Nombres propios

Ares de Parga, pedagogo ourensano

17.11.2015 | 02:49
Parga, con alumnos de la Escuela Pro Val Minor en el huerto escolar.

El día 31 de julio de 1865 nacía en Ourense el gran pedagogo republicano Ignacio Ares de Parga Conde. Por lo que, precisamente este año se cumplieron los 150 años del nacimiento de tan importante como desconocido educador, para la mayoría de los ourensanos. Alberto Vilanova, en su magistral libro de dos volúmenes, Los gallegos en la Argentina, que comentamos en un pasado artículo, nos habla de su figura, de sus amistades y actividades, por los datos recogidos de su hijo Manuel S. Ares Raffo en Buenos Aires, donde Ignacio vivió desde 1885, cuando contaba con 20 años de edad, y en donde falleció el 22 de diciembre de 1922 a la edad de 56 años. Ignacio era hijo del matrimonio ourensano formado por Manuel Ares de Parga Pulleiro y Melchora Conde, que tuvieron otros dos hijos llamados José y Aureliano. A la edad de 27 años, en 1893, se casó en la capital argentina con la profesora Clara Raffo, con la que tuvo su hijo Manuel, que mencionamos antes.

Nuestra amiga, la profesora de la Facultad de Educación de Ourense, recientemente jubilada, Mª del Carmen Pereira Domínguez, realizó en su día su tesis doctoral, todavía inédita, sobre las escuelas creadas por los emigrantes del Valle Miñor. Creadas por la Unión Hispano-Americana del Valle Miñor (U.H.-A.V.M.), radicada en la capital bonaerense, sociedad de instrucción de los emigrantes de aquella comarca del sur de Vigo, llevaron a la práctica el modelo pedagógico diseñado precisamente por Ares de Parga, el que periódicamente viajaba como inspector y supervisor de las mismas para visitarlas, desde el país austral. En el interesante Boletín editado por esta entidad se recogen infinidad de noticias, con ilustraciones y fotos, sobre las actividades de estas escuelas miñorianas y numerosos artículos pedagógicos, muchos de la autoría de nuestro pedagogo. Sobre el que también investigaron en su momento, Alberto Vilanova y Carmen Pereira, como ya dijimos, y José Manuel Malheiro, Vicente Peña Saavedra, José Manuel Núñez Seixas, Narciso de Gabriel y A. Costa.

Pero, ¿quién fue nuestro prócer? De familia ourensana muy culta, recibió desde niño una educación esmerada, estudiando el bachillerato y la carrera de magisterio en nuestra ciudad. Para marchar luego a Madrid a ampliar sus estudios, nada más y nada menos que en la ILE creada, entre otros, por Francisco Giner de los Ríos en 1876. El mayor institucionista ourensano de la historia, junto con Carlos Velo, fue sin duda alguna Ares de Parga. Que además contó con la amistad y el aprecio más profundo de Giner. Y con el que mantuvo una prolongada correspondencia epistolar desde la capital argentina. A donde, como ya antes dijimos, emigró, con otros, en 1885, para enseñar matemáticas, materia de la que era un gran especialista, en la prestigiosa Academia Británica de Buenos Aires.

Entre las muchas e importantes tareas realizadas por él en Argentina, destacan especialmente las educativas y pedagógicas y las del fomento del republicanismo, especialmente entre los gallegos. Fue allí el líder intelectual de nuestros emigrantes, junto con Antón Alonso Ríos. En 1904 fundó el Centro Republicano Español, y mantuvo relación con destacados republicanos, como Salmerón, Pablo Iglesias, Alejandro Lerroux, Vicente Blasco Ibáñez y Basilio Álvarez. Tuvo como huésped por un tiempo en su casa al eminente profesor Adolfo Prada. Fue una persona tan activa que, por su compromiso ético y republicano y su sentido regeneracionista, moderado y realista, creó y participó como miembro en numerosas entidades y sociedades ligadas al republicanismo. Formó parte de la Comisión Redencionista de los Foros Gallegos, y participó activamente en la Asociación Patriótica (1896), Liga Republicana (1903), Juventud Republicana y Centro Republicano Español (1904), antes mencionado, y en el Círculo Español Republicano (1907).

Matemáticas

No menos importante fue su labor pedagógico, llegando a ser altamente considerado en este campo por el propio gobierno argentino. Además de docente en la Academia Británica antes reseñada, fue miembro del Consejo Nacional de Educación de la República Argentina, como catedrático de enseñanza superior, especialmente en el campo de las matemáticas. Promovió variadas asociaciones profesionales de los maestros argentinos como "El Magisterio", "Asociación de la Protección Mútua", "Asociación Pro-Maestros de Escuela" y "Sociedad de Educación Industrial". En 1912 publicó un interesante libro bajo el título de La escuela argentina. Puntos de vista educacionales. Fundó la Agrupación Regionalista "A Terra", de la primera Casa de Galicia en Buenos Aires, organizando su plan de estudios, y del Banco de Galicia. Escribió numerosos artículos en muchas publicaciones de la emigración gallega, Fue, de 1911 a 1915, director del Boletín de la U.H.-A. Pro Valle Miñor. Donde publicó una quincena de interesantísimos artículos educativos. Siguiendo el modelo pedagógico de la ILE, que siempre defendió en la teoría y en la práctica. No es casual que Vicente Risco, en 1921, en la revista Nós, le dedicase a Ares de Parga su excelente artículo "Plano Pedagógico para a Galeguizazón das nosas escolas". Este nuestro pedagogo fue tan importante que todavía no comprendemos bien porque alguien no haya realizado una tesis doctoral sobre su figura de gran educador.

