Unidos doblemente por la biología

 
Rafael y Juan Valcárcel. / foto de la familia valcárcel
Rafael y Juan Valcárcel. / foto de la familia valcárcel 

La biología, que se ocupa del estudio de la vida, todavía no ha sido capaz de explicar el origen de las vocaciones ni por qué los hermanos Rafael y Juan Valcárcel, nacidos en Lugo, optaron por hacer de esta ciencia el buque insignia de su vida. Ambos dedicaron su vida estudiantil y sus tesis a esta disciplina al final de la cual Chesterton situaba el inicio de la religión. No obstante, sus trabajos les llevaron por caminos diferentes: Rafael es examinador de patentes de biotecnología de la UE en Munich y Juan investiga los genes.

CARMEN VILLAR / SANTIAGO Indagar en los orígenes de la vida es una vocación familiar para Juan y Rafael Valcárcel. Rafael, siete años menor que su hermano, recuerda como "desde pequeño" le encantaba "salir al campo, observar animales y plantes y ver documentales sobre naturaleza". Más tarde, cuando su hermano mayor Juan comenzó a estudiar Biología, Rafael también "disfrutaba acompañándole en excursiones para buscar y clasificar plantas o para ver pájaros". Juan seguiría "los pasos" de su precedecesor cuando le tocó escoger carrera y, más tarde, incluso repetió optando por una especialización en Biología Molecular. Las coincidencias no acaban ahí, ya que también compartió con Juan, en períodos diferentes, una estancia en el que este último define como "una especie de paraíso para los biólogos", el Laboratorio Europeo de Biología Molecular, que se suele equiparar al CERN en esa disciplina.
No obstante, Rafael, que cuenta ahora con 39 años, sólo disfrutó "de la sensación inolvidable" y "de la emoción que supone descubrir" durante los siete años que ejerció como investigador, ya que ahora ejerce de examinador de patentes de biotecnología en la oficina de la Unión Europea, en Munich, y su trabajo consiste en evaluar los descubrimientos que hacen otros, o sus ideas, para comprobar si son susceptibles de convertirse en patentes.
Su hermano Juan, al que profesa admiración, en cambio, sigue, a sus 46 años, pegado al microscopio como jefe de grupo en el Centro de Regulación Genómica, de Cataluña, una institución en la que fue uno de los "pioneros" y que se ha convertido, algo de lo que se siente "bastante orgulloso", en un referente internacional en el campo de la biomedicina y la genómica.
Estos dos hermanos Valcárcel, por lo tanto, desarrollan su trabajo fuera de Galicia. Juan, el mayor, no pretende ni siquiera regresar por el momento. Tras hacer su post-doctorado en los Estados Unidos y pasar unos años como jefe de equipo en Heidelberg, en el Laboratorio Europeo de Biología Molecular, quería, como él mismo explica, "ver una cosa desde el principio". "Mi mujer y yo estuvimos entre los pioneros de el Centro de Regulación Genómica, invertimos tiempo y esfuerzo para verlo crecer y estamos orgullosos de atraer a gente muy buena a nivel internacional. Nos gustaría disfrutar del esfuerzo hecho", comenta.
No obstante, su hermano Rafael estaría dispuesto a regresar a Galicia si se cumpliesen ciertos "requisitos". "Para que la gente vuelva hay que garantizar una infraestructura adecuada, unas condiciones laborales comparables a las del extranjero y una continuidad. Una oferta con garantías reales que cumpla estos requisitos siempre sería considerada".
No obstante, los dos hermanos vuelven a coincidir al señalar la importancia de la ciencia como factor de competitividad en el futuro. Así, Juan Valcárcel comenta, respecto al Centro de Regulación Genómica, que "este tipo de iniciativas es muy importante y habrá cada vez más en las autonomías porque pronto la economía no estará basada en la mano de obra barata o el turismo, unos recursos que ya no son competitivos en una economía globalizada, sino que tendrá que estar basada en el conocimiento, en generar riqueza por innovación". "Para el que no quiera que su economía se quede atrás, es necesario invertir en eso", concluye.
Rafael lo suscribe: "Efectivamente, la competitividad de una nación depende de la capacidad de su industria para innovar y mejorar y que las empresas consigan ventajas competitivas. La actividad innovadora es uno de los principales factores que determinan la existencia de estas ventajas. Es necesario tener una excelente infraestructura científica que proporcione una sólida base para el desarrollo de nuevas tecnologías".
No obstante, también ambos concuerdan en que para ello es preciso el desembolso de dinero y, particularmente, mayores inversiones en I+D. "La inversión se debe multiplicar por dos o tres como mínimo para estar en la liga de los campeones", señala Juan, aunque advierte que no se trata sólo de "poner dinero", sino de tener a gente que lo use de un "modo útil, riguroso y de calidad, que produzca resultados publicables en las mejores revistas internacionales, patentes que den beneficios".
Para eso recomienda "invertir en las personas y tener una mentalidad abierta" y en ese sentido señala que "no porque alguien sea gallego debe trabajar en Galicia. Al contrario: hay que buscar a los mejores del mundo en torno a un tema. No hay que pensar cuánto talento estamos desperdiciando. No está mal que los talentos que tienes estén en otro sitio si tú puedes atraer talento de cualquier otro país".
Su hermano Rafael también cree "esencial" que se "aumenten las dotaciones a los proyectos de investigación". "Creo que se hace muy buena investigación en España, pero que el elevado potencial científico no se aprovecha suficientemente por falta de recursos". El objetivo debe ser, a su juicio, "al menos equipararse con otros países Europeos". "Un país con ciencia y tecnología pobres difícilmente puede ser un país rico. Es necesario garantizar una continuidad a los investigadores", concluye.
Para Juan Valcárcel, además, la inversión en ciencia por parte de las comunidades autónomas es una inversión ganadora: "El puede aportar un Gobierno autonómico a un instituto que sea competitivo lo va a reembolsar con creces por la capacidad de esos investigadores para atraer recursos. Y ese es sólo el efecto inicial, porque estas iniciativas lo que buscan es un valor añadido mucho mayor a medio o a largo plazo en forma de patentes, formación de personas, etc, cuyo valor multiplicará por muchas veces la inversión". Juan pone como ejemplo el ICREA (Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados), que permite hacer contratos competitivos a nivel internacional y que fue la que le permitió volver de Alemania e impulsó la creación del centro en que ahora desarrolla su trabajo.
Juan es el hermano mayor y Rafael, el pequeño. Entre ellos, están, de Rafael a Juan: Carmen, que vive en Nigrán y es profesora de música en enseñanza primaria; Jaime, que es arquitecto técnico y que participa en una empresa constructora, y Víctor, doctor en Físicas que trabaja en el Instituto de Cerámica de Santiago, que depende del Centro Superior de Investigaciones Científicas, y que también es empresario e inventor.

