Caldelas es un lugar precioso y un poco mío. Su Balneario era y es un sitio donde se junta gente sencilla que llega de cerca con otra más cosmopolita que viene de lejos. Popeye es un perro que llegó de Portugal para integrarse plenamente en la familia de Álex, María y sus dos hijas.

Ana es una rompetechos. Su cabeza no para y la lleva a trabajar sin descanso y a pensar. Es la directora del Balneario que abre a los bañistas al servicio propio y a más acontecimientos. Tuve el honor de presentar libros allí y hacer un homenaje a una persona de Caldelas que quizás no quiso llegar muy lejos para no perder los paisajes de su niñez y adolescencia. Y allí, en una parka tuve también la honra de participar con viejos amigos en una comida de confraternidad de gente de una asociación de ayuda a personas necesitadas. El Balneario de Caldelas es más que un balneario. Ana es capaz de montar una exposición de fotografías que enseñan historia y a innovar para hacer historia.

Ha entendido que el mundo es más civilizado y mejor. Los animales y las plantas son mucho más respetados que hace unos pocos años. Creo que ese es un gran logro de la sociedad democrática. Todos dentro de sus modos de vida nos hicimos más de Francisco de Asís y mejores con los animales valorando cada vez más a los primeros domesticados: los perros que a través de los siglos nos han ayudado en trabajos e incluso catástrofes.

En mi familia durante dieciocho años tuvimos una perra que nos hacía felices. Se llamaba Petula. Se murió y asomaron muchas lágrimas en nuestros ojos y algún llanto. Hay gente que se ríe de estos pesares. Quizás lloran, a lo mejor, por algo material que se rompe. Nosotros lloramos por seres vivos que estuvieron a nuestro lado, movieron sus rabos por nosotros, se tumbaron panza arriba mientras veíamos la televisión como hace Popeye o alegran nuestra llegada a casa con ladridos amables para decir que nos quieren.

Ana de Caldelas quizás por primera vez en el mundo montó un balneario para perros. Lo hizo porque es muy “buena gente”.

Nuestra Petula murió antes del acontecimiento. Pero a Popeye, “tekel” con hernia discal y múltiples dolores y que le impedían andar a cuatro patas, orinar y defecar cuando quería y no casi siempre, la apertura de una parte del balneario de Caldelas le llegó a tiempo. Después de baños y masajes ya corre por los prados y ha vuelto a tumbarse panza arriba cuando Álex ve la televisión.

Su veterinario Félix de Tea, su bañista y masajista de balneario Óscar están contentos con su trabajo; la familia de Álex, María y sus hijas tienen quien les quiera.

Por las niñas, Alejandra y Carlota, escribo y recuerdo a Chispa, un perrito que me regaló mi padre cuando tenía seis años y que aún me duele su desaparición. Un desalmado me lo robó quizás sin saber el daño que hacía a un niño.

Me hace feliz la idea y su realización de Ana (ojalá haya más y en todo), deseo que Popeye siga mejorando y repito que querer a las plantas y a los seres vivos representa un enorme avance de la sociedad en la que vivimos.

Infelizmente aún hay gente que no siente el dolor de un animal, torturado, herido, sangrando en el medio de una plaza... Y a eso le llaman cultura…