Alfredo Landa, un extraño en la noche

ENRIQUE VICIANO*

12.05.2013 | 10:19

Llevamos un mes penoso, se nos van los amigos entrañables, hace pocos días Bigas Luna, ahora Alfredo Landa. Querido Alfredo, gran cómico, de risa fácil y gran corazón, las tablas te echarán de menos.

Reunir un elenco de grandes personas e ilustres intérpretes no es tarea fácil, pero Alfredo Landa siempre hizo las cosas fáciles a los productores. Él era el mejor vendedor de sí mismo, su gracejo y su bonhomía eran la puerta a la seducción patria. Todavía resuenan los aplausos en el Palacio de Festivales de Cannes, cuando dos humildes y grandes actores de la escena española subieron emocionados a recoger el Premio de Interpretación: Alfredo Landa y Paco Rabal por Los Santos Inocentes, dirigida por Mario Camus en 1984.

Corría 1987. El director Francesc Betriu tenía interés en llevar al cine la novela de Raúl Núñez: Sinatra, novela urbana (Anagrama, 1984). Quedamos. Éramos vecinos del barrio de Gràcia en Barcelona, junto a Vicente Aranda, Juan Marsé o Jordi Cadena, y nos pusimos manos a la obra. Betriu quería adaptar la novela y que el escritor participara como co-guionista. Por experiencia, la participación del escritor en la adaptación siempre suele traer complicaciones, divergencias en el enfoque y en la fidelidad de la narración. En este caso no fue así, la adaptación fue modélica.

Cuando Betriu me propuso hacer la película, ya contaba con el interés de la pareja protagonista, Alfredo Landa y Mercedes Sampietro, y también con el interés de Joaquín Sabina que compondría varias piezas musicales y que estaba dispuesto a probar suerte como actor parodiando a Groucho Marx.

Alfredo Landa interpreta en Sinatra, un extraño en la noche (1988) el papel de Antonio Castro, un hombre maduro que trabaja en el cabaret haciendo imitaciones de personajes célebres, al que le engaña su mujer con un negro y que desesperado se inscribe en un anuncio de contactos por correspondencia. Así, irán apareciendo una galería de personajes berlanguianos interpretados por una jovencísima Maribel Verdú, Ana Obregón, Queta Claver, Manuel Alexandre, Luis Ciges y Julita Martínez.

Alfredo Landa compuso un personaje memorable, de hombre corriente al que la soledad embarga y cuja bajada a los infiernos del lumpen barcelonés, va desgranando encuentros a cada secuencia más inverosímil y delirante. A nadie se le escapará la secuencia con la mujer enana sentada en la barra del bar a la que Sinatra corteja, de una gran ternura, a ese San Vicent Ferrer (Hermano Blanco Sol), tocado por la gracia de Dios, o a esa Maribel Verdú que como tantas jóvenes actrices y por necesidades del guión se desnuda ante la cámara y finge tener un bebe, al que mima y consuela, pero que termina por ser un muñeco.

Betriu, quería que el ambiente de la película reflejara la soledad que impregna los cuadros de Edward Hopper. Así se lo transmitió al operador Carlos Suárez, que hizo una fotografía novedosa, de claroscuros, donde Las Ramblas de Barcelona lucen como nunca. Joaquín Sabina compuso algunos temas memorables como "Quién me ha robado el mes de abril" o "Viejo blues de la soledad", y el rodaje se desarrolló sin incidentes, rodeado de grandes medidas de seguridad pues la mayoría de las escenas transcurrían en Las Ramblas y con efecto noche.

Suele suceder que, cuando un actor o actriz tiene luz propia, el universo se tiñe de estrellas fugaces. Landa, curtido en la comedia, en la comedia de sal gruesa, en el destape y en ese término que le define, landismo. Alfredo Landa se supera a sí mismo, con obras maestras como la mencionada de Camus o las estupendas obras dirigidas por José Luis Garci El Crack (1981) y El crack 2 (1983). Ejerció con sabiduría el verbo fácil, el control de la mirada, el gesto cómico y un porte de hombre de la calle, sencillo y honesto, 'salidillo' y paradigma del español medio, que tantas tardes de asueto hizo pasar a los españoles y españolas en la negrura del franquismo.

Sin duda, Alfredo Landa forma parte de ese reducido elenco de monstruos de la escena ya desaparecidos junto a Paco Rabal, Fernando Fernán Gómez y Fernando Rey. Con estos dos últimos tuve la suerte de compartir momentos exquisitos en Fouquet´s, famoso restaurante parisino en Champs-Elysée cuando presenté la película Si te dicen que caí (1989). Ambos habían sido invitados a una fiesta en la Embajada de España en París con motivo de la presentación de la cosecha fílmica de ese año. El recuerdo de estar entre dos grandes, disfrutar de su compañía, escuchar sus experiencias, y sentir con una sonrisa cómo estos grandes fabuladores habían sobrevivido a los rodajes mexicanos pistola en mano, me retrotrae a Alfredo Landa, a la materia de la que están hechos los cómicos, a su magistral interpretación permanente, a su facilidad para hacer amigos en ese universo de emociones que es el cine, nuestro cine, una parte importante de nuestra cultura que los tiempos cambiante de la era digital quieren llevarse por delante

Amigo Alfredo, seguiré tu consejo, cuando vaya de restaurantes haré honor a tu célebre frase, a esa que pronunciabas cuando el maître te veía aparecer por el dintel de la puerta: "tráiganos un cubo de vino como para fregar".

*Productor de "Sinatra, un extraño en la noche"

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