Luis Manuel Fernández: "Las burradas que los niños de 12 años escriben en las redes son de asustar"

"No enjuiciamos al Opus Dei sino a un pederasta que se aprovecha y abusa de un niño en un colegio", dice el abogado, que acudió al Papa en busca de ayuda en este caso

04.11.2015 | 03:04
El abogado Luis Manuel Fernández. / Marcos León

El abogado Luis Manuel Fernández lleva el caso del menor bilbaíno víctima de supuestos abusos sexuales por su preceptor en un colegio del Opus Dei. En el proceso se han encontrado con un aliado inesperado, el Papa, que escribió de su puño y letra a los padres y ordenó iniciar un proceso eclesiástico. Conoce muy bien cuánto dolor se esconde detrás de los delitos donde los menores son las víctimas. Está especializado en acoso escolar.

-¿Qué singularidad tiene su último caso sobre el abuso a un menor?

-Se produce en un centro escolar, por un docente y en el ámbito de un colegio del Opus Dei de Bilbao, donde existe la figura del preceptor para la formación moral y espiritual de los alumnos. Es una figura muy específica del Opus Dei. Es un poco más que el tutor. En este caso el preceptor tenía una ascendencia tal sobre el menor que lo llegó a anular completamente, además de los hechos penales de los abusos. No es solo el abuso sexual. Es un abuso sobre un niño con unas firmes convicciones religiosas y por la persona en la que más confía. Usando todo el poder y ascendente que tenía sobre el menor se aprovechó para hacerle daño. Y luego, utilizando esta misma ascendencia, le metía miedo en el cuerpo para que lo ocultara, o para que se inculpara él mismo.

-¿Este caso también, de alguna manera, es un juicio a un tipo de estructura educativa?

-No. El delito es de una persona. No estamos enjuiciando al Opus Dei. Esto es el caso de un pederasta, de una persona que abusa de un niño. En este caso se aprovechó de las estructuras que tenía a su alcance, pero esa misma persona en otro tipo de ambiente, en otro colegio, también lo podría haber hecho. La diferencia también es que aquí hubo acoso escolar promovido por el propio profesor. Los compañeros se metían con el niño llamándolo 'novia' del profesor.

-¿En estos casos el problema puede estar en fundamentar el caso sobre el testimonio de un niño frente al poder de una institución?

-No. En los casos de violencia, sobre todo en los delitos sexuales que se cometen en la intimidad, la jurisprudencia fue evolucionando y frente a la presunción de inocencia que tiene cualquier acusado, el Supremo ya dice que la declaración de la víctima es suficiente para enervar la presunción de inocencia y fundamentar una condena. Pero en el caso de menores, lo que hay que buscar es la credibilidad de esa declaración por los hechos objetivos, con comprobaciones periféricas. Por ejemplo, el tratamiento que se ha seguido con los médicos, determinar el tiempo y lugar de los hechos y si se puede acreditar... En estos casos lo más difícil es que los menores consigan expresar todo lo que les pasó y tener la fuerza suficiente para afrontar el proceso. Porque tienen un sentimiento de culpa, como el de cualquier víctima de abusos sexuales.

-¿Qué particularidad hay en pleitear contra el Opus Dei en un caso así?

-Aparentemente ninguna. Esto no es un juicio contra el Opus Dei, es un juicio contra un pederasta que se aprovechó de las circunstancias de estar en un colegio del Opus. Luego las responsabilidades del colegio por haberlo contratado, si es que las hubiera, esas también se resolverán. Pero son como las de cualquier centro educativo en que uno de sus miembros comete un delito. Esas están suficientemente reguladas en el Código Penal.

-¿Cómo surge la idea de acudir al Papa?

-Son personas con unas creencias y valores religiosos muy fuertes. Para ellos es tan importante la condena moral dentro de la Iglesia como la posible condena en la jurisdicción ordinaria. La idea de acudir al Papa fue la de buscar que el Santo Padre les respalde, para decirle a la sociedad y dentro de la comunidad católica que esos actos no están bien y no son aprobados. En menos de un mes respondió de su puño y letra. Para la víctima fue un rayo de luz.

-Usted está también especializado en casos de acoso escolar. ¿Hay más ahora o es que estamos más sensibilizados?

-Se denuncian más. Yo creo que también las redes sociales influyen mucho. Hacen de altavoz para este problema. Antes, posiblemente, los niños podían sufrir vejaciones o insultos en el colegio, pero se limitaban al ámbito escolar. Ahora, con el mundo digital, toda su vida está afectada.

-¿En estos temas son más crueles los chicos o las chicas?

-Diría que son más crueles las chicas. En violencia psíquica, sí.

-Habla a partir de los 14 años...

-No, no. A partir de los 12. Con 12 años las burradas que pueden escribir en las redes sociales son de asustar. No son como los niños de mi generación, ahora maduran antes.

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