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Compitiendo sobre el agua y sobreviviendo debajo de ella

El Náutico O Muíño de Ribadumia lleva más de dos décadas sufriendo de manera directa las grandes crecidas del río Umia

José Manuel Pérez en las instalaciones anegadas. // N. Parga

José Manuel Pérez en las instalaciones anegadas. // N. Parga

La relación del Club Náutico O Muíño con el río Umia podría catalogarse de amor y odio. Por un lado un espacio natural que se ha convertido desde el nacimiento del club en el lugar donde formar, deportiva y humanamente, a muchas generaciones. Pero también una amenaza constante para la propia supervivencia del club en las temporadas de lluvias, temporales y borrascas.

José Manuel Vázquez Navia es la persona sobre la que recae prácticamente toda la actividad del club ribadumiense. Es una voz autorizada a la hora de analizar una situación en la que se conjugan diferentes factores para un resultado que siempre son las inundaciones de las instalaciones que la entidad tiene en el lugar de Cabanelas.

Con cerca de 70 licencias actualmente y 26 años de historia, el Náutico O Muíño es un referente del piragüismo autonómico. Nadie mejor que ellos conoce la idiosincrasia del río Umia, al fin y a la postre su casa. José Manuel Vázquez tiene claro que "sabemos donde estamos y el privilegio que supone tener unas instalaciones al lado del río en el que entrenamos. Pero también sabemos todos los problemas que ello conlleva. No sé ya ni cuantas veces se ha desbordado en los últimos años".

En la zona baja de las instalaciones, donde se ubica el almacén, allí es donde se concentra la mayor parte de los efectos de las crecidas del río. Las piraguas, palas y el material deportivo ya han tenido que padecer la fuerza del agua en muchas ocasiones. "Debemos tener cerca de 100.000 euros en material allí. Es todo lo que tenemos en el club y que ya solemos guardar a una altura prudencial para que afecte lo menos posible".

Los efectos de estos últimos días han sido cosa menor comparados a otros años, pero lo que realmente llama la atención es que lo anormal se transforme en casi un alivio en la dinámica de agonía en la que se mueve el club cada temporada de lluvias. José Manuel Vázquez señala que "apenas tuvimos medio metro de agua estos días. No nos podemos quejar".

Todavía se recuerda con mucho respeto lo sucedido en 2001. Aquel invierno el agua rondó los dos metros de altura en el almacén. Las imágenes de todo el material anegado y los directivos y entrenadores del club tratando de contener lo incontenible, aún están muy presentes. Desde aquel día, cada crecida del Umia queda reflejada en una marca en una de las columnas que sostienen el edificio Son las huellas de una historia de un club de piragüismo que compite encima del agua, pero que está resignado a sobrevivir debajo de ella.

Acerca de las posibles soluciones a una situación nada fácil la apunta el propio director deportivo de la entidad. "Quizá habría que insistir más en las medidas preventivas. Limpiar más a menudo el cauce del río seguro que ayuda a que las crecidas no sean tan grandes, aunque todo depende también del embalse. Cuando están al límite de capacidad se producen crecidas de más de un metro en menos de una hora y eso es algo que también sería bueno prever".

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