Ignacio Ares de Parga fue el orientador pedagógico fundamental de la Escuela "Pro Valle Miñor" de Nigrán, Baiona y Gondomar, y además su inspector y supervisor, para lo que periódicamente, como ya dijimos, tenía que viajar desde Argentina. En la misma, creada en 1909 y clausurada en 1936, con la dichosa guerra "incivil", se llevó a la práctica una educación laica, progresista y firmemente republicana, inspirada en el modelo educativo-didáctico propuesto y defendido por nuestro pedagogo. En una de sus visitas a la escuela, recomendó a sus profesores (el director fue un importante educador llamado Eladio Ferreiro) que no dejaran de lado la Historia de España y de Galicia y les dijo: "El alumno de estas escuelas que tiene que emigrar debe irse con la clara visión de lo que fue y de lo que es su patria, para que nunca la olvide".

Siguiendo las indicaciones de Ares de Parga, el director Ferreiro defendía la necesidad de promover "una escuela moderna, esencialmente educativa, donde se desarrollen las fuerzas físicas, intelectuales y mortales del individuo, por medio de procedimientos racionales, prácticos e intuitivos". Con respecto al tratamiento de los contenidos religiosos, por propuesta de Ares, Ferreiro señala la necesidad de buscar un punto de encuentro "que sin romper por completo los antiguos moldes, vayamos generalizando la escuela moderna y la escuela social, neutra, exenta de toda clase de dogmatismos, luchas, enconos, apasionamientos sociales o religiosos y de todo lo que divide a los hombres. La escuela de los pueblos verdaderamente libres y progresistas".

La escuela lleva a la práctica los principios metodológicos y didácticos del modelo propuesto por Ares de Parga. El curriculum de la misma iba siendo transmitido a Ferreiro por Ares a través de las orientaciones oportunas, y en su conjunto, conformaban la esencia de la filosofía educativa de la ILE, interpretada desde su experiencia docente en la escuela argentina. Los planteamientos pedagógicos de nuestro singular pedagogo se fundamentaban esencialmente en cinco puntos:

1.- La educación es un instrumento de regeneración social. El sistema educativo tiene que asumir de forma improrrogable, inexcusable y urgente un proceso regenerador capaz de emprender un cambio estructural en la sociedad. La función social de la escuela, convertida en un "gran laboratorio" de la reforma nacional, consiste en transformar "no solo el alma del mañana, sino el espíritu mismo del momento actual, porque ¿A qué obra más digna y remuneradora debe prestar atención la sociedad, cuando se trata de afirmar sobre bases sólidas su existencia actual, definiendo el futuro? Debe ser pues la escuela la directamente encargada de dar satisfacción a sus propios anhelos, distribuyendo a manos llenas la regeneradora cultura".

2.- La educación tiene como función desenvolver en el individuo una conciencia ética de carácter individual. Conciencia que se forma estimulando el uso de la razón frente al "idealismo educacional", identificado con la práctica docente tradicional, formada y sostenida por una conciencia "a base de dogmas y futilezas anacrónicos, que subsiste y persiste donde todavía no se ha reemplazado la férula y el dictado del 'magister' por la libertad racional, el estudio de la Naturaleza, el culto a la verdad, al bien, al trabajo, a la justicia y a la espontánea y natural manifestación del pensamiento".

3.- Respeto a la libre conciencia individual que exige la neutralidad religiosa de la educación, sin que implique un compromiso explícito con el laicismo. Ares estaba a favor del laicismo, pero evitando caer en posturas dogmáticas extremas, siempre funestas, por lo que apoyaba lo que denominaba "escuela laica neutral": una escuela universal, armónica, sin prejuicios, sin dogmas ni espíritu de secta, donde se debe practicar "la absoluta libertad de conciencia y respeto a todas las creencias religiosas. La escuela tiene que profesar la religión del honor, de la libertad, de la justicia y rendir culto al sentimiento patriótico". Un modelo que tiene correspondencia en la escuela social, exenta de toda clase de dogmatismos, luchas, animadversiones, apasionamientos políticos, sociales o religiosos y de todo lo que divide a los hombres. En palabras de Ares "a escuela de los pueblos verdaderamente libres y progresistas".

4.- En el fin de toda pedagogía debe primar la educación frente a la instrucción. Deben sustituirse los procedimientos dogmáticos por el sistema de ejercicios intuitivos, "rompiendo aquellas enormes masas de alumnos por necesidad constreñidos a oír pasivamente una lección", para entrar en contacto con la Naturaleza.

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