Un territorio sin tabús

La playa de O Baluarte, contigua al arenal de O Vao, acoge a cientos de nudistas que disfrutan del sol y el agua

09.07.2016 | 17:48

Woody Allen dio en el clavo cuando dijo que "las ventajas del nudismo saltan a la vista". Seguramente, si todos pensáramos como él, no habría distinción entre playas nudistas y no nudistas. Pero esta clasificación existe en la actualidad y en cierto modo bajo un punto de vista marginal. ¿Se ha preguntado cuántas playas de este tipo hay en Vigo? Reconocidas, dos, O Baluarte y A Fontaíña. En la ciudad de Madrid, donde no hay mar y viven más de tres millones de personas, ninguna, así que este verano su alcaldesa ha autorizado la celebración en sus piscinas del "Día sin bañador" o del "Bañador opcional".


Nudistas de todas las edades y personas en bañador conviven en el arenal. // Marta G. Brea

"Me gustaría que esa opción de Madrid se ofreciese en las piscinas de Vigo", comenta María José, de 42 años, que celebra el verano y un día soleado con el cuerpo totalmente desnudo en la playa de A Fontaíña, contigua a otra mucho más conocida en la ciudad, la de O Vao. En el mismo arenal, Loli, seis años mayor, explica que "si pudieran conseguir una piscina nudista para siempre, estarían encantados". La opinión entre los que comparten el gusto de tomar el sol y bañarse como vinieron al mundo es generalizada. No importa la edad ni el sexo. Brais, un joven veinteañero, añade que "es una pena que no puedan ir más días" y a Pepe, que podría ser su abuelo, le "parece bien que se vaya quitando ese estigma negativo y se vaya promoviendo" y acaba pidiendo "más playas para nosotros" en Vigo. Los hay más atrevidos, como Juan, de 56 años, que, haciendo propia la iniciativa del Ayuntamiento de Madrid, propone "un día de nudismo en Samil". "Sería estupendo", agrega.

"La sensación es muy agradable", "no me gusta tener marcas de bañador" o "no hay nada que ocultar" son algunas de las reacciones de los bañistas cuando se les pregunta por qué lo practican. José Ángel, que se encuentra al final de la treintena, está seguro de que "la gente no lo conoce" y que "si lo probaran, las cosas serían de distinta forma". María José se pregunta: "¿Qué tiene de obsceno?" . Ana María, unos metros más adelante, como si la conociera y estuviese hablando con ella, le responde: "Somos todos iguales". Y es que si por algo se caracteriza alguien aficionado al naturismo es que "es mucho más tolerante", confirma Loli.

Todos se acuerdan de su primera vez y se ríen al recordarlo. Para algunos ya han pasado muchos años, pero la memoria no les falla para esto. Bea estaba llena de marcas y Marga confiesa que lo pasó mal. Pepe, que tiene que hacer esfuerzos para rememorar ese día, dice que le daba "un poco de respeto" al ser una experiencia nueva, "pero enseguida le coges el gustillo". Los hay quienes empezaron con los "amiguetes" en un río, cuenta José. "Estábamos solos, nos quitamos los bañadores y dije 'nunca más'". ¡Qué cosas tiene la vida! Porque para Ana, el "nunca más" no existió en su vocabulario, ya que desde pequeña "iba con mis padres" y lo consideraba como "algo natural porque todo el mundo iba igual".

La mayoría de los nudistas de A Fontaíña no son unos recién llegados a este "mundillo". Tampoco Hugo, de 24 años, que viene acompañado de Brais, aunque sí es su primera vez en este arenal. En el otro extremo se encuentra Pepe. "Aquí fue donde empecé y sigo", confiesa. Muchos han pasado por otros enclaves nudistas como Barra (Cangas) o por Saiáns. Pero, en esta última, por "protestas de los vecinos" se vieron obligados a descartarla como opción, lamenta José, acompañado de su pareja Bea: "Nos decían que somos unos apestados", añade. Al fin y al cabo, "A Fontaíña es la que más cerca nos queda de casa, la más urbana", añade Juan. "Y es la única que hay", zanja Marga.

Teniendo en cuenta que es el arenal nudista en exclusiva parece lógico que haya gente de todas las edades y condiciones sociales. Incluso algún líder político gallego del momento, ligado a la Marea parece haber encontrado el lugar perfecto para desconectar y leer un libro. "¡Vienen familias, muchos niños!", argumenta Ana. Pero es Juan quien nos explica el porqué de este fenómeno social: "El nudismo viene bien para que la gente se desinhiba". En definitiva, "se gana libertad".

Un sensación que dicen perder cuando llega una multitud en bañador y biquini. "Si veo un grupo de amigos que está desnudo y uno está en 'textil', lo respeto. Sin embargo, cuando vienen todos vestidos, me molesta mucho", aclara María. Argumentan que "aquí tenemos nuestro cachito, que es enano". Brais suscribe la queja: "Hay muchas playas y esta no es ni la más bonita ni la más grande". José es más contundente: "Que se respete, como yo respeto sin ir desnudo al otro lado".

En cuanto a la convivencia con una playa familiar como la de O Vao, no hay ningún tipo de problema. Aunque sí despierta mucha curiosidad. "Muchas, cuando vienen de paseo y llegan aquí, se quitan la parte de arriba y se pasean desnudas; después, al volver, se la vuelven a poner", comenta Loli. Desde el punto de vista de Juan, más desconfiado, manifiesta que "vienen para mirar, con ansias de ver".

Por los razonamientos de los usuarios de A Fontaíña parece que practicar nudismo no es solo desnudarse física sino también mentalmente: "La desnudez es un lujo que solo se puede permitir aquel que se halla cómodamente rodeado por la multitud de sus semejantes", resumen una máxima extendida entre sus aficionados. Así vive y se siente el nudista: sin complejos, sin tapujos, sin nada que ocultar aunque tenga mucho que mostrar.

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