El Johán Carballeira exporta talento a Alemania

Los tres alumnos del instituto de Bueu que realizaron prácticas en Baja Sajonia se quedan allí para trabajar

17.06.2016 | 03:12
Maget Gulías, Manuel Somoza y Juan A. Garea, ayer, en el taller de soldadura del Johán Carballeira. // GN

El instituto Johán Carballeira de Bueu se ha convertido en una auténtica autopista al éxito laboral en Alemania. El año pasado uno de sus alumnos que realizó prácticas en una empresa de la localidad de Melle (en el estado de Baja Sajonia) consiguió trabajo allí. Este año otros tres alumnos del centro regresaron a la misma fábrica y han vuelto a España con un contrato de trabajo debajo del brazo. En el mes de julio emprenderán su aventura laboral en el país germano en busca de un futuro mejor. Dos se quedarán en la misma empresa y el otro en una fábrica de la zona.

Maget Gulías, de 35 años y de Poio; Juan Antón Garea, 26 años y también de Poio; y Manuel Somoza, 35 años y de Bueu. Los tres son alumnos del IES Johán Carballeira de Bueu, que acaban de finalizar su formación en el ciclo Superior de Construcciones Metálicas y lo han hecho tras dos meses y medio de prácticas profesionales remuneradas en Alemania, en una fábrica situada en la localidad de Melle. Allí llegaron gracias al programa de becas Erasmus y el suyo ha sido un viaje más que fructífero. Allí han encontrado la oportunidad laboral que en España se les negaba y dentro de unos días regresarán a Alemania con un contrato de trabajo debajo del brazo.

Su historia no es nueva en el instituto buenense. El año pasado uno de sus compañeros, David Gómez, abrió el camino que ahora ellos han seguido. De hecho su periodo de prácticas fue en la misma empresa, NTF Korfhage Maschinenbau, y llegaron a coincidir con su antiguo compañero, lo que facilitó su integración. Este periodo de formación duró dos meses y medio y ninguno de los tres tuvo dudas cuando surgió la oportunidad de quedarse. "Yo iba con la esperanza de que nos cogiesen. Llevo cuatro años en el paro y no lo dudé un momento", explica Manuel, que previamente trabajó como topógrafo. A Maget, madre dos hijos, tampoco lo dudó mucho. "Aquí todo es mucho más difícil. Nos vamos toda la familia e incluso puede ser una buena oportunidad para los niños", cuenta. Maget y Manuel se quedarán en la misma empresa donde estuvieron haciendo prácticas, mientras que Juan consiguió empleo en otra compañía de la misma área geográfica. "Yo quería quedarme. Hice una entrevista en una empresa llamada Teledoor y me cogieron. Es una buena oportunidad para aprender el idioma y cambiar de vida", dice.

El idioma es quizás la principal barrera para asentarse e integrarse en Alemania. Los tres tenían nociones de alemán, aunque luego la realidad es otra. "Cuando llegas aquí no tiene nada que ver con lo que has aprendido. No todo el mundo habla tan claro como un profesor en una clase, ni se utiliza el mismo lenguaje", contaban ayer los tres en el IES Johán Carballeira. Sin embargo no hay ningún escollo que sea insalvable. "Los alemanes son gente muy amable y educada. En la empresa nos hablaban muy despacio para poder entenderles bien y trataban de que nos integrasemos", coinciden. En los últimos años Alemania no ha sido inmune al auge de determinados movimientos xenófobos y de ultraderecha, contrarios a la inmigración. "No hemos visto nada de eso. Una de las cosas que más valoran es que intentes adaptarte y formar parte de la comunidad porque sí que hay gente que no quiere integrarse", subraya Manuel.

Los tres son conscientes de que su aventura en Alemania es emigración pura y dura, una experiencia ya vivieron otras generaciones décadas atrás. "No te queda otra que mentalizarte. Es una oportunidad que hay que aprovechar y al final la familia se va contigo", sostiene Maget. Juan, el más joven de los tres, dice que "si tuviese la posibilidad de quedarme aquí lo haría, pero visto lo visto ésta es la salida con más futuro". Manuel es el más contundente. "A mí me da rabia tener que marcharme, pero una vez que ves como es el sitio, la gente, la educación... no lo entiendes como un inconveniente sino como una oportunidad. Cuando en la empresa me preguntaban y les decía que llevaba cuatro años y medio sin poder trabajar apenas se lo podían creer", recuerda.

A largo plazo

Los alumnos del Johán Carballeira destacan las diferencias entre el sistema educativo español y el germano. "Aquí los cursos son de dos años, con las prácticas profesionales al final del segundo. Allí la formación profesional dura tres años y desde el primer momento con prácticas en empresas", ejemplifican. Otra de las diferencias es la mentalidad empresarial. Los tres se van con un contrato de prueba de seis meses, pero esa supuesta provisionalidad no les inquieta. "Nos han explicado que es lo normal. Tienen una cultura a largo plazo y a diferencia de España no te ven como mano de obra barata. No invierten en formarte para luego echarte a los pocos meses, solo piden que ese esfuerzo y mentalidad sea recíproca", sentencian.

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