La Xunta valora la máxima protección de la ingeniería hidráulica del Muíño de Barro en Valga

El agua llegaba al edificio por medio de una complicada red de trasvases desde el río Louro EEn este siglo, ofrecía tres muelas

Sobreiras incluidas en el catálogo de árbores senlleiras. |   // IÑAKI ABELLA

Sobreiras incluidas en el catálogo de árbores senlleiras. | // IÑAKI ABELLA / A.Touriño

Antonio Touriño

Antonio Touriño

La Consellería de Cultura acaba de iniciar el expediente para la catalogación con la categoría de monumento del muíño de Barro, ubicado en la parroquia de Santa Comba de Cordeiro (Valga) a orillas del río Louro y del que existen referencias escritas desde 1879 aunque se supone mucho más antiguo. El propósito es su conservación pues todavía conserva elementos singulares como las infraestructuras hidráulicas de derivación, conducción y regulación del agua del río, y buena parte de los muros de la envolvente del edificio del molino pues no permanece ni la cubierta ni la carpintería; y de la maquinaria de los ingenios hidráulicos solo se encuentran dos pies de los mecanismos de trituración.

Aún así a la Xunta le interesa su protección y conservación porque el muíño de Barro “es un bien de la arquitectura tradicional ciertamente singular, cuya integridad está seriamente comprometida por los años de abandono”. Una singularidad que se pone de manifiesto, más que por su representatividad tipológica, por sus características al ser un molino “de tres rodeznos que se vale de una compleja infraestructura hidráulica de regulación, compuesta por varios canales y, en especial, del aliviadero que cruza el río con un pontón”.

El singular molino de Barro se encuentra aún en estado de abandono. |   // IÑAKI ABELLA

El singular molino de Barro se encuentra aún en estado de abandono. | // IÑAKI ABELLA / A.Touriño

Se añade en la exposición de motivos que el citado molino “tiene un gran valor testimonial como muestra de una arquitectura tradicional de transformación de las materias primas, que tuvo una enorme relevancia social y económica en Galicia desde la Edad Media y hasta bien entrado el siglo XX y cuya actividad ya prácticamente ha desaparecido”.

Asimismo se pone de manifiesto “su interacción con el medio natural y el paisaje en el que se inserta de una forma armónica”. De hecho, el molino de Barro se encuentra en un entorno rural, regado por el río Louro, entre dos masas boscosas y dos asentamientos rurales (Louro, al este, y Barro-Barcia, al oeste).

Captación y presa

Su funcionamiento era posible gracias al agua que se captaba de una presa construída en el río Louro, a unos 200 metros del molino y, desde ahí, “se conducía por un canal excavado en el terreno, entre las fincas próximas” por lo que el cruce con algún camino se salvaba con pontones y tras pasar bajo la carretera que conduce al lugar de Barro, “las aguas se embalsarían en una construcción de piedra”.

Una de las bocas de agua que se conservan en el molino de Valga.

Una de las bocas de agua que se conservan en el molino de Valga. / Iñaki Abella

En suma, una obra de ingeniería hidráulica que aún se puede conocer gracias “a los restos de piedras conservadas que permiten descubrir como era la regulación del agua que servía al molino”.

En concreto se expone que el agua tenía dos salidas desde esa balsa y por medio de una “llegaría a la primera de las entradas del molino, pasando antes por un canal troncopiramidal cubierto”.

Triple derivación del cauce

Y se añade que la otra salida “permitiría una triple derivación del agua: un pequeño canal, formado por dos piedras, la conduciría al segundo infierno del molino; otro pequeño canal cubierto de piedra, la llevaría al segundo infierno del molino; y habría un tercero para el siguiente; y finalmente un largo canal de piedra que cruza el río Louro y derivaría el agua sobrante a los prados situados en la otra orilla”. Cabe añadir que el paso del río “se hace por una especie de pontón, con un apoyo intermedio formado por perpiaños de piedra sobre los que se colocan unas losas que dan la forma de canal de conducción de las aguas”.

Las paredes resisten

En cuanto al edificio en sí, se expone que se trata de una estructura rectangular dispuesta longitudinalmente en dirección noreste-suroeste, perpendicular a la balsa”, cuyo tejado a dos aguas ha desaparecido mientras que se conservan los muros exteriores de granito, con aparato de mampostería careada.

En la cara este del inmueble se aprecia el hueco de la puerta, el de una pequeña ventana cuadrada y los tres huecos de salida del agua del infierno, configurados por dinteles apoyados en agujas voladas. En la cara oeste cuenta únicamente con un vano y una buhardilla vertical, además de las entradas de agua necesarias para la actividad.

A pesar de la caída de la cubierta, puede observarse en su interior la presencia de dos piedras del pie del mecanismo del molino, si bien las descripciones sobre el bien subrayan que entre finales del siglo XIX y el XX pudo pasar de tener dos a tres muelas.

Vestigios interiores

En el interior también se pueden advertir, en la esquina sudoeste del edificio, los restos de un lar (conserva las ménsulas de la campana), de un largo poyo (pousadoiro) al lado de la puerta de entrada y de diversos grabados (fundamentalmente cruces) en las piedras de una de las jambas del hueco de la puerta. En la cara exterior de la puerta también hay dos cruces, en su respectiva jamba, y una piedra partida de lo que fue otro poyo.

Por último se indica que “falta una pequeña parte del lienzo en la parte superior del muro de la fachada este, donde pudo estar el escudo del que se habla en la petición de catalogación del bien.

La propuesta está a exposición pública durante el período de un mes, tiempo para aceptar alegaciones.

Las “sobreiras” de la capela dos Martores son catalogadas

La asociación cultural Os Penoucos ha conseguido la incorporación al catálogo de árbores senlleiras de Galicia de dos ejemplares de sobreiras o corticeiras que protegen desde hace siglos la llamada Capela dos Martores. Los vecinos estiman que llevan entre 200 y 300 años en uno de los laterales de la capilla a la que dan sombra, no en vano uno de ellos mide 16,8 metros de altura y el otro 18,9; mientras que las copas abarcan una superficie de 14,1 x 18,7 metros y de 12,8 x 20,2 metros, respectivamente. Explican en Os Penoucos que ambos alcornoques están localizados en un lugar cargado de historia, en una antigua necrópolis sobre la que se edificó la capilla de Os Martores y al lado de una fuente con fama de milagrosa. Además se emplaza en la traza de un antiguo Camino Sacramental que coincide con la actual Vía Mariana Luso-Galaica en la que además de estos árboles existe un cruceiro, dos molinos, una cruz y una pontella sobre el río Valga. Exponen que el Camino Sacramental unía el desaparecido monasterio de San Paio de Granxa, asociado al de Armenteira, con los núcleos de Martores, Vilares y Laceiras. Los vecinos aún recuerdan la fabricación de colmenas con las cortezas de este tipo de árboles.