lince ibérico

Un emblema en vías de recuperación

12.11.2008 | 17:17
Un lince en cautividad en el centro de cria de La Olivilla (Jaén). La buena tasa de reproducción del programa de cría en cautividad del lince ibérico, que este año ha logrado la cifra récord de trece cachorros supervivientes, ha permitido llenar este otoño los centros de cría de El Acebuche (Doñana), La Olivilla (Jaén) y el zoológico de Jerez de la Frontera.
Un lince en cautividad en el centro de cria de La Olivilla (Jaén). La buena tasa de reproducción del programa de cría en cautividad del lince ibérico, que este año ha logrado la cifra récord de trece cachorros supervivientes, ha permitido llenar este otoño los centros de cría de El Acebuche (Doñana), La Olivilla (Jaén) y el zoológico de Jerez de la Frontera.

La buena tasa de reproducción del programa de cría en cautividad del lince ibérico, que este año ha logrado la cifra récord de trece cachorros supervivientes, ha permitido llenar este otoño los centros de cría de El Acebuche (Doñana), La Olivilla (Jaén) y el zoológico de Jerez de la Frontera.

El crecimiento de este programa ha obligado a duplicar este año las instalaciones de El Acebuche, que alberga 15 jaulones para linces nacidos en cautividad, y las de La Olivilla, que suma 23, según ha explicado a Efe la directora de este programa, Astrid Vargas.

Ha destacado que este programa maneja ya 52 linces: 28 capturados de la naturaleza y 24 nacidos en cautividad, cifra muy próxima a los 60 ejemplares, a partir de los cuales se destinarían más de una docena de ejemplares al año para reintroducirlos en nuevos territorios.

Este proyecto, que la Junta de Andalucía y el Gobierno central impulsaron a comienzos de este siglo como una de las medidas de choque para evitar la extinción de este felino, considerado el más amenazado del planeta, sumará a final de este año 56 individuos pues también mantiene una hembra senil e incorporará en días dos linces capturados de la naturaleza, sometidos a la preceptiva cuarentena.

Astrid ha destacado que el aumento exponencial de la tasa de reproducción -dos ejemplares en 2005; tres en 2006; seis en 2007 y los trece de este año-, adelanta los planes previstos y ha sido posible gracias a los conocimientos adquiridos sobre el manejo de este felino, del que sobreviven unos doscientos ejemplares en libertad en Sierra Morena y en Doñana.

Como ejemplos, ha explicado que este año se ha logrado criar con biberón a seis linces abandonados por sus madres primerizas y también se ha evitado que las 18 peleas entre cachorros en edad crítica acabaran con el fallecimiento de alguno, como ocurrió en años anteriores.

La buena marcha de este programa también permitirá alcanzar antes la cifra de 60 linces reproductores, que preserva un 85 por ciento de la variabilidad genética de esta especie, así como que a partir de 2009 sólo se tenga que capturar un lince del medio natural y cada dos años.

Tanto Vargas como la directora del centro de cría en cautividad de La Olivilla, María José Pérez, han valorado el esfuerzo inversor de la Junta de Andalucía para duplicar la capacidad de ambas instalaciones, que albergarán a final de año, cuando comience el nuevo periodo de cría, 30 y 20 linces, respectivamente, a los que se suman los cuatro del zoológico de Jerez de la Frontera.

Pérez ha explicado a Efe que La Olivilla, ubicado en el Parque Natural de Despeñaperros (Jaén), no sólo es el mayor centro de cría en cautividad de los tres existentes, sino que también superará a los que se construyen en Granadilla (Extremadura); Silves (Portugal) y al aprobado en Villafranca de Córdoba.

Estos centros actuarán como una única red e intercambiarán ejemplares según directrices científicas, basadas en la mejora genética de esta especie y en la reintroducción de linces en nuevos territorios seleccionados, como las comarcas de Guarrizas (Jaén) y Gualdalmellato (Córdoba), elegidas ya por la Junta de Andalucía.

Aunque la buena marcha del programa de cría en cautividad y la entrada en funcionamiento de nuevos centros supone un colchón de seguridad frente al riesgo de desaparición del lince ibérico, Vargas reitera que este proyecto sólo debe de entenderse como una herramienta de apoyo a la conservación en libertad de este felino, el verdadero reto para evitar su extinción.

Una conservación que, en su opinión, exige defender el monte mediterráneo, único ecosistema en el que el lince puede sobrevivir y emblema de la biodiversidad de la Península ibérica.

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