Juan Valcárcel y su equipo intentan entender "cómo leer el libro del genoma"

Juan Valcárcel es el responsable del grupo que investiga la Regulación del Procesamiento Alternativo de Precursores del ARN en el Centro de Regulación Genómica de Barcelona. "El genoma es como el libro de instrucciones para hacer que crezca y funcione el organismos", explica este científico. "El drama reside en que tenemos la secuencia del genoma completo, pero no entendemos bien cómo hay que leerlo y ahí es donde entra esta molécula, el ARN, que es una especie de intermediario entre el genoma y las moléculas que producen las funciones que hacen falta para que la célula viva. Lo que nosotros intentamos entender es cómo leer el libro del genoma", añade.
No obstante, como él asegura, "aunque se fuese capaz de leer lo que dicen los genes, la cosa es más complicada de lo que pensábamos porque ahora se sabe que no se pueden entender los organismos como un conjunto de partes donde cada una hace un poquito, sino que tienen propiedades nuevas cuando las pones en conjunto".
Las investigaciones de Valcárcel en el Centro de Regulación Genómica, al igual que las de genética en general, tienen ya implicación en las enfermedades, puesto que gracias a ellas han evolucionado los métodos de diagnóstico: "Ahora podemos explicar cómo determinadas mutaciones las producen", asegura.
El asunto se vuelve más complejo en los tratamientos. "Este tipo de investigaciones tienen dos vertientes. Una es que si conoces el contenido genético de una persona, puedes saber si va a responder mejor a un tratamiento u a otro", argumenta. Aquí aparece la medicina personalizada, algo que "parecía ciencia ficción y que ya se está aplicando y es muy importante" porque los tratamientos se adaptan al perfil genético del paciente.
En lo que se refiere a la segunda vertiente, añade, la de conseguir tratamientos, "está, no a años luz, pero sí a muchos años de lograrse". No obstante, él mismo reconoce que "el avance es tan rápido, las tecnologías son tan potentes, que lo que será limitante será el tiempo que se necesita para hacer los ensayos clínicos para averiguar que los compuestos no tienen otros efectos".

