Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Tortuga laúd, otro motivo de alegría en las Rías Baixas

La tortuga laúd localizada el pasado fin de semana por el equipo de investigación de O Grove. BDRI

La comunidad científica está de enhorabuena ante la presencia de tortugas laúd, tinglar, baula o tortuga de cuero (Dermochelys coriacea) en aguas de las Rías Baixas. Los investigadores se felicitan por ello, ya que los avistamientos de esta amenazada especie permiten analizar su comportamiento y enriquecen los estudios en marcha sobre los animales marinos y el cambio climático.

Baste como ejemplo el trabajo realizado por el Instituto para el Estudio de los Delfines Mulares (BDRI) al abrigo de la campaña Balaenatur, que se desarrolla por segundo año consecutivo a instancias de la Fundación Biodiversidad, del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Cambio climático

Gracias a este proyecto, que se antoja vital para un mejor conocimiento de las especies marinas y su nivel de afectación frente al cambio climático, no solo se hace un estrecho seguimiento de las ballenas azules que acuden a Galicia para alimentarse, sino también de los demás rorcuales, delfines comunes y mulares (arroaces), nutrias, aves marinas y, precisamente, tortugas.

Ya se había explicado que a principios de agosto el BDRI descubrió en aguas de las Rías Baixas un ejemplar de tortuga laúd, aprovechando para explicar que estos individuos “se sumergen a más de 1.200 metros de profundidad y pueden permanecer bajo el agua hasta 85 minutos”.

Pues bien, la semana pasada fue avistado otro ejemplar, éste de aproximadamente dos metros de largo y entre 400 y 500 kilos de peso.

De ahí la satisfacción mostrada por el director del BDRI, Bruno Díaz, quien resalta que se trata de “uno de los reptiles más amenazados del planeta” y de “la tortuga de mayor tamaño en el mundo, presente en su forma actual desde la era de los dinosaurios”.

Aprovecha para dar a conocer que las tortugas laúd “son altamente migratorias”, de tal forma que “algunas nadan más de 15.000 kilómetros al año entre las zonas de reproducción y de alimentación”.

Compartir el artículo

stats