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Nace la leyenda

Padrón viene al mundo en enero de 1934, año en que la Nacional amplía la Primera División pero vuelve a negarle la plaza en ella al Celta

Alineación céltica con Lilo, Besada, Blanco, Ignacio, Trujillo, Agustín, Venancio, Machicha, Carnero, Vega y Adrián, con el árbitro Lorenzo Fernández.

Alineación céltica con Lilo, Besada, Blanco, Ignacio, Trujillo, Agustín, Venancio, Machicha, Carnero, Vega y Adrián, con el árbitro Lorenzo Fernández.

En un pobo encontrei o meu camiño, po lo que ei de peregrinar toda a miña vida?

No sé por qué me parecen tristes y melancólicas las cosas que fueron, en las que sin embargo parece que el cielo de entonces, bajo el cual han sucedido, debía tener un azul más esplendido. Este pensamiento del pasado, cuando se deja atrás la juventud y se la mira desde lejos, es como una herida en el alma que nos anega de tristeza. Al pensar y recordar a todos aquellos hombres que forjaron la estirpe Celta, que luego conocí ya cargados de años, siento en el fondo del alma ese sentimiento confuso de tristeza, por no haberlos tratado con el cariño y respeto que ellos se merecían. Hoy los entiendo y conozco mejor que entonces, pero ya no están. Nos miran desde lo alto. Es la hora, para nosotros, de las grandes melancolías, de las grandes nostalgias.

Por eso quiero recordarlos y guardarlos en estas páginas, pues soy consciente de que la vida moderna es exigente. En ella no hay plaza ni para la vejez ni para el recuerdo. Tal vez esto cambie en lo porvenir y sepamos armonizar mejor nuestros sentimientos, nuestros recuerdos, nuestra historia, que forjaron los hombres que aquí se citan, para que ningún buen celtista se olvide de todos ellos. Y aunque el agradecimiento no es moneda de cambio que corra por el seno del club y por muchos aficionados, aquí están sus nombres y sus hechos, no solo para recordarlos, sino para agradecerles la historia que solo ellos han forjado.

Ese hilo conductor, en el que creo, ya me acercaba a ese camino estando dentro del seno materno, en la temporada 1933-34. Dio comienzo el 3 de septiembre de 1933 con el partido Celta-Eiriña en Balaídos, para el Campeonato de Galicia. Los pontevedreses opusieron una dura resistencia, que rayaba en violencia, por lo que fueron castigados con cuatro penaltis, tres de los cuales fueron fallados por Armando (2) y Valcarcel. Entro solo el que tiró Polo, terminando el partido con la victoria por la mínima (2-1) favorable al Celta. El Celta revalidó el título de campeón gallego ante Deportivo de A Coruña, Racing de Ferrol, Galicia de Ourense, Unión Sporting de Vigo y Eiriña de Pontevedra.

El torneo de la Liga de esta temporada da comienzo el 5 de noviembre proclamándose campeón el Sevilla, que asciende a Primera División con 25 puntos. Le siguieron Nacional de Madrid, Murcia, Celta, que se clasificó en cuarto lugar con 20 puntos, Osasuna, Gijón, Deportivo, Real Unión de Irún y Sabadell.

En el torneo de la Copa de España, al Celta le correspondió eliminarse contra el Sabadell, perdiendo 2-1 su primer partido en la Creu Alta, para vencer también por 2-1 en Balaídos. El desempate se juega en Madrid, en donde vencen 4-2 los célticos al equipo catalán. En la siguiente eliminatoria le toca al Celta enfrentarse en Balaídos al Español de Barcelona, al que vencen por 3-2. Pero al perder 3-1 en "Casa Rabia", el campo del Español, en el que jugaron los dos hermanos Edelmiro, ambos pontevedreses, quedaron eliminados.