RAFAEL VALCÁRCEL , EXAMINADOR DE PATENTES DE LA UE EN EL ÁREA DE BIOTECNOLOGÍA : "Podemos ser esclavos de nuestro mapa genético si no hay normas que lo eviten".

- ¿Qué opina acerca de las posibilidades de la genética? ¿Nos hará más libres o más esclavos?
- Cualquier nueva tecnología conlleva nuevos riesgos, siendo el mayor peligro el uso inadecuado de la misma. El tener cada vez más información de nuestro mapa genético ofrece un enorme potencial en medicina. En mi opinión, se ha de evitar que esa información se pueda usar para discriminar aquellas personas con un bagaje genético más débil. Podemos ser más esclavos de nuestro mapa genético si la sociedad no pone normas que lo eviten, pero la ignorancia no es precisamente sinónimo de libertad.
- ¿Tienen algún tipo de condicionante ético a la hora de aceptar una patente?
- Sí. La Convención Europea de Patentes (EPC) no considera patentables invenciones cuya explotación comercial fuese en contra de la moralidad o del orden público. Para invenciones en biotecnología existe una regla que da cuatro ejemplos concretos de exclusiones, por ejemplo procesos para clonar seres humanos o usos comerciales de embriones humanos.
- ¿Todo debería estar permitido en ciencia o habría que reguarlo?
- Mi opinión es que también la ciencia debe atenerse a unos principios éticos, pero considero que las cotas morales que se impongan tienen que estar muy cuiadadosamente pensadas para no detener el progreso científico innecesariamente.

JUAN VALCÁRCEl , JEFE DE GRUPO EN EL CENTRO DE REGULACIÓN GENÓMICA DE CATALUÑA : "El control ético de la genética no se debe dejar al arbitrio de compañías privadas"

- En el futuro, dice, se podrá conocer el genoma de cada individuo, pero eso puede traer la discriminación. ¿Deben regirse los científicos por un código deontológico?
-Es fundamental y necesario un control muy exhaustivo sobre todo eso por ley. Y es tan importante que no se puede dejar al arbitrio de compañías privadas.
- ¿Nos ve con un chip en el carnet con esos detalles?
- Podría ser muy útil si tienes un accidente para que sepan lo que pueden hacer, pero la información puede ser usada de forma malvada. Por eso deben existir leyes y gente que entienda tanto de leyes como de ciencia para establecerlas.
- ¿Qué opina de las células madre?
- Su capacidad para regenerar órganos o tejidos está fuera de toda duda. La clonación terapéutica es lo ideal en la terapia génica y lo que no es ético es dejar de explorar esta posibilidad para lograr tratamientos.
- ¿Y la otra clonación?
- No conozco ni a un sólo científico que esté a favor de la clonación reproductiva. Es una miopía porque lo que se precisa es diversidad. No necesitamos clones de nadie. Aunque creo que va a acabar ocurriendo, que habrá algún loco que haga esto, y tampoco sería nada del otro mundo, porque los gemelos son clones, pero me parece que hay cosas mejores a las que dedicarse. Creo que es censurable ética y hasta estéticamente.

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