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Más de medio siglo enseñando a conducir

El camionero Manuel Cuiña creó en 1966 la autoescuela San Pelayo, la primera y más antigua de A Estrada

Manuel Cuíña Castiñeira, segundo por la izquierda, posa junto a sus dos Seat 600, su Vespa y varios de sus alumnos.  |  o.   | // BERNABÉ

Manuel Cuíña Castiñeira, segundo por la izquierda, posa junto a sus dos Seat 600, su Vespa y varios de sus alumnos. | o. | // BERNABÉ

A Manuel Cuiña Castiñeira siempre le gustaron los coches y desde muy pequeño disfrutó trabajando como mecánico. Nacido en 1938, el joven estradense terminaría ligando su vida a ellos. Fue taxista con parada en la calle Serafín Pazo y especialmente camionero, realizando transportes por toda Galicia con su propio camión. La vida de Cuiña cambio sin embargo tras darse cuenta de una oportunidad de negocio. El estradense vio como en Santiago aparecían centros en los que se enseñaba a la gente a conducir y a prepararse para pasar las pruebas para sacar el carné de conducir. Eran los primeros años de la década de los sesenta y por aquel entonces todavía no estaban ni reguladas las autoescuelas a nivel nacional pero el estradense decidió arriesgarse y montar su propia autoescuela. Así nació en el año 1966 el centro de formación vial San Pelayo. Este centro continúa hoy con su labor, ahora dirigido por su hijos Manuel e Isabel Cuiña Puente, siendo la primera y por mucho la autoescuela más antigua de A Estrada.

Isabel Cuiña, ayer, en la autoescuela San Pelayo. Bernabé

Para poner en marcha su centro de formación, Cuiña buscó ayuda en un amigo de Silleda, más acostumbrado a los trámites burocráticos. Así nacieron dos centros, ambos con el nombre de San Pelayo en las dos localidades vecinas. Años después, ambos terminarían separando sus caminos, naciendo la Autoescuela Silleda, también todavía hoy en funcionamiento.

El profesor Manuel Fandiño y varios alumnos. |

Cuiña abrió su centro de formación con dos Seat 600, una moto Vespa, un camión Avia y un autobús. Inicialmente la autoescuela se ubicó en un local de la calle Padrón pero vista la buena acogida, el ya excamionero decidió mudarse a un local más amplio en la Avenida Benito Vigo, donde continúa abierta hoy en día. Comenzó como el único profesor de la autoescuela y por ella pasaron un gran número de estradenses que se sacaron el carné en las décadas posteriores. Al igual que ahora, los aspirantes practicaban en A Estrada y después debían superar una prueba en Pontevedra. Se hacía sin embargo todo en el mismo día, con su parte teórica y una prueba de circulación en las inmediaciones del estadio de Pasarón.

El autobús utilizado para las prácticas.

Como era de esperar, la Autoescuela San Pelayo fue todo un éxito y Cuiña pronto aumentó la plantilla para contar con varios profesores, entre ellos el conocido y ya fallecido Manuel Fandiño Tallón. Llegó a contar con cuatro profesores trabajando para él. Con los años también comenzó a aparecer la competencia, nuevas autoescuelas abiertas en muchos casos por personas que él mismo formó.

Inicios de la autoescuela estradense.

Cuiña también tuvo que irse adaptando a los nuevos tiempos y nuevas exigencias. Así, fueron bajando los interesados en carnés de camiones o autobuses, pero subiendo los de coches. También tuvo que ir retirando los 600 y las Vespas, hasta que finalmente decidió retirarse, dejando el negocio en manos de sus hijos. Cuiña falleció en marzo del año 2012 a los 74 años de edad.

De padre a hijos

Manuel Cuiña Castiñeira pudo retirarse sabiendo que su autoescuela tendría continuidad gracias a dos de sus hijos. Manuel Cuiña Puente asumió tras su marcha el puesto de director de la autoescuela San Pelayo, mientras que su hermana Isabel se encarga de dar las clases en el centro de formación. A ellos les ha tocado vivir una época diferente a la de su padre, tiempo de continuos cambios en materia de formas de examinar y también de adaptación por la llegada del Covid. San Pelayo es ahora una de las tres autoescuelas que hay en A Estrada, aunque el Manuel Cuiña Puente recuerda que llegaron a ser cuatro durante un tiempo. El hijo del fundador del centro San Pelayo ve ahora muy lejanos los tiempos en los que se podía examinar con un 600 y hace unos años que vendió el camión Avia que heredó de su padre pero se muestra orgulloso al recordar lo que consiguió su padre.

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