En Meis, de cocina sutil

28.07.2016 | 04:26
De arte. ¿Qué se creían? Que no íbamos a perpetuar su comida anual, por días que hayan pasado? Son alumnos de pintura de la A. Casco Vello de Vigo, que como todos los años para celebrar el fin de curso se reúnen en torno a un buen yantar, y luego hacen la foto de rigor ante nuestro olivo.

Ese templo del diseño y de la cultura enológica que es el hotel Novavila que en Meis regenta el empresario José Luis Vilanova va ahora camino de convertirse también en altar de la gastronomía. Quizá nunca como hasta ahora apostó tanto por ello, con estas jornadas gastronómicas que hasta el 3 de agosto allí se ofrecen con la chef catalana, de ascendencia gallega, Nuria Ortínez, del equipo de Bendita Cocina. Curtido cicerone, Vilanova te recibe en la terraza del palomar, un coqueto rincón rodeado de vegetación al borde de la piscina con una copa del espumoso rosado que Novavila elabora con variedades tintas autóctonas. Pronto, unos entrantes a base de crudités, quesos artesanos del país y unos pimientos de Herbón en su justo punto. Ya en el interior del comedor, a la antigua usanza, con los doce comensales en torno a una única mesa, llega un sutil gazpacho de remolacha ecológica matizado con berberechos de Real Conservera Española. Allí estaba, por cierto, el gerente de la conservera, el cambadés Íñigo Silva. A continuación, una selección de cocas con verduras del huerto de la casa y aceite de albahaca para finalizar con una fideuá de intensos aromas marineros con una delicada crema de alioli. Una alabada mousse de chocolate con sal y aceite de oliva virgen culminó la propuesta. Quien quiera disfrutarlo, (35 euros) cada noche, hasta el 3 de agosto, reserve en info@novavilariasbaixas.com

En Bembrive, con Santa Ana

En Meis y el hotel Novavila tienen sus formas de refinamiento culinario bajo la batuta de José Luis Vilanova y en el señero barrio vigués de Bembrive tienen otras más sencillas pero entroncadas en la tradición popular más añeja. En las fiestas de Santa Ana celebradas estos días en ese barrio se ha hecho costumbre hacer una procesión culinaria y vitivinícola por varios chalés de la zona. Vigueses no solo de Bembrive sino de Beade, Cabral, Candeán, Teis, Coia... se reúnen fraternalmente en el barrio de la santa y, si el lunes se van a casa de Ángel "Lito", el martes estuvimos en la casa de Fernando Fdez, donde con su vino atacaron una sardinada, en la de León Barros, que al suyo le añadió ricas raciones de morro y oreja, y en la de Marcial Rodríguez, que sembró su vino con empanadas. No podían faltar los cánticos, desde habaneras a tradicionales gallegas, y en tal tesitura cantoral podías ver a gente como Moncho Español, Guillermo Gallego, los tres Antonios fuera Allariz, Vega o Gallego, Ramón Blanco, José María García, los Carlos fuera Vázquez o Herrera, Juan Vega, Manuel "dallecalor", Víctor Cabaleiro... y varias decenas más. Daremos foto.

Barrio Viejo, nunca tan masivas visitas

Uno es del barrio viejo vigués de toda la vida y puede afirmar que no recuerda nunca jamás tal masiva presencia de visitantes, ni siquiera cuando hace medio siglo en el mismo estaba el meollo del comercio vigués. El calor, la multiplicación de terrazas en metástasis desenfrenada, la cada vez más variada y cualitativa hostelería que inunda el barrio lo ha convertido en lugar de encuentro para vigueses y foráneos, desplazando otras zonas anteriores. El domingo y la víspera de Santiago no había posibilidad de entrar por la noche en un restaurante, aunque no todos abrieran.

Y la tienda de Marisa

Y en este barrio viejo, qué vacío sentimos los que lo habitamos porque cerró Marisa, y qué desconsolada estaba Marisa Fariña por lo mismo, aunque lo hiciera voluntariamente y por cosa de los años, no de la crisis. Si Javier Barral cerró hace poco Stylmark, tienda emblemática, también cerró estos días Marisa, esa tienda de primeras marcas para señora (joven) que inauguró en enero de 1983, toda una apuesta de Marisa porque en esos años el barrio estaba desértico, delincuencial, y solo quedaba al lado ARTE porque Confecciones Ferro cerró esos años y también la ferretería Cancela. Marisa, que había trabajado antes (desde 1960) en Blancazul, Cortefiel y Sonka, ganó esa apuesta, la tienda creó espacio propio, y se despide de un barrio en ascenso triunfal. Pero con pena.

De arte. ¿Qué se creían? Que no íbamos a perpetuar su comida anual, por días que hayan pasado? Son alumnos de pintura de la A. Casco Vello de Vigo, que como todos los años para celebrar el fin de curso se reúnen en torno a un buen yantar, y luego hacen la foto de rigor ante nuestro olivo.

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