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"Ahora menos mal, pero cuando solo eran tres personas... cortaba"

Celso Toimil nunca se imaginó que acabaría ejerciendo como enterrador. "Si me lo dices dos años antes, te digo que no voy ni de broma", apunta. Sin embargo, hay ocasiones en las que la necesidad de salir adelante obliga a dar un paso al frente y a emprender un camino que antes no se contemplaba siquiera como alternativa. Transcurridos siete años, casi se ha acostumbrado a saber que tiene como espectadores de su quehacer a personas completamente destrozadas por el dolor en el amargo momento de despedir a uno de sus seres más queridos. La crisis sanitaria del Covid-19 también ha afectado a este enterrador lalinense, que subraya la dureza de decir adiós a un familiar en sepelios a los que solo podían acudir tres personas.

"Ahora aun bueno, pero cuando solo eran tres...cortaba", explica Toimil. Reconoce que la empatía se hace inevitable y que, aun sin pretenderlo, terminaba poniéndose en la piel de esas personas que se veían obligadas a llevar al cementerio a un ser amado "sin despedida".

"Si es una muerte natural, lo llevo bien. Es mi trabajo", narra Celso Toimil. En septiembre hará siete años que comenzó a ejercer como enterrador ante la necesidad de llevar el pan a la mesa en un contexto marcado por la crisis económica. Indica que llevaba 21 años trabajando en una empresa que, como otras muchas en ese momento, tuvo que echar el cierre. "Al principio esto fue lo que me salvó", reconoce, para luego añadir que ahora combina su trabajo como enterrador con los desbroces o la albañilería. "Tengo tres hijos y una familia que mantener, no quise esperar", confiesa cuando explica cómo se decidió a dar el paso hacia este oficio.

"Al principio, encontrar algún resto allí...hay que ponerle pecho. Eso es lo más fuerte", reconoce. "Un día enterré a un niño y no comí en todo el día, y eso que ya llevaba años", confiesa. Ante los entierros casi en solitario que ha vivido estas últimas semanas, señala que, aunque para su trabajo es todo más rápido, no puede evitar ponerse en la situación de esas personas. "Para mí es enterrarlo pero me pongo en su lugar", reflexiona. Es testigo mudo del dolor y la desesperación y también lo ha sido en esta crisis de la muerte y el luto en soledad.

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