Comprar y comer es posible sin salir de la plaza

El mercado municipal de abastos propicia el consumo de sus productos allí mismo

Rita Cal sirviendo nécoras a Teresa y Ramón, dos turistas vascos que se confiesan “encantados” con la experiencia.   | //  M. MÉNDEZ

Rita Cal sirviendo nécoras a Teresa y Ramón, dos turistas vascos que se confiesan “encantados” con la experiencia. | // M. MÉNDEZ / M. Méndez

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Siempre se ha dicho eso de que las plazas de abastos son mercados de confianza y proximidad en los que adquirir productos frescos y de calidad que son capturados por pescadores y mariscadores locales, además de distribuidos por vendedores también “de casa”.

Y todo ello, en buena lógica, contribuye a generar riqueza en la localidad en la que se asientan esos puntos de venta que, en el caso de la comarca, colocan producto descargado en lonjas como O Grove, Ribeira, Cambados, A Illa, Vilanova o Vigo.

Rita Cal, la propietaria, con cuatro de sus clientes másfieles, ayer.   | //  M. MÉNDEZ

Rita Cal, la propietaria, con cuatro de sus clientes más fieles, ayer. | // M. MÉNDEZ / Manuel Méndez

En algunas de esas plazas, como sucede en la de Vilagarcía, los vendedores luchan a diario por subsistir y capear el fuerte temporal desatado por la pandemia y agravado por la guerra, la subida de precios, la crisis económica y todo cuanto se les venga encima.

Lo hacen ofreciendo todo tipo de pescados, mariscos, cefalópodos y demás productos del mar.

Al igual que poniendo a disposición de los clientes productos congelados, frutas, verduras, bacalao salado, todos los artículos propios de las carnicerías y, en definitiva, todo lo que el consumidor pueda desear.

Pero en este “mercado de excelencia” que es la plaza vilagarciana aún hay más. Por ejemplo, un servicio de cafetería y restaurante en el que está triunfando la moda del “compra y come”.

Es decir, que es posible adquirir el producto con la máxima frescura en los diferentes puestos de venta y consumirlo allí mismo, sin salir del recinto.

La preparación de algunos de los platos en la cocina del mercado vilagarciano, ayer.   | //  M. MÉNDEZ

La preparación de algunos de los platos en la cocina del mercado vilagarciano, ayer. / M. Méndez

Es Lita Cal, vecina de Caldas de Reis, la que hace realidad este aliente añadido para todos aquellos que quieran acercarse a saborear el mercado de abastos más fresco.

Esta joven es la jefa y cocinera del negocio de hostelería emplazado en la planta alta del mercado municipal de abastos vilagarciano, donde cada vez son más los clientes que se acercan a dar cuenta de las mejores viandas que pueden comprar en la planta inferior.

El procedimiento es muy sencillo, pues basta con ir al mercado, comprar lo que a cada uno le apetezca y acudir a Lita Cal –es recomendable hacerlo antes de las doce del mediodía– para que se encargue de la preparación.

La cocinera a punto de sacar unos mejillones al vapor.

La cocinera a punto de sacar unos mejillones al vapor. / M. MÉNDEZ

Es así como salen a diario de su cocina, siempre dependiendo de las vedas, numerosas raciones de pulpo, mejillón, pimientos, bogavante, centollo, almejas, buey, empanadas, chuletones y, en definitiva, todo lo que uno pueda desear, ya que todo está a disposición de los clientes del mercado.

Este negocio ya funcionaba antes de la pandemia, sufrió el lógico parón durante la misma y está repuntando ahora, incluso atrayendo a clientes de otras localidades y de diferentes regiones de España.

Teresa y Ramón, sin ir más lejos, son una pareja de turistas vascos que, recién llegados de Bilbao, dieron cuenta ayer de una buena comilona con el producto que ellos mismos habían adquirido momentos antes.

El restaurante situado en la planta alta del mercado municipal.

El restaurante situado en la planta alta del mercado municipal. / M. Méndez

“Es un sitio que nos encanta y al que no pudimos venir desde antes de la pandemia, por lo que ahora llegamos con algo de incertidumbre, pues no sabíamos si seguiría abierto”, explicaban mientras saboreaban unos percebes, camarones, nécoras y unos tomates con cebolla recién traídos de la huerta.

Ambiente de tranquilidad

“Nos llevamos una gran alegría cuando vimos que el restaurante de Lita seguía abierto, ya que de nuevo teníamos la oportunidad de adquirir el producto que más nos gustara antes de saborearlo con absoluta tranquilidad”, añadían los comensales vascos.

Sin olvidarse de destacar que “la atención es maravillosa, el albariño está fresco, el precio es realmente asequible y la tranquilidad en esta planta del mercado, absoluta; poco más se puede pedir”.

Como ellos, otros clientes de Lita Cal destacaban la “alta calidad del producto”, la “rápida y buena preparación” del mismo y el “buen servicio” prestado por la cocinera.

“Está claro que le ha pillado el punto y que vale la pena venir”, sentenciaban otros clientes habituales que ayer disfrutaban de la cocina de mercado, proximidad y confianza sin salir del mercado municipal de abastos de Vilagarcía.

Por cierto, un punto de venta donde ayer se comprobaba que tras unos meses más flojos de lo habitual, el mejillón ya está en carne y atraviesa ahora su mejor momento del año.

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