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El patito feo de A Estrada despliega sus alas

La Praza da Feira se prepara para superar su descuidada imagen y para convertirse en un nuevo, céntrico, amplio e histórico feudo para el peatón, desde hace años apartado por su uso como zona de estacionamiento

Los robles dan sombra a los coches en este amplio y céntrico espacio de A Estrada. /A.Cela

Los robles dan sombra a los coches en este amplio y céntrico espacio de A Estrada. /A.Cela

Lo tiene todo a su favor. Es céntrica, espaciosa, tranquila, servicial, con historia y adornada por unos robles que sembrarían la envidia en muchos jardines. Y, sin embargo, es como si su belleza se escondiese bajo el plumaje de un patito feo en el urbanismo de A Estrada.

Dos de los elementos de un parque de gerontogimnasia, maltrechos y abandonados bajo la pérgola. | 2

Durante años la vida ha pasado de largo en la Praza da Feira, todavía hoy desprovista de mimo y cuidados, condenándola a prestarle atención solo un día a la semana, en esa jornada ferial que le da nombre, o cuando la villa se viste de fiesta y se necesita de un espacio céntrico y amplio para que puedan instalarse las atracciones que saben conquistar el júbilo de los más pequeños. Contemplar cómo los robles centenarios del Campo da Feira se han vestido de primavera con esas hojas tan verdes hace que a cualquiera se le empañe la mirada con solo bajar la vista. Su frescura y belleza llevan décadas puestas al servicio de dar sombra a un aparcamiento. Ni más ni menos. El entorno tan a mano de todos los servicios y la oferta comercial de la capital estradense, ese espacio amplio que tantas veces se demandó para actividades públicas, esa zona verde que añora el alegre sonido de la risa infantil es, prácticamente, un descampado adornado con las estructuras para instalar las carpas de las pulperías en los días de feria y un recinto en el que, cuando los puestos del mercadillo se levantan, toman el relevo los coches. Parece el sueño de un urbanismo mal entendido, en el que el peatón ha de pasear por la acera y dejar el espacio de esparcimiento para cumplir fines más “útiles” que el goce y la relajación.

Los baños públicos, con su cubierta que amenaza con venirse abajo. | 3

Por fortuna, esta estampa evocadora de humo, asfalto y ruido tiene los días contados. La Praza da Feira ha reclamado su sitio en el nuevo modelo urbanístico de A Estrada ideado por el gobierno de José López Campos. El patito feo se ha cansado de las burlas y comienza a extender sus alas para convertirse en el cisne que siempre ha sido, aunque no a los ojos de todo el mundo.

Maleza entre una las rampas y el aparcamiento.  | 6

Maleza entre una las rampas y el aparcamiento. | 6 Ana Cela

Y, por seguir con la metáfora del ánade, falta le hacía a este ave revelar su carácter y sacudirse el desafortunado trato y la desidia a la que lleva años siendo sometida. Está a la vista de todos, solo hay que saber mirar. La Praza da Feira propiamente dicha es, a excepción de los miércoles, un aparcamiento en batería. Las plazas están ya pintadas al efecto desde hace muchos años, así que nadie ha pensado hasta ahora que un espacio abierto tan céntrico pueda merecer otro trato menos práctico pero más estético. No es que el estacionamiento no sea necesario, pero también lo es cambiar de filosofía. Dar zapato es sano, no hace falta llegar con el coche al escaparate de la tienda o ¿acaso se aplica este modelo en una ciudad como Santiago o Pontevedra? El que más y el que menos piensa en un aparcamiento de fácil acceso o en una zona de estacionamiento con horario limitado que le pille más o menos a mano, sin descartar nunca que le tocará pagar y darse un paseo. En el casco estradense se ofrecen las dos cosas: aparcamientos subterráneos de pago muy céntricos y áreas públicas para dejar el coche también estratégicamente situadas, de manera que llenar de coches la Praza y el Campo da Feira puede ser más un lujoso derroche que una auténtica necesidad.

Una de las bases deterioradas de la pérgola.

Una de las bases deterioradas de la pérgola. Ana Cela

Dejando los coches al margen, hay pocas excusas que justifiquen el abandono. Y no se puede negar que lo hay. Las zonas ajardinadas están actualmente del todo descuidadas. La mala hierba ha ganado por completo la batalla, hilando la estampa de terrazas de maleza que van descendiendo en cascada hasta la Rúa 25 de Xullo. No puede decirse que la zona esté llena de basura porque el civismo se impone, pero la estética del entorno se afea –y mucho– viendo cómo los coches conviven con matojos de malas hierbas que también acosan a los esbeltos robles.

Los antiguos robles dan sombra a un estacionamiento.

La huella del descuido es alargada. Solo así se entiende que todavía queden en esta plaza dos elementos completamente deteriorados de un parque en su día pensado para mayores y en el que las hemerotecas no regalan ni una imagen en el que se vea a alguien utilizándolos. Dos de estos aparatos resisten todavía con alma de óxido y menos tornillos que cuando eran más jóvenes bajo una pérgola que podría haber tenido algún sentido, pero que hoy día carece objeto, al igual que de un mínimo mantenimiento, como acusan sus maderas.

Maleza entre las rampas y el estacionamiento.

¿Y qué decir de los baños públicos? Su imagen exterior hace que uno no quiera imaginarse lo que puede haber dentro. Se trata de un servicio necesario si se quiere mantener el mercado en este espacio. Sin embargo, la cubierta amenaza con desplomarse sobre alguna cabeza y el deslucido de la estructura de madera invita a buscar alternativas por si la inoportuna necesidad se presenta.

Más zonas descuidadas.

Más zonas descuidadas. Ana Cela

Pese a todo, la historia se palpita. Un cierre perimetral ofrece los elementos necesarios para atar a los caballos, haciendo un guiño a la tradición caballar de estas tierras y a las transacciones de ganado que otrora correspondieron a este recinto. Si estuviese bien conservado, hasta sería un elemento atractivo para recordar que un día los estradenses acudían desde muchos lugares del municipio para participar en ferias en las que el ganado era el principal atractivo.

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La terraza de un bar desplegada en una parte de la plaza es como un rayo de esperanza. El peatón no tardará en clavar en este entorno urbano su propia pica. Ha llegado el momento de resarcirse; de que el estradense de a pie reclame para sí el uso de un recinto del que ha sido apartado en favor del coche. Enciendan los motores. Tocan a retirada.

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