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La intrahistoria de la 'celebración fake' del Oviedo en el Tartiere: los goles que nunca existieron

Los jugadores festejaron por error una supuesta promoción tras una jornada con mucho ambiente en la capital y más de veinte mil hinchas

Y el oviedismo celebró un play-off que en realidad nunca existió. Miki López

El final tuvo dosis de crueldad, surrealismo y confusión. Se recordará durante años por los dos goles del Burgos que no existieron y en cambio se celebraron por todo lo alto en un Tartiere abarrotado. Por los jugadores del Oviedo tirados por el suelo durante unos pocos segundos creyendo fielmente que habían finalizado la Liga en puestos de play-off. Por el gesto de incredulidad del Cuco. Por los jugadores dándole a actualizar en las páginas de resultados.

Porque el final del guion de temporada para el Oviedo parece todavía inexplicable. Los hechos: a falta de pocos minutos para el fin del Oviedo-Ibiza, el equipo azul vencía a los de Jémez y el Tartiere empezó a rugir. “¡¡¡¡Goool!!!!”. Supuestamente gol del Burgos al Girona, claro. Pero nada se había movido en El Plantío. Un 'fake-gol'.

Pero la traca final vino después, con el partido ya finalizado y los jugadores retirándose hacia el túnel de vestuarios. Entonces –todavía se desconoce si la confusión empezó en la grada o en la plantilla– los jugadores comenzaron a correr hacia el Fondo Norte celebrando un hipotético gol de Burgos y la consecuente promoción. Las caras de los oviedistas en la grada eran un poema. Había quién celebraba la nada pensando que era el todo, quien negaba la mayor mirando el teléfono y quién directamente no se enteraba de que estaba sucediendo. Surrealismo puro.

Pero, ¿qué está pasando ahí?”, se preguntaba el comentarista de televisión. No fueron más de treinta segundos, pero los azules estaban celebrando un play-off en la portería del Fondo Norte por un gol que nunca había existido. “Es que lo anularon”, se escuchó por la grada. Era falso: no hubo nada de nada. Las caras pasaron de alegría a decepción en pocos segundos. Hubo lágrimas, de Bastón y Luismi entre ellos. Matheus miraba su móvil y confirmaba lo ya obvio: no había existido gol en el Plantío.

El Oviedo era séptimo después de, final extraño aparte, una tarde noche de mirar de reojo. De apoyar al Oviedo sin soltar el teléfono, el nuevo transistor de la época moderna. De celebrar el gol de Borja Sánchez al Ibiza e inmediatamente después preguntar al de la butaca lado: “¿Cómo va el Burgos?”. De ilusionarse: “No es tan difícil, ¿por qué no?”.

De soñar, en fin, con que jugar el play-off de ascenso era posible en una última jornada de pura tensión en la que el Oviedo debería ganar y esperar. Así lo hizo el equipo del Cuco, sometiendo al Ibiza ante 21.729 espectadores que empezaron la tarde cantando el 'Volveremos' de Melendi y despidieron al equipo con un "Volveremos a Primera".

En la primera parte la atención estuvo en el Tartiere, pero a partir del gol de Borja las miradas iban esencialmente hacia Burgos. En el palco, tensión contenida y mucho apretón de manos entre directivos azules, concejales y empresarios. En la grada, miradas cómplices, rezos a Berjón y cánticos contra el Sporting cuando al estadio llegó una noticia esperada: gol de Las Palmas.

El 1-0 del Oviedo animó el cotarro. Luego llegó la calma en una primera parte con poco en juego. La segunda, en cambio, no pudo empezar peor: empate del Ibiza. El Oviedo necesitaba dos goles para el play-off: el suyo y el del Burgos. Entonces aparecieron los nervios, con algún pitido y murmullos generales.

La grada pedía valentía y el equipo la tuvo. A los pocos minutos, Bastón volvió a adelantar al Oviedo. El sueño volvía a ser cosa del Burgos mientras el reloj corría y los nervios del respetable aumentaban. De repente llegó otro mazazo. Gol de Davo para meter el 2-2 cuando quedaban veinte minutos. Prácticamente a la vez, el Burgos rozaba el gol ante el Girona. A falta de quince minutos, el Oviedo no cumplía su parte del plan. Tampoco el Burgos echaba una mano mientras Femenías salvaba el tercero del Ibiza, que embotellaba al Oviedo. El Tartiere entonces pitó. Y justo después volvió a animar. Faltaban siete minutos para que todo acabase. O siguiese. Femenías volvía a salvar un gol y el Cuco dialogaba con Borja Sánchez, su mejor hombre. Mientras, otra ocasión del Burgos. Quedaban cuatro minutos y el VAR decretó penalti para el Oviedo por una mano en el área. Bastón metió el 3-2 y en El Plantío quedaba solo un minuto. Entonces se desató la locura, con el oviedismo cantando dos goles imaginarios y dándose cuenta de la realidad a los pocos segundos.

Horas antes de la cita, ya desde mediodía, Oviedo se engalanaba para un día especial. Ambiente de grandes ocasiones y una camiseta azul casi en cada esquina de la ciudad, señal de que algo se cocía en la capital. La traca del apoyo se vivió unas dos horas antes del partido, con unos dos mil hinchas esperando al autobús del equipo en la rampa que da acceso al parking del Tartiere entre humo azul y ruido de petardos. El vehículo descendió la carretera minutos antes de las 18.20 y se vivió la locura. “Sí se puede”, coreaban los aficionados, la mayoría adolescentes, que nunca pudieron ver al Oviedo en Primera. “Si no es este, será el siguiente”, decía Pablo Feijo, 14 años y camiseta de Borja Sánchez por bandera.

Los jugadores golpeaban el cristal del autobús en señal de agradecimiento antes de entrar al vestuario. En los aledaños del Tartiere siguió la fiesta hasta la hora del partido. La plaza Pedro Miñor fue como siempre el epicentro del oviedismo. “Jugamos el play-off 100%”, aseguraba Diego Cervero, ya retirado, entre selfie y selfie a modo estrella de rock. Se palpaba un optimismo moderado. Ilusión que fue creciendo con el paso de los días después del disgusto ante Las Palmas.

El sentimiento era latente también en el club. “Ganaremos y el Burgos nos hará el favor”, comentaba Federico González, asesor de Carso, con unos aficionados que en los exteriores del estadio le preguntaban por el futuro director deportivo. “No tengo ni idea…”. Lo mismo prometía Manuel Paredes, de tertulia con unos peñistas: “Hay que confiar”. Y el oviedismo confío, incluso lo celebró. Y lo intentará el año que viene.

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