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Música

Niño de Elche: “Toda propuesta de fiesta es una propuesta política a reivindicar”

Estrena este viernes en el Sónar el ‘Concert de músika festera’, dispuesto a invocar el espíritu “excesivo” de las fiestas populares valencianas e inspirándose en la ruta del bakalao, de los años 80 y 90, y en el repertorio y sonoridad de las bandas populares de moros y cristianos

Francisco Contreras, de nombre artístico Niño de Elche. Joan Mateu Parra

Actúa con su cómplice Ylia (Susana Hernández Pulido) y con una formación llamada Banda ‘La Valenciana’. ¿De dónde sale esta agrupación?

Es la típica banda de moros y cristianos, formada en su mayoría por músicos de orquestas valencianas municipales o de asociaciones, que viven en Barcelona. Serán 43, y porque no caben más en el escenario.

¿Puede explicar qué es el ‘Concert de músika festera’?

Es un concierto en el que caminar juntos a partir del espíritu valenciano festero. Esa palabra, ‘fester’, es la forma de llamar a todo ese tipo de entorno de fiestas populares. Se trata de encontrar ese espíritu en la ruta del bakalao y las bandas de moros y cristianos. Sociológicamente puede haber una sintonía allí, y también a nivel sónico, en volumen, épica, ritmo. Esa cosa excesiva, muy valenciana. Pero mi idea no es tanto que la banda suene electrónica ni que la electrónica suene como una banda, sino poner dos cuadros de distintas épocas, uno al lado del otro, y crear una narrativa alrededor de la tensión que te crean esas imágenes. Hablando con el Sónar, ellos entendían que después de la pandemia, lo rítmico y lo fiestero debía tener relevancia en esta edición.

¿Un concierto de catarsis pospandémica?

Tiene un punto político, porque utilizamos todos los elementos populares para reivindicar un espíritu que conforma una idea cohesionadora de la relación entre humanos. Toda propuesta de fiesta, con lo bueno y lo malo, es una propuesta política a reivindicar. Con la pandemia, desde sectores conservadores se han recortado libertades respecto a este tipo de representación y de forma de vida.

La ruta del bakalao tenía una parte individual de disfrutar de la música, pero el individuo conformaba una red, era una forma de vida

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El virus propició el confinamiento individual.

Un individualismo nihilista. La ruta del bakalao tenía una parte individual de disfrutar de la música, pero el individuo conformaba una red, era una forma de vida, y ahí había algo muy reivindicativo, aunque luego degeneró.

¿Qué configura el repertorio musical de este concierto, canciones nuevas o adaptaciones?

Hay composiciones nuevas y repertorio clásico de moros y cristianos, retocado y adaptado. Incluye temas electrónicos con un sonido que recuerda a las canciones míticas de la ruta del bakalao. He trabajado mucho a partir del libro de Joan M. Oleaque (‘En èxtasi. Drogues, música màkina i ball: viatge a les entranyes de la festa’, 2004; traducido al castellano en 2017), que ha sido mi Biblia, y textos que se utilizan en las fallas y en el Misteri d’Elx, y algún guiño a Carles Santos.

Usted nació en 1985, justo cuando comenzaba la era dorada de la ‘ruta’.

No la conocí, pero no intento hacer un ejercicio de nostalgia ni de reivindicación. Lo importante es que se escuche lo que pasó y a partir de ahí que cada cual se quede con lo que quiera. No es un ‘remember’ a lo “aquellos tiempos eran mejores”. Eso no me ha interesado nunca.

Oleaque hablaba en su libro de un hedonismo valenciano puramente instintivo y extremo, de diversión por la diversión.

Diversión y mucho interés por lo musical, lo nuevo, lo extravagante… Algo nace a veces de la inocencia. Yo flipé con su libro, porque no romantiza nada el fenómeno, cuando todo lo que leo romantiza esa época. Él habla de las miserias y también de la calidad musical, que nos conduce a gente como Cabaret Voltaire, Nina Hagen, Laurie Anderson o Nina Simone.

El concierto de C. Tangana es destacable, porque la mayoría de la gente que ha afrontado espectáculos grandes no ha querido arriesgarse de esta manera

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¿Qué le atrae de las bandas de moros y cristianos?

Me gusta porque es una tradición bastante nueva, como la mayoría de las que tenemos en España, sobre todo las musicales. A veces parece que estemos hablando del Al-Andalus, cuando lo que conocemos hoy en día es del siglo XX, una cosa muy nueva, y con mucha autoría concreta, influida por bandas sonoras de películas.

Los ‘scores’ de Hollywood para los péplums clásicos, rebotados como influencia de las bandas valencianas. Es muy curioso.

Totalmente, esas versiones de temas de películas con connotaciones moriscas, aunque aplicando códigos tradicionales, pero presentando todo eso como si tuviera siglos. Pero las tradiciones se construyen así. El flamenco es un ejemplo clarísimo de eso.

La última vez que le hemos visto en Barcelona fue como invitado de C. Tangana en el Palau Sant Jordi. ¿Un concierto, aquel, que también ligaba con su reivindicación de la fiesta?

Su concierto es destacable, porque la mayoría de la gente que ha afrontado espectáculos grandes no ha querido arriesgarse de esta manera. Un espacio festival donde hay público de todas las edades, estéticas, clases sociales, pasándoselo bien. Esto era muy difícil y relevante. Parecía una utopía, y él lo ha conseguido.

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