01 de mayo de 2017
01.05.2017
baloncesto en silla de ruedas - challenge cup

El capitán sin miedo

Costas espantó los fantasmas del Amfiv con la agresividad defensiva que inyectó al equipo en el segundo cuarto

01.05.2017 | 04:26
Costas dedica el título a Pablo Beiro tras recoger el trofeo de manos del alcalde. // Marta G. Brea

Los discursos de las autoridades políticas presentes, Isaura Abelairas por la Diputación, López Chaves por la Xunta y Abel Caballero por el Concello, se enlazan y prolongan mientras la plantilla del Amfiv aguarda el instante por el que ha trabajado tanto y que algunos llevan muchos años esperando. Al fin el alcalde toma el trofeo, el castillo y el olivo porque la Federación Internacional de Baloncesto en Silla de Ruedas permite a cada anfitrión que diseñe el de la edición que acoge. El capitán, Bernabé Costas, toma el trofeo y eleva el dedo hacia el techo del pabellón, dedicándoselo a Pablo Beiro. Después se dirige a sus compañeros, que lo aclaman. El Amfiv es campeón continental. "La victoria era lo que más deseábamos en el mundo. Se la queríamos dedicar a Pablo por todo el trabajo que ha realizado el club por la ciudad", confirma el gondomareño.

A Costas le cabe además el orgullo de haber liderado la reacción del equipo. Lo hace durante los 4:52 minutos que disputa durante el segundo cuarto y que en la tabla estadística tienen apariencia insípida: una canasta y una asistencia. La radiografía resulta más reveladora en el diferencial de puntos: con él en pista, el Amfiv anota siete puntos más que el Wiesbande. Él prolonga y acentúa la remontada que se había iniciado justo antes y que conduce a la escuadra viguesa de un 9-20 acuciante al 30-30.

"Cada partido es diferente. El partido ha empezado muy intenso. Nosotros salimos con bastante nerviosismo. No deja de ser una final. Supimos ajustar bien", analiza el exterior de Vincios. "El entrenador hace el cambio conmigo, me manda ser un poco más intenso que el resto y aprieto más arriba. Sacamos un par de posesiones adelante, pudimos empatar al descanso y en la segunda parte el equipo se ha asentado".

Costas es un punto bajo, con buena zurda en el tiro de media distancia. Pero es sobre todo un velocista sobre la cancha, con gran manejo de la silla, inteligente en la presión y el "man out"; también para dibujarle pasillos interiores a sus compañeros. Cuando cierra el puño y grita, tras provocar que el Wiesbaden no sea capaz de cruzar la mitad de cancha en menos de ocho segundos, todo el pabellón lo hace.

Neutralizar a McPhail, el base rival, fue una de sus funciones: "Teníamos claro que los dos que movían el equipo eran McLachtan y McPhail. Pero McPhail no era muy buen tirador. Jugábamos con la ventaja de saber que solo cortaba zona. Ajustando eso y siendo más agresivos con McLachtan hemos sacado el partido adelante. El tono del partido empezó a coger el tono blanco, el color de Vigo", indica sobre ese instante que en perspectiva fue el gozne sobre el que giró el relato.

"Aunque hubiésemos perdido, habría estado orgullosísimo del trabajo que estamos haciendo esta temporada", advierte Costas, aunque reconoce que el título "es la guinda del pastel. La liga española es muy competitiva. Y jugar un campeonato europeo, tan concentrado, resulta muy exigente. Lo hemos hecho de lujo. Llegamos antes a los partidos, hicimos scouting de los rivales, hemos trabajado mucho. Hemos hecho historia". Pero como otros componentes del equipo, aunque la fieste recién empieza, matiza que la campaña no ha concluido para ellos: "Queremos seguir en esta tónica. Nos queda la 'final a cuatro de la liga".

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