Escritos desde el tren (y 2)

16.09.2015 | 04:55
Cosecha Goián 1950. Estos que veis tan campantes son goianeses de pro que corrieron juntos de niños y que, organizados por Mané Villa celebraron hace unos días el I Encuentro de Goianeses nacidos en 1950, o sea que han llegado a la tierna edad de los 65. Ahí están tras una comida en el restaurante A Eira de la playa tomiñesa del mismo nombre pero en plural. Al fondo, los viñedos del rosal Aforado y el monte da Magdalena.

Dejé en Zamora la ribera del Tormes, que es un río místico, sobrio y solemne en su recorrido, y al galope del tren llegué a la del Miño, que es un río bailón y poco contemplativo, aunque esto lo diría mejor el poeta vigués David Fernández Rivera. Pensé en él mientras admiraba el paisaje desde la ventana. Yo a David, al que he visto nacer a la poesía hace un decenio, a sus 19, lo considero un francotirador de la palabra, un combatiente de Apolo, un resistente del verso en esta sociedad del McMundo, tuneada, tuiterizada. Le he visto luchar con fe de acero desde la soledad lírica. Hace poco volvió de América Latina y fue "huésped de honor" en Antioquía, en donde realizó talleres y seminarios. Estuvo también en Medellín y en Envigado obtuvo en un festival una distinción que le reforzó en su poético itinerario, que siempre conjugó son otras artes como la música o el teatro. Ahí están con su firma "Caminando entre brumas", "Canciones de mi ausencia", "Ágata"... Ahora, vuelto de su periplo americano, sigue en su porfía.

Una visita al Mishima

Ya en Vigo, vuelto a la realidad nada cotidiana, me fui a la librería-café Mishima con la Lolailo, aprovechando que no abría su puesto de "hot dogs" sobre ruedas. Eran las ocho de la tarde del lunes y había mucho ambientillo en ese cafeto literario que abrieron en la calle Regueiro, en la que por cierto habita María Xosé Qeizán. Yo había quedado allí por un asunto que tenemos entre manos con el irlandés John Moriarty, director de las academias Euroschools, pero en menos de una hora saludé a no pocos amigos que allí o por alrededor coincidieron. En la librería estaba el editor Gonzalo Allegue, padre del librero, pero allí también saludé al profesor de filosofía Francisco Sampedro, que pronto va a ser noticia literaria. Allí tomaba un café Imre Kukla, que tradujo el libro ya a la venta de su padre Hanns Oswald Kukla sobre su experiencia en el ejército alemán durante la guerra, poco antes de formar familia en Vigo. Cerca, en la plaza de la Independencia, tuve encuentro gozoso con el también filósofo y profesor Avelino Muleiro, organizador de las Jornadas de Filosofía de Vigo, que iba con el filólogo Modesto Hermida, y el siempre cordial responsable policial Emilio Fernández. Cien metros después peleamos por el mismo taxi con el sumo pintor barbado Antón Pulido, taxi que acabamos compartiendo. Cuánta gente en poco tiempo.

Y un debutante coral

Y quien hizo su debut en el canto coral fue el expresidente de la asociación vecinal de Cesantes, José Antonio Sánchez, muy ligado años atrás al fútbol de modestos de Vigo. Sánchez, que se bautizó el sábado en San Miguel de Oia con la coral Ondas do Mar de Vigo, cuya directora es Nuria Lorenzo, también directora del Coro de la Universidad, es padre de Iván, saxo de la Orquesta de Saxos de Redondela. O sea que la música va en el ADN familiar.

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