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Papá, canta bajito

El monte ofrece la tierna imagen de los potros recién nacidos. | // RUBÉN PENA COUSO

La vida siempre se abre paso. Lo hará con la entrañable torpeza de quien se pone por primera vez en pie, pero la alegría de estar vivo rasga como un rayo la negrura de cualquier horizonte y, aunque solo sea por un instante, ilumina el porvenir. Los bautizados como Fillos do Vento nada saben de pandemias ni tampoco son conscientes de que al menos cuatro nuevos parques eólicos asedian en estos momentos su hábitat. No huyen todavía de la amenaza que se cierne sobre la zona de campeo de varias manadas de la cabaña de O Santo. El ciclo sin fin sigue su curso y ahora toca gozar de la llegada de los potros que están llamados a perpetuar, junto a los vecinos de Sabucedo, la tradición de la Rapa das Bestas.

Un potro recién nacido se pone en pie. /Rubén Pena Couso

“Es el momento más bonito del año, con diferencia”, asegura Henrique Bazal, integrante de la Asociación Rapa das Bestas. Incide en que subir estos días de primavera a los montes que habitan estos caballos es un auténtico goce para los sentidos. Los pájaros se encargan de poner banda sonora a la época en la que nacen la mayoría de los potros del año. “Es fácil subir y ver parir a una besta en el monte”, apunta. El ciclo de nacimientos puede arrancar ya en entre los meses de febrero y marzo pero son los de abril, mayo, e incluso junio, los que suelen concentrar un mayor número de alumbramientos. “Los potros se acuestan y se quedan totalmente dormidos y hasta puedes acariciarlos”, explica Bazal.

La presencia constante de integrantes de Rapa das Bestas en estos montes permitió en los últimos días tomar instantáneas de los nuevos miembros de estas manadas salvajes. Parece que el de 2021 es un buen año de nacimientos en esta cabaña, si bien en Sabucedo son muy conscientes de que no todas estas crías llegarán a bajar a la aldea para la Rapa. El ciclo de la vida no se detiene, pero tampoco perdona. Las manadas comparten hábitat con su depredador natural y es habitual que el lobo ataque a los ejemplares más nuevos, que este año están convocados en Sabucedo –de forma excepcional– a finales del mes de agosto.

En las últimas rapas bajaron a Sabucedo unos 40 o 45 potros. “Cuando los bajas, llevan naciendo desde febrero y el lobo ya se llevó a algunos por delante”, exponen. En el curro, es trabajo de los más pequeños de la aldea apartar a los bichiños, como se les conoce cariñosamente. Son conducidos a un recinto anexo para que no se lastimen en el cara a cara entre sus adultos de espíritu rebelde y los aloitadores.

No solo el lobo acecha a estos animales. El viento arrulla a sus retoños, pero podría volverse en su contra si salen adelante algunos proyectos que ansían aprovechar su fuerza para generar energía eléctrica. La vida de estos caballos salvajes, junto con la de otra fauna autóctona, se verá alterada por los trabajos constructivos de cuatro instalaciones que, sumadas entre sí, ofrecerían desde el aire la foto de un macroparque y, en tierra, un cambio sustancial del entorno natural en el que nacen y crecen quienes perpetúan esta tradición. Papá, canta bajito para que nada perturbe a tus hijos.

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