Los gallegos que evitaron una tragedia mayor

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Llegada al puerto de Almeria de los tripulantes de una patera con 30 inmigrantes subsaharianos
Llegada al puerto de Almeria de los tripulantes de una patera con 30 inmigrantes subsaharianos  EFE/ Carlos Barba
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Los dos veleros del equipo Telefónica, dirigidos por el gallego Pedro Campos, dieron la voz de alarma

JULIO PÉREZ / VIGO Nunca antes los dos veleros del equipo Telefónica que participan en la Volvo Ocean Race habían salido juntos a navegar. Las embarcaciones Azul y Negro, dirigidas por el gallego Pedro Campos, iniciaban el pasado martes una travesía de 2.000 millas sin escalas -desde Alicante al Estrecho de Gibraltar y de ahí hacia la isla de Madeira-, una prueba obligatoria en la competición para las primeras calificaciones que, de paso, sirve de entrenamiento a la tripulación, compuesta, entre otros, por cuatro gallegos. Iba a ser, pues, una aventura especial, única. Y lo está siendo, aunque por motivos inesperados y tristes. Fueron ellos los primeros en avistar la patera que naufragó en la tarde del miércoles cerca de Almería con 34 inmigrantes a bordo y otros 15, nueve niños, que fallecieron por el camino y acabaron en el mar. "Lo vemos todo el día en la televisión, pero hasta que llega en directo no te das cuenta de la tragedia", explica, emocionado, Pedro Campos. Una tragedia que hubiera sido mucho mayor si la expedición del Telefónica no hubiera estado allí en ese momento.

Al principio, cuando los veleros descubrieron a lo lejos la presencia de la balsa, creyeron que se trataba de una embarcación más de las muchas que hay por la zona. A 30 millas de la costa de Almería, a unas 100 del Estrecho. Ocho y cuarto de la tarde, hora peninsular. La ven. "No le dan importancia", cuenta Campos. Hasta que al acercarse descubren que se trata de una pequeña lancha zodiac de poco más de seis metros de eslora, "llena de gente y con algunos niños levantados en alto, como queriendo llamar la atención". "Entonces -continúa el director del equipo Telefónica- dieron la vuelta inmediatamente".

Durante la maniobra, la tripulación de los veleros llamó por el canal de emergencias a la Guardia Civil del Mar para avisar de lo que estaba pasando. Lo primero que preguntan las autoridades es si hay riesgo de hundimiento. No lo había, con el mar el calma y sin apenas viento, por lo que se decide no proceder al abordaje y esperar a la llegada de una patrullera del servicio marítimo. Los veleros se quedan a una distancia prudente, custodiando a los inmigrantes. "Se tranquilizaron. Les hicieron entender que las autoridades estaban ya avisadas", narra Campos.

El panorama era desolador. Las caras, retorcidos de dolor, algunos semiinsconscientes... "Me contaron que había gente con muy mal aspecto. En algunos casos era difícil diferenciar si estaban dormidos, sin conocimiento o muertos". Una situación que emocionó a los gallegos a bordo del Azul y el Negro y el resto de regatistas del equipo. "Ha sido un impacto tremendo", resume Campos. El entrenamiento quedó suspendido.

"A las diez y diez de la noche llegó la patrulla y el resto es lo que se ha ido conociendo en estas últimas horas", continúa el director del Telefónica. Que la patera llevaba cinco días en alta mar, que muchos de los subsaharianos eran menores, que durante la travesía se estropeó el motor... Que los que se mantenían todavía en la balsa no tuvieron otro remedio que tirar por la borda los catorce compañeros que murieron en el trayecto, nueve de ellos pequeños. Y una fallecida más, una mujer que murió de camino al hospital tras llegar al puerto de Almería. "Ellos no llegaron a ver a los muertos -explica Pedro-, pero había muchos que estaban muy mal".

"Lo que es fundamental es hacerle llegar a la gente -ya no a los que se dedican a organizar estos viajes, que son unos delincuentes-, a los inmigrantes, que esto es terriblemente peligroso", reclama Campos. Él, acostumbrado a navegar, que tiene en el agua su segunda casa, habla de los riesgos que en la zona del Estrecho tiene el mar de Alborán, el viento de Levante, el efecto de la contracorriente. "¿Cuántos no se habrán quedado por ahí y no lo sabemos?", se pregunta. "Estamos conmocionados. ¡Qué suerte haberlos encontrado!", dice. Seguramente porque les han salvado la vida a más de uno. "Ves los medios en los que llegan... Les envían a una muerte casi cierta", critica. "Y esto hay que denunciarlo, con letras mayúsculas. Es que era un barquito de nada..."

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