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José Manuel Ponte

inventario de perplejidades

José Manuel Ponte

Un abucheo de ritual

La manifestación por los atentados y el fútbol

La manifestación contra los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils comenzó prácticamente a la misma hora que el partido de fútbol entre el Deportivo Alavés y el Barça. En el primer acontecimiento se trataba de poner de manifiesto si la unidad de los partidos políticos superaría, por razón de duelo reciente, las tentaciones separatistas. Y en el segundo, hasta qué punto un Barça sin Neymar ni Luis Suárez en la delantera pudiera superar el trámite liguero solo con Messi al timón de un barco en riesgo de naufragio.

En el bar donde yo combatía el calor con un agua mineral, el propietario optó por conectar la televisión con el estadio de Mendizorroza. Y lo mismo hicieron en la mayoría de los bares cercanos, según pude comprobar saliendo un momento a la calle. Le pregunto (tímidamente claro) al jefe de la barra por la manifestación de Barcelona y me contesta que los parroquianos prefieren saber de las andanzas de Messi en tan delicada coyuntura que por los apuros del Rey ante el abucheo separatista. "Al fin y al cabo -me explica- ya sabemos que van a pitarle a Felipe en cuanto asome la cabeza. Es una costumbre que se ha extendido desde que el Athletic de Bilbao y el Barcelona jugaron la final de la copa del Rey y a su padre le cayó un abucheo importante. Son modas". Para pasar el rato, y siempre con mucha prudencia, insisto en ligar un suceso con el otro y especulo sobre la posibilidad de que en una Cataluña independiente el Barça tuviera que jugar la liga francesa por invitación, como hace el Mónaco.

El propietario del bar y la mayoría de los parroquianos no creen que esa circunstancia se vaya a dar nunca porque creen firmemente que, al final, el proceso independentista no prosperará. Salvo uno que no ve inconveniente en que tal cosa suceda. En opinión de este parroquiano, la liga francesa está dominada financieramente por jeques árabes que la van a convertir a golpe de talonario en un espectáculo mundial, y el primer paso de esa operación ya se produjo al arrebatarle Neymar al Barça. "Y, cuidado, muy pronto pudiera ir detrás Messi, que todavía no renovó", insinúa de forma taimada. Entre ese y otros entretenimientos parecidos transcurre la primera parte que resultó aburrida y aprovecho la ocasión del intermedio para ausentarme. Más tarde, por radio, me entero que el Barça ganó el partido con dos goles de Messi, que aún espera que la directiva del club le proporcione mejor compañía que la del brasileño fugado antes de que cierre el periodo hábil de fichajes.

En la prensa madrileña de los días siguientes se califica de "encerrona", "celada", "boicot", y "falta de respeto" los abucheos separatistas al Rey. Un periodista catalán, Arcadi Espada, expresa su deseo de limpiarse con una ducha de la promiscuidad de las malas compañías.

Y otro colega, Enric González, hijo de aquel gran novelista de serie negra que era Francisco González Ledesma nos recuerda que Barcelona, al margen de esa imagen de urbe alegre y confiada, "fue durante la mayor parte de su historia una ciudad violenta, incómoda, y abundante en armas".

Más o menos como la ciudad que describía su padre. Negros augurios.

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