La huella de un santo sacerdote

Ante la próxima beatificación de D. Álvaro del Portillo

24.06.2014 | 08:47
La huella de un santo sacerdote

En los primeros días de febrero de 1945, san Josemaría Escrivá de Balaguer visitó Tui acompañado de su fiel colaborador y después sucesor en la dirección del Opus Dei, Álvaro del Portillo. Al Fundador de la Obra le unía una gran amistad con fray José López Ortiz, obispo de la diócesis tudense entre 1944 y 1969, desde que se conocieron en la facultad de Derecho de Zaragoza en 1924. López Ortiz los hospedó en su palacio espiscopal con vistas al Miño y a Portugal, y los presentó a la vidente de Fátima sor Lucia, entonces hermana dorotea en el convento de Tui. Sor Lucía alentó a san Josemaría a que la Obra iniciara la labor en Portugal cuanto antes. El Fundador del Opus Dei y don Álvaro, acompañados por el obispo Fr. José y su secretario don Eliodoro Gil Rivera, viajaron entre el 5 y 8 de febrero de 1945 a Fátima, Lisboa y Coimbra, lo que supuso el primer paso para la expansión de la Obra fuera de España. Durante la guerra civil española, el Fundador ya había previsto el desarrollo apóstolico del Opus Dei en París, y para ello estudiaron francés algunos de sus inmediatos colaboradores, pero el estallido de la segunda guerra mundial echó por tierra aquel proyecto del primer impulso universal.

El 11 de marzo pasado se cumplió el primer centenario del nacimiento de Mons. Álvaro del Portillo. Era el tercero de ocho hermanos. Nació en Madrid el 11 de marzo de 1914, en el seno de una familia de fuerte raigambre cristiana. Se tituló en Ingenieros de Caminos y, posteriormente, se doctoró en Filosofía y en Derecho Canónico. En 1935 se incorporó al Opus Dei, fundado por san Josemaría Escrivá el 2 de octubre de 1928. Vivió con plena fidelidad su vocación en la Obra, mediante la mejora de su vida espiritual, la santificación del trabajo profesional, y su sincero deseo de acercar a Dios a sus amigos, compañeros de trabajo y personas que trataba. Muy pronto se convirtió en la ayuda más firme de san Josemaría, permaneciendo a su lado durante casi cuarenta años.

Fue ordenado sacerdote el 25 de junio de 1944 y, desde ese momento, se dedicó enteramente al ministerio pastoral, ejercido entre los miembros del Opus Dei y de los demás fieles. Don Álvaro trató mucho al arzobispo de Madrid, don Leopoldo Eijo y Garay, vigués y obispo de Tui entre 1914 y 1917. Los biógrafos relatan que, cuando don Álvaro fue a comunicarle su determinación de ordenarse sacerdote, amparándose en la confianza mutua que se tenían, el arzobispo le preguntó: "Álvaro, ¿te das cuenta de que vas a perder personalidad? Ahora eres un ingeniero prestigioso, y después vas a ser un cura más". Eijo y Garay quedó conmovido ante la respuesta que oyó: "Señor obispo, la personalidad hace muchos años que se la he regalado a Jesucristo".

En 1946 fijó su residencia en Roma, junto a san Josemaría. Su servicio infatigable a la Iglesia se manifestó en la dedicación a los encargos que le confirió la Santa Sede como consultor de varios dicasterios de la Curia Romana y, especialmente, mediante su activa participación en los trabajos del Concilio Vaticano II.

El 15 de septiembre de 1975 fue elegido primer sucesor de San Josemaría. Cuando el 28 de noviembre de 1982, el Opus Dei fue erigido en Prelatura Personal, el papa Juan Pablo II le nombró Prelado del Opus Dei, confiriéndole la ordenación episcopal el 6 de enero de 1991. Toda la labor de gobierno de don Álvaro se caracterizó por la fidelidad al Fundador y a su mensaje, en un trabajo pastoral incansable para extender los apostolados de la Prelatura, en servicio de la Iglesia. Su entrega al cumplimiento de la misión recibida, siguiendo las enseñanzas de San Josemaría, echaba raíces en su hondo sentirse hijo de Dios, fruto de la acción del Espíritu Santo, que le llevaba a buscar la identificación con Cristo en un abandono confiado a la voluntad de Dios Padre, constantemente alimentado por la oración, la Eucaristía y la tierna devoción a la Santísima Virgen.

Murió en la madrugada del 23 de marzo de 1994, pocas horas después de regresar de Tierra Santa, donde había revivido con intensa piedad los pasos terrenos de Jesús, desde Nazaret al Santo Sepulcro, celebrando su última Misa en la iglesia del Cenáculo en Jerusalén. Siguiendo los requerimientos de numerosos obispos del orbe católico, el 5 de marzo de 2004 se inició el proceso de beatificación; el 5 de julio de 2013, el papa Francisco firmó el decreto que reconocía el milagro obrado por su intercesión, y el próximo 27 de septiembre, sábado, será beatificado en Madrid.

Por la ciudad de Vigo ha pasado este gran hombre. Un mes después del mencionado viaje a Portugal, en el que acompañó a san Josemaría, don Álvaro vino a Vigo a predicar una tanda de ejercicios espirituales organizados por la Acción Católica. Ramona Sanjurjo Aranaz fue una de las ejercitantes y anotó que en una de las meditaciones les dijo: "Si has dejado por Dios las cosas ilícitas, ¿por qué no dejas también las lícitas?". Añade Ramona: "Estas palabras arrancaron mi decisión de entregar la vida a Dios". También una joven estudiante, hoy sor Teresa Margarita carmelita descalza en Sabarís (Baiona), participó en los ejercicios espirituales que dio el mismo año de 1945 para jóvenes en el Colegio de las Carmelitas de la Caridad de Vigo, quien afirma que desde el primer momento le impresionó su porte distinguido, su sencillez, su actitud amable y acogedora.

Pasaron varios años antes de que en Vigo llegaran las primeras vocaciones al Opus Dei, pero la huella y la siembra que dejó el próximo beato con su sonrisa permanente y su fe profunda han sido fecundas. Son abundantes los frutos producidos en la vida de muchas personas de distintas edades y de todas las clases sociales, tanto en Tui como en Vigo, en las villas y en muchas aldeas de la entrañable tierra gallega.

*Canónigo Archivero de la Diócesis de Tui-Vigo

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