Después de 37 jornadas, y aunque el Atlético dejó escapar más una decena de puntos de ventaja durante el año, el equipo rojiblanco se coronó campeón de la Liga en una última jornada decisiva, en una de esas tardes de fútbol simultáneo, con goles aquí y allí y con un transistor a mano, que termina con lágrimas y sonrisas incontenibles, como la de Simeone.

El éxito atlético llegó tras una victoria sufrida ante el Valladolid, con remontada gracias a los goles de Correa y al decisivo de Luis Suárez, que no fue necesaria hasta el descuento, cuando el Madrid remontó también su partido ante el Villarreal después de ir perdiendo desde la primera parte.

El entrenador argentino, el destinatario de los abrazos entre los incontables saltos de celebración de la plantilla, celebra su segunda Liga como entrenador rojiblanco, el undécimo del club, después de una primera vuelta extraordinaria, con los mentados 50 puntos de 57 posibles, pero con un declive incesante desde entonces. Llegó a dejar el liderato a merced de sus rivales a las puertas de las últimas jornadas, pero se presentó en el día decisivo con ventaja, aunque fuera la justa como para temer perder la Liga con la sensación de haberla dejado escapar dos veces. No fue así, la remató, no sin angustia y ansiedad en Pucela, cumpliendo con todos los tópicos esperados: en última jornada, con sufrimiento y con gol de Suárez.

El primer gol de la tarde llegó en Valladolid, pero no fue del líder. El equipo pucelano, a la espera de un milagro para salvarse, empezó ganando con un implacable contragolpe culminado por Plano.

El Madrid tenía que ganar y esperar, pero enfrente se encontró a un Villarreal que no se guardó a nadie: la alineación de Emery fue como ensayo para la final de la Europa League, que juega el miércoles ante el Manchester United. Cuando desde el banquillo de Zidane transmitían al campo la derrota momentánea del Atlético, el canario Yéremi Pino puso por delante a los amarillos para dejar, antes de media hora de última jornada, a los dos contendientes por el título tumbados en la lona.

Como si ninguno de los dos poderosos aspirantes al título hubiera apenas concebido la rebelión de los subordinados, ni el Atlético, ni sobre todo un Madrid que tenía la oportunidad de asaltar el liderato, reaccionaron para recuperar su nivel. Ninguno parecía merecer el festejo, sin ocasiones, ni ataques.

El primero que creyó reaccionar fue el Madrid, sobreponiéndose a su propia pasividad en el juego, con gol, cómo no, de Benzema. Pero el fútbol es caprichoso y, mientras el VAR revisaba y anulaba el gol madridista en Valdebebas, el Atlético encontró también su gol en Valladolid.

Ángel Correa, haciendo gala de su habilidad para dominar el caos, empató para los rojiblancos antes de la hora de partido. Era un gol que no cambiaba nada, seguía obligando al Madrid a ganar, pero los de Simeone estaban un paso más cerca de garantizar el título con una victoria. No tardó en llegar, y tenía que ser firmado por el hombre llegado para el gol. Luis Suárez aprovechó un error pucelano para marcar su gol número 21, el de la Liga de la pandemia. Después de eso solo pasaron cosas en Valdebebas donde el Real Madrid, esperando un milagro en Valladolid, protagonizó otro ejercicio de orgullo y se fue en busca del Villarreal. Empató Benzema a cinco minutos del final del partido y en el descuento Modric hizo el gol del triunfo que no cambiaba las cosas por arriba pero que dejaba a los de Emery sin la Europa League. La fiesta ya estaba solo en Zorrilla donde el Atlético de Madrid aguantó el último tramo de partido (en el que el Valladolid hizo tímidos intentos) para sellar su undécimo título de Liga, el segundo que consigue con Simeone en el banquillo. Desde comienzos de temporada fueron el mejor equipo sin ninguna duda aunque en el tramo final de la Liga le proporcionaron una emoción inesperada al campeonato. Todo se decidió con un gol de Luis Suárez que tal vez sea el mejor resumen de esta temporada. El hombre de la temporada.