora Alba Martínez, con el trofeo y diplomas conseguidos en Narón. / P.F.

Aunque muy bien llevados, Enzo y Triana son muy diferentes. El mayor, tímido y tranquilo; la pequeña, pizpireta y puro nervio. El pasado fin de semana él regresó a casa convertido en campeón gallego en bailes standard dentro de su categoría (Juvenil II) y, aunque lleno de felicidad, la atesoró en su interior sin exteriorizar grandes muestras de júbilo. Por el contrario, Triana padecía los nervios de la debutante, sin poder pegar ojo la noche anterior. “No mires para los del lado. Tú lleva el ritmo. Mira de frente, bien estirada y sonriendo”, le aconsejó Enzo. Se lo recordó varias veces, casi en forma de regañina, subrayando la importancia de la sonrisa. “Hay que reír siempre, menos en el pasodoble, que hay que poner cara de enfadados”, reitera.

Enzo, Triana, Paula, Nora e Inés bailan juntos en el grupo que entrena Alba Martínez. Todos han de sincronizar sus movimientos y dejar que el ritmo guíe sus pies. Los cinco son hermanos en la pista, pero solo dos lo son también cuando se detiene la música.