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Fe a prueba de pandemia

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Santa Rita Rita... Iñaki Abella

“Hay más ambiente un sábado normal, de mercado, que hoy”, afirmó una mujer preguntada por cómo estaba viendo el día de Santa Rita. En efecto, no fue una jornada de demasiado trasiego en Vilagarcía. Al ser festivo, estaban cerrados la práctica totalidad de negocios y no se celebró el bullicioso mercadillo ambulante. En condiciones normales, eso no sería obstáculo para que miles de personas se diesen cita en las calles de la capital arousana, pero la pandemia ha privado a fiestas como la de Santa Rita de muchos de sus alicientes, y eso se nota. Sin atracciones de feria, sin la multitudinaria procesión... el día de fiesta se nota menos.

Ni siquiera montaron sus puestos en la cuesta de Vista Alegre las “rosquilleiras”, lo que privó a los devotos de dos de sus tradiciones más queridas: la de comprar antes de la misa un velón o un exvoto de cera para dejárselo en ofrenda a la santa de Casia, y una bolsa de rosquillas o una hogaza de pan al terminar la ceremonia.

Santa Rita, sobre su tradicional trono de rosas. I.A.

Pero aunque las restricciones del COVID obligasen a una jornada descafeinada, como lleva sucediendo en todas las citas religiosas desde hace 14 meses, la pandemia no ha hecho mella en la devoción que cientos de personas sienten por Santa Rita. Prueba de ello es que todas las misas se llenaron, incluida la primera de la mañana, que este año no fue la de las 6, sino a las 7. Pero esto no significa que los fieles madrugasen antes, puesto que algunos llegaron a Vista Alegre entre las 5.30 y las 5.45 horas para coger sitio para la primera eucaristía.

Sobre las 6.00 llegó al recinto monumental un equipo de Protección Civil y del Servicio Municipal de Emerxencias de Vilagarcía, que en apenas un par de minutos desplegó dos grandes tiendas de campaña y se puso a trabajar en la organización del paso de los feligreses al interior de la iglesia, en colaboración con voluntarios de la parroquia. Así, sobre las 6.15 horas se inició el reparto de tiques, por orden de llegada, que había que presentar al comienzo de cada misa.

El aforo era de 110 personas en las celebraciones en la iglesia -solo podían sentarse tres personas por banco, separadas, dos en los extremos y una en el centro-, y de 150 en la parcela exterior que se habilitó este año como novedad.

Las misas de mañana fueron todas en la iglesia conventual, pues aunque escampó pronto y no volvió a llover, los organizadores prefirieron no correr riesgos de que cambiase el tiempo de forma súbita. Por la tarde, cuando ya brillaba un sol incontestable, los actos religiosos ya se trasladaron al aire libre.

Poco antes de las 20.00 horas, cuando debería salir la procesión, una salva de bombas de palenque recordó a los vilagarcianos que el de ayer no era un día cualquiera.

El vilagarciano Joel Padín actuó en el Auditorio. | // IÑAKI ABELLA

El Ayuntamiento, por su parte, decidió no correr riesgos con los conciertos, y tanto el de Joel Padín como el de Silvia Penide se trasladaron al Auditorio, pese a que se había montado un escenario en la plaza de la Segunda República y se habían descargado docenas de vallas para perimetrar la zona de la actuación. La jornada de ayer se completó con la Feira Celta en el parque de A Xunqueira, el pasacalles del grupo Mocedade de A Torre y un festival de cortometrajes infantiles patrocinado por la empresa Gadis. Los actos de Santa Rita organizados por el Concello de Vilagarcía finalizan hoy, con la clausura de la Feira Celta, otra sesión del Festivaliño on the road (de 11.30 a 13.30 horas, en Ravella, con reserva previa), y con el Encontro Folclórico, a las 19.00 junto al Auditorio.

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