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El cangrejo americano que amenaza las aguas de Arousa

El cangrejo americano tiene una amplia presencia en las aguas del Umia. | // IÑAKI ABELLA

El Umia es uno de los generadores de vida más importantes de la comarca de O Salnés. De su cauce se nutre de agua potable a gran parte de la población y los nutrientes que aporta a O Sarrido lo convierten en uno de los bancos marisqueros más productivos de la comarca. Sin embargo, el cauce fluvial lleva años arrastrando problemas, que van desde la contaminación de sus aguas, como ocurrió con la catástrofe de Brenntag, hasta la llegada de varias especies foráneas que se han convertido en una amenaza para las autóctonas y que pueden variar de forma importante el hábitat del cauce fluvial.

Una de esas especies es el cangrejo americano o procambarus clarkii, una especie procedente del noroeste de México y la zona central de Estados Unidos que ha colonizado todo el cauce fluvial, resultando masiva su presencia. Lo saben bien los integrantes del Colectivo Ecoloxista do Salnés, que vienen certificando su presencia desde hace 15 años en las actividades vinculadas al Proxecto Ríos, aunque “seguramente se encuentre en el Umia desde mucho tiempo antes”, explica la presidenta de la entidad, Marta Lois.

Siempre aparecen tres

En cada uno de esos muestreos, los integrantes del colectivo siempre encuentran tres, cuatro o cinco ejemplares, de distinto tamaño, lo que resulta indicativo de que su presencia en aguas del Umia está más asentada y se ha convertido en una especie que “afecta a especies similares autóctonas, siendo muy agresivo y desplazándolas de su hábitat”.

Erradicarlo es prácticamente imposible, algo que ocurre con otras especies como la propia velutina, pero desde el colectivo consideran que debería existir un control más exhaustivo de las diferentes poblaciones que se conocen por parte de la administracion. “No sería suficiente para erradicarlo, pero sí se conseguiría frenar su expansión y en ello deberían centrarse los esfuerzos de la administración”, señala la responsable del colectivo ecologista. Se trataría de un trabajo continuado durante años pero que, desde la administración no se ha llegado a ejecutar

Para llevar a cabo esa política es necesaria una importante inversión y dotar de recursos esa lucha, que es donde falla la administración, a juicio de los ecologistas. “Creemos que son necesarias políticas medioambientales de recuperación de hábitats y especies, pero siempre son las últimas que se consideran por parte de la administración”, explica Lois. Es cierto que, siempre se articulan algunas iniciativas puntuales que tienen como objetivo reducir poblaciones como la del cangrejo americano, “pero no son de forma continuada, es evidente que faltan recursos para que exista esa continuidad que se necesita para frenar la expansión de una especie invasora y eso le permite ir asentándose sin problemas en el curso del río, desplazando a los competidores autóctonos”.

Por su resistencia y su impacto en los hábitats que ocupa el cangrejo americano, figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Ministerio de Medio Ambiente, donde se hace constar que “tolera un amplio rango de condiciones ambientales, incluyendo aguas salinas y llegando a soportar periodos temporales de desecación en los que permanece en cuevas que excava como refugio y que también utiliza cuando hace frío”.

Sobre su llegada a España, son muchas las teorías que existen, pero la más probable es que comenzase a aparecer en 1974, cuando se introdujo en las Marismas del Guadalquivir con fines comerciales. Más tarde se destinó al comercio, al consumo local y se usó como cebo. En 1978 se localizaba ya en la Albufera de Valencia y un año después en el Delta del Ebro. En Medio Ambiente apuntan que “su expansión se ha debido, además de a las sueltas ilegales, a su capacidad de dispersión por las cuencas, llegando a recorrer hasta 3 kilómetros diarios”.

En lo que respecta a su expansión por Galicia, existen referencias de su presencia desde hace mucho más de una década en varias cuencas fluviales, no solo del Umia, llegándose incluso a localizar en la laguna de una antigua cantera en el municipio de Barro hace un lustro.

La egeria, una planta que destruye el Umia

El cangrejo americano no es el único problema con especies invasoras que existe en el Umia, cauce fluvial en el que se han localizado un buen número de plantas foráneas que están provocando un importante cambio en el hábitat del cauce fluvial. Un ejemplo de ello es la egeria, una planta que, literalmente “devora” el río al crear una zona exclusiva para ella, desplazando a otras plantas e interfiriendo en el ciclo de muchos insectos y animales del río. Se trata de una planta que enraíza y sus ramas se convierten en pantallas de luz que pueden llegar a cambiar la temperatura del agua, e incluso, a ralentizar la velocidad del río. En estos momentos, la egeria es la especie invasora de planta que más preocupa por los cambios que están provocando en el río. Su llegada se registró como planta ornamental en estanques privados.

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