Cofradías de la ría de Pontevedra se plantean no firmar el plan de seguridad de la navaja

Se quejan de las exigencias del Ministerio de Fomento, que les carga con la responsabilidad en caso de accidente - El sector asegura que la norma no se ajusta a la realidad de su trabajo

13.10.2016 | 02:15
Un navalleiro de Bueu muestra unas navajas extraídas del fondo. //SÄ.

La actividad extractiva de la navaja a partir del próximo 1 de enero está rodeada de incertidumbre en varias zonas de Galicia. La razón estriba en los requisitos que deben incluir los planes de seguridad vinculados a esta pesquería, que tienen que ser aprobados por el Ministerio de Fomento. Esas exigencias son para los profesionales del sector y para las propias cofradías resulta poco menos que inviables y suponen una espada de Damocles. Los patrones mayores de varios pósitos, entre ellos los del plan conjunto de la ría de Pontevedra, han deslizado la intención de no firmar esos planes de seguridad debido a que en caso de cualquier accidente la responsabilidad recaería directamente sobre ellos. Sin esa firma el colectivo de navalleiros no podrían salir al mar o bien tendrían que volver al sistema anterior, de inmersión en apnea.

Hoy mismo se celebra en Arcade una reunión de la Federación Provincial de Confrarías de Pontevedra, donde se darán explicaciones de la reciente reunión mantenida con técnicos del Ministerio de Fomento. Luego se celebrará una reunión conjunta en la federación autonómica y la intención del sector es sentar en la misma mesa a Fomento y la Consellería do Mar.

Los navalleiros tienen regulada su actividad por un plan de explotación del recurso, con el que no hay problemas para el año próximo, y por otro de seguridad debido a que trabajan bajo el mar y con suministro de aire desde superficie. Los profesionales cuentan con una tarjeta de "recolector submarino", otorgada por la Consellería do Mar, pero el plan de seguridad tiene que ser validado por el Ministerio de Fomento. Aquí está la raíz de la controversia ya que las exigencias que impone el ministerio son las propias de un buceador profesional, que trabaje en obras submarinas, dragados o con maquinaria. "Ese no es nuestro caso, que solo bajamos para recoger con nuestras manos la navaja o el erizo", explican los afectados.

La actual normativa requiere la presencia de un jefe de equipo, un patrón, un buceador de socorro y otros dos en el agua que serán los que se encargan realmente de recoger la navaja. "Eso implica que como mínimo a bordo de cada barco tiene que haber cuatro personas y eso es completamente inviable. Cada embarcación es una empresa distinta y lo normal es que como mucho a bordo vayan dos personas, con su correspondiente cuota", argumentan.

La posibilidad de que las dos personas que se sumergen recojan su cuota y la de sus compañeros tampoco es viable. "Eso se puede hacer un día si las condiciones del mar son buenas, pero no siempre. Además es esquilmar el recurso y tirar con los precios", ejemplifican.

La solución empleada hasta el momento ha sido agrupar varios barcos y nombrar a un jefe de equipo conjunto que se va rotando, una alternativa no exenta de riesgos. "Si yo soy el jefe de equipo y el buceador de otro barco y, por tanto de otra empresa indepenidente de la mía, tiene algún problema el responsable y a quien se le cae el pelo es a mí", pone como ejemplo un veterano navalleiro de Bueu.

La responsabilidad no se limita solo a ese jefe de equipo, sino también a quien firma el plan de seguridad, que este caso es el patrón mayor de cada cofradía. "Si ocurre un problema porque tengo que ser yo el responsable, si a lo mejor estoy en mi casa, en una reunión y ni siquiera sé si esa persona estaba en condiciones de trabajar", han argumentado ya algunos patrones mayores. El amago de plante por parte de algunos de los máximos responsables de los pósitos llega después de que hayan ocurrido algunos sucesos desgraciados, como el fallecimiento de un navalleiro a principios de verano en Cambados.

En caso de que las cofradías no suscriban esos planes de seguridad el sector se podría encontrar con serias dificultades para ejercer su actividad a partir del próximo 1 de enero, tal como admite el presidente de la Federación Provincial de Confrarías, José Antonio Gómez, que reconoce que entre los pósitos hay "reticencias". Sin el plan de seguridad los buceadores que se dedican a la navaja e incluso al erizo no podrían salir a trabajar. "As confrarías non queren impedir que este sector tan importante poda seguir traballando, pero é necesario un cambio de regulamentación", sostiene Gómez, que defiende la necesidad de sentar en la misma mesa a Consellería do Mar y Ministerio de Fomento.

El tiempo corre en contra ya que los planes de seguridad deben estar aprobados antes del 1 de enero. Si llegado a esa fecha no hay una solución las alternativas podrían ser dos. Amarrar a puerto o bien volver al anterior medio de trabajo, que era la inmersión en apnea. Esta alternativa, precisan los navalleiros, también requiere un plan de seguridad, aunque menos exigente que en el caso de suministro de aire desde la superficie.

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