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El Barcelona se queda sin pólvora

El equipo azulgrana arranca un empate sin goles en Lyon después de rematar un total de 25 veces - Suárez volvió a mostrar la versión discreta de las últimas semanas

la salida del Lopes. // Reuters

la salida del Lopes. // Reuters

El Barça hizo todo lo que posible para romper su maldición foránea en las eliminatorias europeas lejos del Camp Nou, que ya supera los tres años. Dominó a su entusiasta rival y remató hasta 25 veces. Pero la mayoría de los balonazos no encontraron portería y los y los demás fueron rechazados por Lopes, el mejor de un equipo menos fiero de lo que se pintaba. Salvo al principio, cuando Ter Stegen voló para evitar el 1-0, el Olympique demostró que está lejos del primer escalón europeo. Por eso al final, cuando más crecía la marea barcelonista, se conformó con un empate que le da opciones en el Camp Nou.

Cansado de los petardazos de Arturo Vidal, Valverde completó el centro del campo con Sergi Roberto, un seguro de vida por su conocimiento del estilo del Barça de toda la vida. De esa manera, el técnico también reforzaba una banda por donde se intuía el mayor peligro de los franceses, con el vertiginoso Mendy y el holandés Memphis Depay retando a Sergi y Semedo. No tardó Messi en evidenciar que le interesaba el partido. En su primer arreón provocó una falta en la frontal, quizá demasiado cercana para explotar sus habilidades.

Amenazó el Barça y estuvo a punto de golpear el Olympique. Ter Stegen corrigió una mala salida del balón con una estirada para echar a córner el tiro ajustado de Aouar. Y poco después, el alemán dobló la apuesta con un espectacular vuelo para palmear, a mano cambiada, un cañonazo de Terrier, lo justo para que acabara en el larguero. No parecía que al Barça le conviniera un partido tan abierto, el intercambio de golpes, pero durante el primer tiempo dio algunas opciones a un rival con menos fútbol.

Pudo marcar cualquiera. A Rakitic se le fue por un palmo un remate que dejó petrificado a Lopes. Messi acabó inesperadamente mal, con un tiro alto, su típica conexión con Jordi Alba. Y Ousmane Dembélé reincidió en su versión más conocida, tan desequilibrante como negado en el remate. En el minuto 18 tiró al muñeco, un Lopes bien colocado, tras dejar a la defensa con el molde con un recote. Y en el 43 no encontró portería cuando estaba en buena posición. Incluso Busquets, en la última jugada antes del descanso, rozó el gol.

El Olympique, sin tanto juego ni posesión, también lamentó un par de oportunidades, frustradas por Piqué, con un cruce providencial ante Moussa Dembélé, y por la ansieda de Terrier, que se llenó de balón después de descolocar a la defensa azulgrana con una ráfaga de paredes al borde del área. Los primeros diez minutos del segundo tiempo volvieron a ser frenéticos, con tomas y dacas, pero a partir de ahí el Barça se adueñó del escenario.

Con Messi absorbiendo el juego de su equipo y una presión tras pérdida que ahogó a un Olympique más tocado físicamente de lo que se podía esperar, el gol azulgrana parecía cuestión de tiempo. No llegó porque Luis Suárez tuvo una de sus noches negadas, porque Coutinho tampoco mejoró a Dembélé y porque Lopes se agigantó cuando más lo necesitaba su equipo. Jordi Alba, definitivamente instalado en el campo rival, abrió muchos huecos por la banda izquierda. El lateral entendió que el Lyon tenía bien estudiada su conexión con Messi y buscó alternativas, pero por falta de decisión en el remate o por la inspiración de Lopes, no hubo resultados.

Con Arturo Vidal por un golpeado Sergi Roberto, el Barça incorporó la capacidad de sorpresa del chileno llegando desde atrás. Los últimos minutos se jugaron en una sola dirección, aunque el Barça siempre tuvo la precaución de evitar una contra del Olympique que hubiese empeorado las cosas. La acumulación de defensas franceses fue tal que Messi buscó soluciones imaginativas, con lo que el partido acabó como el primer tiempo: con un remate en buena posición de Busquets que encontró portería, pero también el último vuelo de Lopes, el mejor del partido.

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