Ciclismo - Giro de Italia

El Tiburón recobra su dentellada

Nibali refuta a los escépticos al ganar su segunda ronda italiana - Su país vio en él a un héroe sencillo en tiempos de crisis - Es un ciclista distinto a Pantani, que fue su ídolo

30.05.2016 | 03:59
Nibali celebra su victoria en el Giro con sus compañeros del equipo Astana en el podio de Turín. // Luca Zennaro

Vincenzo Nibali, "el Tiburón del Estrecho de Messina", refutó en dos días la opinión de los escépticos, que empezaban a cavar su tumba en vísperas de las dos últimas etapas alpinas, y después de haber ganado las tres "grandes inició un nuevo ciclo con su segundo Giro de Italia.

Nacido en Messina hace 31 años, entró en la historia del ciclismo el 27 de julio del 2014. Al cruzar la meta en los Campos Elíseos de París como vencedor del Tour, inscribía su nombre junto a los de Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Felice Gimondi, Bernard Hinault y Alberto Contador en la lista de ganadores de las tres grandes.

Fue un título ganado a pulso por un deportista que enamoró a los italianos en tiempos de crisis y escándalos políticos y sociales. Sus compatriotas vieron en él a un chico ejemplar, una persona sencilla que no encaja con la imagen típica de las megaestrellas del deporte.

El Mundial de fútbol había llevado la decepción a Italia, la escudería Ferrari no funcionaba y Valentino Rossi ya no brillaba tanto sobre la moto. Era el momento del ciclismo, de Nibali.

En su tierra, Sicilia, a la que no renuncia y siempre tiene presente, sus paisanos le adoran. En Mesina es un ídolo. Algunos restaurantes han añadido el nombre Nibali al 'arancino', un guiso de arroz frito con carne de tono rojizo. En 2014 la servían de color amarillo en honor del ganador de aquel Tour.

Los títulos en la Vuelta (2010), Giro (2013) y Tour (2014) no fueron el resultado de una línea ascendente en su carrera. A punto de cumplir los 30 años había encontrado, según su director, Martinelli, el equilibrio físico y mental para que los éxitos se prolongaran durante muchos años.

Su temporada 2015 se vio afectada por una lesión en el tendón de aquiles. No brilló en las clásicas de primavera ni en las pequeñas vueltas por etapas que precedían al Tour. Una semana antes de la ronda francesa se proclamó por segunda vez campeón de Italia, pero todo se torció desde el principio.

Ya en la segunda etapa perdió tiempo en un abanico y siguió perdiendo en la subida de Pierre-Saint-Martin. Su única alegría fue una victoria en solitario en la etapa de La Toussuire. Acabó el Tour cuarto, por detrás de Chris Froome, Nairo Quintana y Alejandro Valverde.

Luego se fue a la Vuelta, donde no mejoró su suerte. En la segunda etapa se vio involucrado en una caída a 30 km del final y se agarró al coche de su director para recortar la distancia con el pelotón. Los comisarios lo expulsaron de la carrera, aunque la temporada terminó bien para el Tiburón, que ganó la clásica Il Lombardía, uno de los "monumentos" del ciclismo.

Nibali no es Pantani, que fue su ídolo. El "Pirata" vivió una época difícil en lo personal y en lo deportivo y se hundió tras ganar el Tour de 1998. El "Tiburón" es diferente. No se le conoce escándalo alguno ni sospecha fundada relacionada con el dopaje y no rehuye las preguntas al respecto. Su ambición es lo que le caracteriza, de ahí que sea un escualo en carrera.

Emigrante

La historia de Nibali es la de aquellos italianos emigrantes que se fueron del país para buscar por el mundo una vida mejor. A los 17 años dejó Sicilia para ser ciclista y se ubicó con una familia en Mastromarco (Toscana). Una revolución en su vida que le enseñó a asumir responsabilidades. "Aprendí a cocinar", recuerda.

La bicicleta siempre fue su pasión, aunque su primera vocación fue el atletismo. La primera bici la tuvo con 8 años. Se la fabricó su padre con retales, pero hasta los 14 no compitió, y quedó segundo por un despiste. No vio la línea de meta tras una curva. Con 10 años se subía al Etna sujeto con una cuerda al coche de su padre, un cicloturista obligado. Una referencia que indirectamente se la debe a su madre, Giovanna, regaló a su marido, Salvatore, una bicicleta "porque estaba muy gordo y debía hace ejercicio".

Era tan inquieto y habilidoso sobre la bici que un amigo de su padre le apodó "la pulga de los Pirineos". Luego pasó de ser un "insecto" a un "tiburón", por su hambre voraz en competición.

Reside en Lugano (Suiza), cerca de Contador. Aunque el ciclismo es parte fundamental en su vida, su hija, Emma Vittoria, de 2 años, y su mujer Rachele son su referencias nada más pasar por la línea de meta.

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