Como fin de temporada, el Celta celebra junta general el 12 de abril de 1934. Se nombra presidente a Antonio Bandeira, cubriendo los demás cargos Martín Barreiro, Cesáreo González, Ignacio Nandín, Ignacio G. Lombardero, Alfonso Mera, Primitivo Coca y Secundino Álvarez. Por renuncia de Antonio Bandeira, se designa a Cesáreo González para ocupar el puesto de presidente. Y para los cargos de tesorero y vocal, a Enrique García Rincón y Pastor Rodríguez, respectivamente.

Casi cuatro meses antes, el 24 de enero de ese año de 1934, había nacido, en el bello rincón de la Ría de Arousa, a las mismas faldas del monte Curota, de 500 metros sobre el nivel del mar, en el coqueto pueblo de La Puebla del Caramiñal, la que con el tiempo sería una de las leyendas célticas: Ramón Allegue Martínez, conocido futbolísticamente como Padrón, por haber nacido su padre en la villa de Rosalía de Castro y establecido en La Puebla como dueño de una panadería.

La familia en la que aquel bebé, al que luego llamarían cariñosamente "el tigre de Balaídos", había llegado al mundo era una familia numerosa, como casi todas en aquel entonces,. Estaba compuesta por once miembros, a los que, dos años más tarde, aún llegaría uno más. Ramón solo conocería a nueve de sus hermanos. Todos le decían que había nacido en la pequeña pero muy recordada y querida "Casa do Potín", aunque él creía que había nacido en la casona señorial, conocida como "a casa de Don Senén" por ser el médico del pueblo el que había vivido en ella. Era por lo que se la conocía por su nombre e incluso bautizaron como Senén a su hermano dos años mayor. Creía que había nacido en ella por los recuerdos muy difusos que pasaban flotando, muy lejanos, ante él, en los que se veía de pie en una cuna de madera vestido con pelele. Unas veces dentro de una habitación grande, donde había dos camas, y otras en la terraza de la azotea que se comunicaba con la alargada habitación y daba a la "carretera nueva".

Sí que recordaba muy bien lo primero que vio de aquel camino que comenzaba a recorrer por la vida. Fue estar de pie subido a una mesa cuadrada, de madera, que había en el comedor de la "Casa do Potín", en la que sus hermanos jugaban sus partidos de fútbol con jugadores de cartón recortados de la Marca Gráfica, con su pequeño balón de corcho y con sus porterías con red y todo. Su cabecita de niño tocaba los finos, delgados y delicados tubitos de cristal que colgaban de la lámpara central del comedor, mientras su gigantón padre lo sujetaba por los delicados sobacos y le decía:

- Cuando seas grande, vas a ser el mejor marinero de la Ría -lo que no le gustaba ser a la futura leyenda.

Mientras tanto, se celebra la Asamblea Nacional de Clubes, que decide los cuatro equipos que subirán al ser ampliada a catorce equipos la Primera División. Se pretende integrar o no al Celta al grupo de "ases" de la Primera División, dado que cuando se crearon las Ligas no se reconoció su condición de finalista del Campeonato de España, que disputó el Fortuna. Y también la prórroga que perdieron los de Bouzas, por la grave lesión de Lilo, en el partido que le habría llevado a ser de nuevo finalista. Como se ascendía a cuatro equipos, el Celta había logrado el cuarto puesto de la clasificación, pero se colocó en su lugar al Real Unión de Irún, clasificado cuatro puestos más abajo. Todo ello con cierta razón y fundamento de la Nacional, ya que en la condición de finalista que reclamaba, el club vigués, que ya llevaba unos cinco años jugando como Celta, nunca había disputado una final. La reclamada había sido jugada por un equipo que ya no existía como tal, por haberse fusionado con otro distinto. Respecto a colocar al Unión de Irún en Primera, era lo justo según ese punto de vista. El Celta se había colocado, en aquella temporada en cuarto lugar de la clasificación; en el otro plato de la balanza, los de la frontera habían sido campeones y finalistas de España en otras ocasiones.

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