31 de agosto de 2017
31.08.2017
FÚTBOL SALA

Pontevedra pierde a su símbolo, Beto

Un linfoma se lleva al auténtico propulsor del fútbol sala en la provincia

31.08.2017 | 02:49
Beto, jugador de fútbol sala // Bernabé

Los tres últimos años de la vida José Roberto Camilo Lima, Beto, han sido un ejemplo constante de lucha contra una enfermedad contra la que ha sabido capear contra viento y marea, con medicación, trasplantes y muchas ganas de vivir.

En julio del 2014 los médicos le dijeron al jugador brasileño que las molestias que llevaba padeciendo desde hacía meses se debían a un cáncer en el sistema linfático y ahí su vida cambio. En la madrugada de ayer, quien fuera referencia del fútbol sala pontevedrés en los años 90, falleció en Brasil tras meses y meses de batalla.

Beto llegó a Pontevedra de la mano de Isidro Otero en la temporada 90/91 para reforzar las filas del Rías Baixas. Llegó a la ciudad del Lérez con 20 años procedente de Brasil y en Galicia encontró un nuevo hogar que le supo acoger con los brazos abiertos. Su mejor fútbol y su vida se quedaron en una provincia pontevedresa a la que llegó siendo pionero del fútbol brasileño y abriendo la puerta para el desembarco de más compatriotas en temporadas posteriores.

En el Rías Baixas celebró un ascenso a División de Honor y estuvo jugando durante seis temporadas consecutivas antes de iniciar un largo peregrinaje por el fútbol sala español con paradas en Valencia, Burgos, Burela, Noia y A Estrada.

Precisamente en este último destino es donde había echado raíces, un ángel de la guarda (Dolores) en forma de mujer le acogió y cuidó en los momentos más difíciles de su vida. Estuvo con él cuando tuvo que ser sometido a un trasplante de médula, también ocho meses más tarde cuando una encefalitis autoinmune le hizo pasar por grandes problemas cerebrales que incluso le afectaban a la memoria.

Hace unas semanas, cuando su enfermedad le había dado una tregua, decidió que era el momento de volver a casa. Hacer las maletas y volver a Brasil para estar con su hijo, del que la vida y los kilómetros le mantenían separado. Pero la vida le dio el último latigazo y Beto descansa hoy en paz en la misma tierra que le vio nacer.

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